La violencia y las drogas golpean fuerte en las aulas
Adicciones, la escuela ante la encrucijada. Para canalizar la preocupación y actuar, la comunidad educativa puede y debe desarrollar experiencias preventivas frente al incremento del consumo de sustancias psicoactivas, el narcotráfico y la narcocriminalidad

Lunes 28 de Septiembre de 2015

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


Erosión del vínculo pedagógico, alteración de la salud mental de todos los involucrados en el proceso educativo, trastornos en la vida cotidiana institucional de las escuelas y la ruptura de los lazos de unión entre la escuela y la comunidad, son algunas de las vastas consecuencias que impactan en los establecimientos escolares, como consecuencia de las adicciones, el narcotráfico, la narco-criminalidad y la violencia social.

Son problemáticas que atraviesan e impactan en todos los estamentos de la sociedad, y las escuelas, históricamente destinadas al proceso de enseñanza escolar y de aprehensión de valores sociales, se encuentran frente a situaciones complejas, que escapan a su poder de resolución. Sin embargo, su intervención es clave para que la comunidad educativa en pleno, active su protagonismo en materia de prevención primaria, apuntando al origen de los problemas, y no reduciendo acciones a sus efectos, o la intervención sobre los daños que ocasiona el consumo, como suelen ser la mayoría de las políticas de Estado.

Con esa intención, se inició el viernes un seminario en la escuela Bernardino Rivadavia, denominado “La escuela en la encrucijada” abordando el problema de las adicciones, planificado en cuatro módulos. 

La circulación y distribución de sustancias psicoactivas se ha expandido, la violencia urbana se multiplicó, y la injerencia de las drogas excede a su comercialización y consumo, y se liga a la trata de personas, al juego ilegal, la comercialización de armas, e inversiones “legales” en el mercado, diagnosticó el expositor Horacio Tabares, psicólogo y representante de la ONG Vínculos, que trabaja hace más de dos décadas en los barrios rosarinos.

Frente a esa nueva y compleja realidad que se cristaliza en las aulas, al déficit de acciones en otros estamentos, la comunidad educativa requiere nuevas herramientas. Y este seminario de formación transita por ese camino: ayudar a padres, docentes e incluso hasta trabajadores de salud, para promover acciones de prevención.

Previo a la jornada, Tabares comentó a UNO: “El enfoque con el cual abordamos las complejas situaciones vinculadas con los consumos de sustancias –legales e ilegales– y las violencias en la escuela, se ha ido construyendo en prácticas de intervención y preventivas en estas instituciones. Hemos partido de un marco teórico que conjuga los aportes de la psicología social, el psicoanálisis, la dialéctica materialista y las neurociencias”, y a partir de allí el equipo de la ONG Vínculos desarrolló importantes experiencias, tanto preventivas, como talleres de formación para docentes y padres, como grupos de reflexión sobre problemáticas de consumos de sustancias (legales e ilegales) y de violencias.

Así, enumeró la formación de “adolescentes preventores” y de “madres preventoras”, que se fundamentan en activar el protagonismo de la comunidad para que pueda contribuir a la resolución de estos comportamientos sociales de riesgo. 

“Esta capacitación, que se ha llevado en escuelas de zonas conflictivas del conurbano rosarino, y en establecimientos de localidades adyacentes, demuestran que cuando a los adolescentes, jóvenes y gente de la comunidad se lo ofrecen propuestas serias de capacitación, que les brinde la posibilidad de incidir en la comunidad, la respuesta es altamente positiva”, apostó.

—Teniendo en cuenta las dificultades de la escuela para cumplir con sus objetivos de enseñanza y las distintas problemáticas sociales, ¿de qué modo la escuela puede trabajar en materia de adicciones?
—Las propuestas para las instituciones escolares tienen que tener el eje en el desarrollo y promoción de una cultura solidaria, de plena vigencia de los derechos humanos, de tolerancia a las diferencias y de respeto hacia el otro. En primer lugar capacitación a docentes, padres y adultos sobre estas temáticas. También estrategias preventivas masivas, asentadas en el protagonismo o empoderamiento de la población objeto de la praxis preventiva. Es decir alumnos, padres y comunidad. 

Otra herramienta es la formación de adolescentes preventores y madres preventoras. Y dado que la cooperación y la solidaridad se internaliza en practicas sociales, hay que incentivar toda actividad que incluya esos valores, como la labor en cooperativas estudiantiles, coros, teatro, prácticas deportivas grupales, formación de centros de estudiantes, intercambios con organizaciones de la vida civil barrial que transmita experiencias de respeto mutuo, solidaridad y cooperación.

