La religión en tiempos de pandemia, espacio para cultivar la esperanza
En momentos difíciles es cuando las personas más se aferran a la religión, a la fe. Referentes de distintos credos reflexionan sobre el rol de las religiones

Domingo 16 de Enero de 2022

Hoy es el Día Mundial de las Religiones, una fecha que se conmemora el tercer domingo de enero y fue establecida con el fin de promover en las personas y las naciones la tolerancia y el respeto por la libertad de culto como un derecho universal. Más allá del credo que individualmente se profese, de la trayectoria histórica de cada movimiento y de sus modos de atravesar la cotidianeidad de las personas, las creencias religiosas están presentes en todas las culturas. Y como en la mayoría de los aspectos de la vida de las personas, la pandemia también impactó en su práctica y resignificó de algún modo el rol de la religiones y su vínculo con quienes forman parte de cada comunidad. En este contexto en el que mucha gente debió atravesar situación difíciles, como la soledad, el aislamiento, la pérdida de su fuente de trabajo o sus ingresos, la enfermedad o la muerte de un ser querido o de varios en su entorno más próximo, en cuantiosos casos la religión se transformó en un espacio de contención fundamental, en terreno fértil para sembrar la esperanza ante eventos adversos que atravesaron la vida cotidiana de gran parte de la población.

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La religión en tiempos de pandemia, espacio para cultivar la esperanza

En un comunicado hecho a mediados de 2020 por el Arzobispad de Paraná, se explicó que “la participación cuidada en las celebraciones de la misa y los otros sacramentos es razón de salud espiritual y de bienestar para la persona en su integralidad”, y que “la concurrencia a los lugares sagrados de modo personal y la participación en sus celebraciones es un factor esencial para el creyente, especialmente en la Eucaristía”.

En Paraná conviven armoniosamente distintos movimientos y esto es digno de destacarse. Y para tantos creyentes, la iglesia, el templo, la sinagoga o el sitio en el que se comparte el testimonio de Dios, es el lugar en el que hallan el consuelo que precisan. Esto explica por qué en seis meses de cuarentena, cuando estaban prohibido el desarrollo presencial de las misas, los cultos y demás, y solo se permitía un acercamiento de manera virtual, se pidió de modo incesante poder reunirse para llevar adelante una ceremonia religiosa.

Ya pasó más de un año desde que los encuentros pudieron volver a concretarse, pero quedó una huella imborrable que llama a la reflexión sobre el papel que tienen las religiones hoy, en la construcción de un mundo en el que se pueda cultivar la esperanza.

Rubén Almada, presidente del Consejo de Pastores de las iglesias evangélicas en Paraná, reflexionó: “El rol de la iglesia en durante la pandemia ha sido fundamental. Porque en este tiempo tan difícil, en el que por ahí flaqueó el trabajo, la salud, se desestabilizaron muchas cosas en la familia, la iglesia pudo estar acompañando a las personas de diferentes maneras”.

Acerca de cómo debieron acomodar su labor en los meses de cuarentena, señaló a UNO: “La gente por ahí estaba acostumbrada a movilizarse hasta lo que es el salón de la iglesia, y pasó a tener la iglesia en su casa a través de distintos medios y plataformas a las que nos hemos tenido que adaptar por amor a las personas y para dar respuesta a sus necesidades. Era la única manera que teníamos de acercarnos”.

En este marco, destacó: “La participación de los paranaenses ha sido la de siempre. Al encontrarse de alguna manera sin esperanzas, donde los apoyos que habitualmente hemos tenido, como han sido el trabajo, la familia, se han movilizado por esta situación tan rara que es la pandemia, mucha gente se ha volcado a Dios, lo ha buscado en medio de tanta angustia, de las aflicciones y de una situación que nadie pensaba encontrar ni tener que atravesar. Así que vemos que la gente de Paraná está buscando a Dios, rogando por nuestra ciudad. Y por lo que a nosotros nos corresponde como iglesia, por lo que esta pasando en el resto del mundo”.

Sobre este punto, indicó: “Todos tenemos contacto con alguien en otro lugar del mundo. Debido a la globalización podemos ver cómo afecta en diferentes lugares la pandemia, y estamos aquí no solo trabajando y apoyando a la gente a nivel local, sino también a muchos que están en distintos países. Paraná está activa en ese apoyo al servicio espiritual en distintos lugares del mundo”.

En tanto, la iglesia católica, que representa a la mayoría de los fieles del país, también debió adaptarse a los cambios que trajo la pandemia, y asistiendo en un primer momento a los feligreses de manera virtual o remota, persistiendo en su obra de reconfortarlos en el aspecto religioso, pero en muchos casos también llevando adelante una labor social de gran relevancia. El padre Ignacio Patat, responsable del área de Prensa y Comunicación del Arzobispado de Paraná, hizo alusión al rol de la iglesia católica en la actualidad, y manifestó a UNO: “Si uno piensa en el rol de la iglesia en general, en su visión con el mundo, usamos la palabra ´recepción´. La recepción de aquel que viene en búsqueda en este caso de la palabra de Jesús. Para definir un poco el valor de la iglesia hoy en día, de ser comunidad, podemos usar las imágenes del papa Francisco: en estos tiempos la iglesia se concibe o se presenta como un hospital de campaña, donde sale al encuentro de aquel que está herido, del que está sufriente, de quien necesita consuelo”.

“Entonces, se entiende que la iglesia está constituida por personas que necesitan la salud y necesitan curar la enfermedad del vacío de Dios, de la tristeza, de la soledad. En nuestra visión, nos acercamos a una comunidad de creyentes que necesita la salvación y ser sanada”, dijo, y agregó: “Aparte la iglesia no deja de ser una comunidad de fe, cuyo valor o cuyo rol en el mundo es ofrecer a Jesús a través de los distintos espacios, ya sea en las obras de caridad, de la educación, de una misión y demás”.

Asimismo, reivindicó la participación de personas de todas las edades en las actividades que impulsa el catolicismo, y remarcó: “La iglesia no es algo estático, sino dinámico. Y en esa participación cada uno se tiene que sentir involucrado”.

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Por su parte, Daniel Soskin, integrante de la secretaría de Culto de la Asociación Israelita en la capital entrerriana, se refirió a la religión judía y comentó: “A diferencia quizá que otros cultos, el judaísmo es más una forma de vida, donde el culto es solo una parte y, aunque de muchísima importancia, no todos son participantes asiduos de lo concerniente al culto o a las actividades del templo”.

Acto seguido, explicó: “Pese a ello, hemos tenido a raíz de la pandemia, mucha vinculación con aquellos que lamentablemente han perdido a algún familiar o aquellos que sufrieron o sufren las consecuencias de esta enfermedad. Y han podido tener algunas palabras de consuelo, de aliento o participar de las ceremonias, en especial de Shabat de los viernes y sábado, que son espacios que ofrecen momentos de mucha paz y tranquilidad, tanto para el físico como para el alma”.

A su vez, observó: “El hecho de la cuarentena también ha traído la incorporación de lo que son los servicios religiosos online, que pudo acercar a aquellos que se encontraban encerrados y fue algo muy bueno, en especial para aquellos que se encontraban solos”.

Por otra parte, expresó: “No conozco en especial cual es la participación de la ciudadanía paranaense en la vida religiosa, pero sí entre los que participamos hay una excelente relación, hay mucho respeto y por sobre todo mucha integración en las actividades en las que podemos colaborar con temas delicados como es referido a la paz, al ejercicio de la memoria y en todo lo que el ejercicio interreligioso puede colaborar para generar un círculo virtuoso para el mejoramiento de nuestra sociedad”.

“Paraná en ese sentido tiene ese privilegio de contar con muy buenas relaciones entre los dirigentes de las instituciones de todos los credos y a su vez con los dirigentes políticos también, lo que se traduce en poder trasladar a toda la población de las bondades que cada uno puede ofrecer y que de por sí, en una sociedad muy materialista, es sumamente valioso”, reflexionó Soskin, a modo de conclusión.