Los vecinos de la calle 832 piden por asfalto, luz y limpieza
Son 18 familias que tienen sus casas sobre una extensión de 100 metros en el final de calle Lebensohn. Los cañaverales están muy altos y temen por las víboras que aparecen con asiduidad  

Jueves 04 de Abril de 2013

Los vecinos de calle 832 están preocupados porque los cañaverales están “por las nubes” lo que representa que, cada vez más seguido, se encuentran con víboras cerca de sus hogares.
 

En estos días miran al cielo y esperan que no se vengan las tormentas que amenazan en forma constante. Es que cuando llueve, la arteria se convierte en una cascada que arrastra todo lo que se ponga a su paso.
Para completar el cuadro, funciona un solo foco de las lámparas y cuando las mujeres llaman y reclaman a Alumbrado Público les dicen que se quedaron sin repuestos.
 

Como la calle tiene agua acumulada, y barro en un 50% de su extensión, los remises esperan en la esquina, al igual que las ambulancias y los patrulleros.
La mayoría sale caminando y si quieren tomar el colectivo deben llegar hasta Juan Báez, que está a unos 300 metros. Si es temprano, tienen que hacerlo por Lebensohn porque en la otra salida, que está orientada hacia avenida De las Américas, como están los pastos muy altos los niños y las niñas, se mojan las zapatillas y la ropa con el rocío.

En total son unas 18 familias de las que calculan que viven entre unas seis o siete personas por casa. Unos 100 paranaenses se levantan todos los días pensando si tienen un roedor o una víbora en su casa mientras esperan que pase la lluvia para evitar quedar anegados.
 

Los chicos
Los padres están preocupados por la seguridad de sus hijos que, cuando cae el sol, quedan expuestos a la oscuridad que reina en la zona.
Los que están escolarizados van a la escuela Primaria Nº 18 Evaristo Carriego y los de la Secundaria, a la Paracao que está a metros de sus hogares sobre Lebensohn.
“Estamos como en el medio de la nada”, reflexionó Mara, que después de hablar con UNO se subió a un remís que la esperaba, como siempre, en la esquina.


Ahora están mirando que la zanja que construyeron los trabajadores municipales, la última vez que se inundaron, se está llenado de residuos y de ramas. Nadie sabe si cumplirá con su objetivo cuando se venga la tormenta.
El pensamiento de Mara es el mismo de todos sus vecinos, porque cuando buscan representantes que hagan conocer sus necesidades se encuentran con que están entre tres comisiones vecinales pero no pertenecen a ninguna.
Están justo en el límite de Los Berros, Paracao y Espejo. Los vecinalistas los escuchan, pero nada cambia.

La esperanza estaba en el nuevo cementerio municipal
Los vecinos de Moisés Lebensohn al final estaban esperanzados en que cuando se inaugurara el nuevo cementerio municipal llegaran por decantación los servicios.
Todos creían que se iban a iluminar las calles, que se cortarían los cañaverales y la maleza, se limpiaría la basura y se asfaltarían algunas arterias.
Otra de la ilusiones pasaba por la llegada del colectivo urbano de pasajeros que los tiene definitivamente abandonados.


Hasta ayer nada de esto ocurrió y por lo que cuentan los habitantes de la zona (Ver nota relacionada) todo empeoró aún más.
 

Es que algunos soñaban también con cierta reactivación económica y de poder generar algunos ingresos extras aprovechando que, paradójicamente, la zona iba tener mayor circulación de gente.
UNO llegó ayer hasta la puerta del nuevo edificio del cementerio municipal que está sobre calle Don Uva, lindante al predio de la Asociación de Padres de Autistas (Apadea).
Al parecer hace un año que la construcción está lista, pero nadie sabe muy bien porqué no se inaugura.

Este diario intentó comunicarse con el titular del área de Desarrollo Social de la comuna, Fernando Báez, pero el funcionario nunca atendió su teléfono celular.

Proyecto
La gestión del exintendente de Paraná, José Carlos Halle, tuvo la intensión de inaugurar el nuevo cementerio a finales de 2011, pero no lo pudieron concretar. Por aquel entonces los funcionarios describían que la nueva necrópolis iba a contar con “un edificio administrativo, un oratorio, baños públicos, iluminación, senderos vehiculares y peatonales, bancos, pérgolas, fuentes y hasta esculturas diseñadas por artistas locales”.