—¿Cómo impacta la problemática de las adicciones en el proceso educativo?
—El aula concentra y cristaliza los conflictos barriales. Allí se siente la resaca de los lunes, por el alcohol desmedido de los fines de semana, que consumido precozmente es un poderoso veneno que va anulando paulatinamente las capacidades de ‘pibitos’ encandilados por la botella. Allí, en esa aula, resuenan y se reproducen las escenas de violencias que recorren los barrios y que enfrentan estérilmente a pibes que tendrían que estar jugando un fulbito, o creciendo en el club o centro cultural del barrio. Hemos constatado que estas situaciones generan la erosión del vínculo pedagógico, principal instrumento de aprendizajes escolarizados; la alteración de la salud mental de todos los actores sociales implicados en el hecho educativo; trastornos en la vida cotidiana institucional de las escuelas; y ruptura del lazo necesario de la escuela con la comunidad.

Explosión

A criterio de Tabares, el consumo de drogas ha explotado, y tiene distintas causas, según el nivel socioeconómico. En las clases medias, la iniciación arranca en la pubertad y se basa más en el desborde, con una distorsión de la diversión En cambio, en las clases más bajas donde el desamparo es mayor, comienza a más temprana edad, desde los 8 o 9 años como un emergente del dolor y la tristeza por sus condiciones sociales.

—A partir de la expansión de las redes del narcotráfico también se hizo más fácil el acceso a las drogas.
—La circulación y distribución de sustancias psicoactivas (particularmente las ilegales) se han expandido por todo el tejido urbano, generando situaciones altamente conflictivas. Por supuesto, al volcarse más productos psicotóxicos a la sociedad, el consumo va creciendo en forma exponencial, afectando en primer lugar a la salud de los consumidores, pero también a su grupo familiar y al contexto comunitario. Hay que tener presente que este letal comercio es sostenido por agencias narco-criminales, que por otro lado reportan a corporaciones multinacionales del crimen.

—Las grandes ciudades parecen haber sido tomadas por la lucha por la droga, a través de bandas, fundamentalmente conformada por menores. Y alrededor de ellas se ha formado una cultura y apología sobre el negocio de la droga.
—Las violencias urbanas se han multiplicado a raíz de los enfrentamientos despiadados de estas agencias narco-criminales (y su ejército de sicarios y soldaditos) para hegemonizar el control territorial de la droga. La asociación perversa con sectores de las fuerzas de seguridad, con nexos con gente del poder judicial y de la política han facilitado la expansión de las actividades de estos grupos narcocriminales. Que no solo tienen injerencia en el tema drogas, sino que además en la trata de personas, en el juego ilegal, en la comercialización de armas, y vía empresarios inescrupulosos, en muchas actividades ‘legales’ del mercado. Enfrentamos a una trama siniestra con metástasis en los poderes del Estado, con asentamientos en barrios del cono-urbano de las grandes ciudades (bunkers, cocinas, kioscos, etc.), pero cuyo centro gerencial hay que buscarlo en los respetables edificios de la “city”, donde se gestan sofisticadas operaciones financieras, que contribuyen a “lavar” la incalculable  riqueza que producen estos turbios negocios.

“Por unos pocos pesos se juegan la vida”

“En aquellos contextos sociales más turbulentos, es donde las instituciones escolares deben desarrollar su praxis educativa. Dado que son parte y expresión de la sociedad de donde emergen, por fuerza están atravesadas por estas problemáticas. Son quizás las escuelas del cono-urbano las que más sufren estas letales consecuencias. Porque los barones de la droga reclutan a los adolescentes y jóvenes de las zonas de mayor desamparo simbólico y material, donde más se palpa los efectos de la miseria. Allí, donde la necesidad es más fuerte, incorporan mano de obra para sus sucios menesteres. Pibes que por pocos pesos (pero pesos al fin) se juegan la vida en intereses que no son suyos, liquidando a otros pibes que como ellos, están en el lugar equivocado. Pero varios de esos pibes concurren a esas escuelas que viven los climas de violencias y consumos. Con un destino marcado, muchos de ellos van entregando su corta vida de pibes sin futuro. Todo esto golpea fuerte en el aula”, reflexionó Tabares.

Seminario

“La escuela en la encrucijada” abordando el problema de las adicciones, es un seminario libre y gratuito, comenzó el viernes y constará de otras tres jornadas, los días 30 de octubre, el 20 de noviembre y el 11 de diciembre

Es organizado por el proyecto de extensión de la UNER, titulado “Abordaje interdisciplinario de las adicciones en el barrio Padre Kolbe de la ciudad de Paraná”, con la adhesión de la Cátedra Salud Pública de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), el Instituto de Estudios Psicosociales de Entre Ríos (Ideper) y la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer).