Jueves 19 de Octubre de 2017

Le tiraron aceite hirviendo pero siguió amamantando

La historia de Lina, una supermamá

Sobrevivía -como muchos animales en su misma situación- en las calles de un barrio humilde de Merlo. Pero tenía hambre porque había parido a dos cachorros y necesitaba alimentarse para poder amamantarlos. Con la inocencia que caracteriza a los perros se acercó con la cabeza gacha a una casita a pedir comida pero la dueña del lugar se lo impidió y, para alejarla, le tiró aceite hirviendo. "Así la encontramos, con heridas y quemaduras en su lomo, en su cabeza y parte de uno de sus ojos. La imagen era desgarradora porque ella, con todo el dolor que uno puede imaginar, seguía amamantando a sus cachorros", recuerda Carolina, una de las voluntarias de Proyecto 4 Patas, una organización sin fines de lucro abocada a difundir, proteger y promover los derechos de los animales.

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Gracias a su instinto protector y a pesar de estar en la calle y sin comida los cachorros de Lina estaban en buenas condiciones generales aunque un poco parasitados. "De todos modos los apartamos de ella en cuanto empezaron a alimentarse solos porque con la piel en carne viva y los cachorros caminando por encima de ella, Lina probablemente sintiera mucho dolor y era un sufrimiento evitable en el que nosotros podíamos colaborar", aclara Carolina.

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Su carácter dócil le permitió a Lina recuperarse lentamente pero con importantes progresos. Su ojo afectado por el aceite había sufrido un derrame y quienes la rescataron temieron que perdiera la visión. Pero los controles indicaron que había evolucionado en forma favorable y que, después de varios días de tratamiento, estaba fuera de peligro. "Siempre fue buenísima aunque nos miraba con desconfianza al principio; aún así se dejaba limpiar y curar esas heridas terriblemente dolorosas sin resistirse ni una sola vez. Y tardó muy poco en empezar a mover la cola cada vez que nos veía. Era terriblemente doloroso verla con sus cicatrices pero ella se comportó en todo momento con una entereza admirable que nos emocionaba. Dulce, buenaza, agradecida, una perra increíble", dice con una sonrisa Carolina.

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Su lugar en el mundo
Finalmente llegó el día en que Lina estuvo lista para ser adoptada. Sus cachorros habían crecido, se habían puesto fuertes y ya vivían con familias que los cuidaban como ellos merecían. Ahora era el turno de ella. Los responsables de las adopciones en Proyecto 4 Patas no dudaron en darle a la familia de Alfio, otro perrito rescatado, una oportunidad para que Lina conociera el calor de un hogar. "Los primeros días fueron difíciles para Lina: temblaba, no levantaba la cabeza y se quedaba quieta en el mismo lugar. Incluso en un momento se hizo pis del miedo pero nosotros sabíamos que era cuestión de tiempo. Cada vez que la visitábamos en el refugio mientras se recuperaba, nos ponía muy contentos ver lo buena y juguetona que era. Así que sabíamos que con los días se iba a ir aflojando", dice Daniela, su adoptante.



Para que Lina lograra adaptarse y perdiera el miedo, Daniela la llevaba a recorrer la casa con la correa, le presentó a los gatos y la incorporó a las rutinas con Alfio. "De a poco empezó a soltarse, a separarse cuando paseamos e ir confiada. Corre a las palomas, a Alfio y a todos los perros que se acercan al grupo, porque tienen un grupo de amigos perros con los que juegan y comparten ratos cuando vamos al parque. Juega con la pelota, la trae y la mastica, cuando puede le saca el juguete a alguno, lo acapara y no quiere devolverlo. Es una perrita obediente y muy muy buena. Ahora vino a moverme la cola, está calentita porque viene de tomar sol en la terraza. Trato de sacarle una foto para inmortalizar este momento pero es imposible, ella se emociona y se tira al piso, se me tira encima y se tapa la cara con la pata, y no para nunca de mover la cola. La pata en la cara y la cola que nunca deja quieta son dos detalles muy característicos de ella, es un perro muy feliz: no recuerdo otro perro que moviera la cola permanentemente, sin parar, por todo y por nada", dice emocionada Daniela.

Pero eso no es todo. Lina también sabe sentarse para esperar la comida y para salir. Se lleva bien con todos y le encantan los chicos. Da besos y si le piden que le de un beso a Alfio lo persigue a lenguetazos. Cuando pasean no lo pierde de vista ni se separa de él, juegan y corren juntos como si lo hubieran hecho siempre. Lina por fin encontró su lugar en el mundo.



Fuente: La Nación

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