Paraná
Viernes 27 de Abril de 2018

Ya hay interesados en nuevos destinos para el emblemático edificio de la exsala Mayo

En la última renovación, el Centro Comercial había adelantado la decisión a los responsables. Pese a ello, los trabajadores se enteraron ayer del cierre

A poco de conmemorarse el Día de los Trabajadores, otras 14 personas –y familias– se sumarán a una situación que se está volviendo recurrente en la ciudad.



Sin fuente de trabajo, en la incertidumbre por su futuro, y sin siquiera poder cobrar lo que les corresponde por ley: como pasó con el personal del exhotel Alvear, o con la estación de servicios ubicada en calle Buenos Aires –por citar solo los últimos casos–, de buenas a primeras, los empleados se enteran al llegar a su lugar de trabajo que ya no funcionará más la empresa. Y a partir de allí, un largo peregrinar comienza para poder cobrar salarios adeudados, o indemnizaciones, sin encontrar responsables, ni siquiera a través de intervenciones de la Secretaría de Trabajo.
Ayer, cerró sus puertas el local gastronómico Petra, un comedor de diente libre ubicado en calle 25 de Mayo, frente a la Plaza 1° de Mayo en Paraná. Ocupó un lugar emblemático para la ciudad como la sala Mayo, polo cultural y recreativo durante décadas, de generaciones de paranaenses. Inaugurado el 15 de septiembre de 1930, el lugar atravesó distintas etapas de esplendor, y de caídas.
A tal punto que a principios de siglo, en una de las peores crisis económicas de la historia del país, ante pocas alternativas y ofertas, la planta baja del inmueble propiedad del Centro Comercial e Industrial de Paraná fue cedida a inversores de origen chino. Dieciocho años después, con un deterioro edilicio importante a criterio de los propietarios, se decidió no renovar el alquiler: el aviso de la institución madre de los comercios a los inquilinos, fue hace dos años.
Pese a esa advertencia, 14 trabajadores recién tomaron conocimiento ayer, cuando se encontraron con las puertas cerradas del lugar. Y sin poder reclamar a quién cobrarles salarios e indemnizaciones.
Por ello se presentaron ante la Secretaría de Trabajo de Entre Ríos, para requerir su intervención y tratar de evitar que mercaderías o equipamiento existente en el interior sean trasladados, ya que posiblemente sean los bienes que le permitan cobrar parte de lo que les corresponde. Y preveían montar guardias para no permitir que se sustraigan esos elementos.
El 3 de mayo habrá una audiencia en Trabajo, aunque la dificultad era hallar a los responsables de la sociedad de hecho constituida para la explotación del local.
El titular del Centro Comercial e Industrial de Paraná, Jorge López, confirmó que el contrato de alquiler vence el lunes 30 de abril.
Ante la consulta de UNO acerca de si hay alguna negociación en marcha que posibilite su reapertura, el directivo fue contundente: "Para ese destino no lo vamos a volver a alquilar. La explotación del local ha pasado por distintas manos, siempre asiáticos, pero el inmueble se estaba deteriorando en forma extrema. Y si seguíamos así, no se podía hacer nada al menos por dos años, que es lo que establece un contrato mínimo. Es por eso que decidimos esto hace más de dos años y se lo dijimos antes de firmar esa renovación".
—El lugar es un edificio histórico, que incluso generó polémica a inicios de siglo, cuando pasó de ser un reducto cultural, a un emprendimiento gastronómico
—Sí, totalmente. Esto sucedió porque nosotros teníamos como inquilinos a la Fundación Banco Bica. Desarrollaba una gran labor cultural, y en aquella época, allá por 1999, ellos desistieron de continuar porque era costoso el mantenimiento para ellos, y se volcaron posteriormente más a las capacitaciones, y reprogramaron así sus actividades. Pasó más de un año sin alquilar y sin hacer nada, y había problemas importantes con el edificio. Ahí fue cuando vinieron estos inquilinos; buscamos distintas alternativas, y esto era lo que mejor teníamos en cuanto al destino. Hubo muchas personas e instituciones que nos criticaron cuando alquilamos el lugar para un restaurante. Pero en ese momento nadie proponía ninguna inversión.
—Coincidió con un contexto difícil, de la crisis del año 2000.
—Sí, incluso hubo una de esas iglesias que buscan estos salones, y nosotros no podíamos porque estábamos cerca de la Catedral. También vino un organismo de contralor fiscal, y le dijimos que no porque a nosotros no nos parecía pertinente, porque permanentemente como Centro Comercial, tenemos diferencias con los organismos de control fiscal. En fin, fueron muchas situaciones, y en realidad no teníamos muchas cosas para decidir. Vino entonces esta gente que en su momento hizo importantes reformas de la estructura del edificio; por ejemplo una obra en una pared de 16 metros que tenía una rajadura importante. El piso se venía abajo y era de madera, y lo cambiaron y pusieron cerámica. También hicieron muchos arreglos aquellos chinos primeros, que invirtieron. Después, entre ellos mismos se fueron pasando. Pero ya en el último contrato les dijimos que esta sí era la última vez, porque nosotros no podíamos seguir en esta situación.
—¿Existe la posibilidad para que el espacio recobre valor cultural?
—No tenemos promesas de inversiones para ese tipo de destino, por ahora, pero estamos abiertos a escuchar. En cambio ya hay varios interesados en distintos proyectos. No puedo decir, pero para actividades culturales no ha aparecido nadie. Son personas que vienen, nos visitan y sacan cálculos. Estamos recibiendo ofertas, incluso nos proponen algún tipo de asociatividad con el proyecto. Hay varias alternativas.
—¿La preservación edilicia le cabe solo a la fachada, o también al algún detalle del interior?
—La fachada, y el interior en realidad está también como preservación. Nosotros teníamos que firmar un convenio que nunca lo firmamos, porque la misma Comisión de Preservación había recomendado al municipio no firmar el convenio, porque ya hace muchos años, unos 40 años atrás, la fachada original se perdió. Hay un local a la izquierda –visto de frente el edificio–, porque la fachada era simétrica de un lado y del otro, y del lado izquierdo tenemos un local y la fachada ya no existe. Íbamos a firmar el convenio de preservación, pero eso era siempre y cuando se recuperara y se hiciera reconstruir la fachada original. Pero reconstruir significa perder ese local o lo que fuere, pero era hacer una inversión que no estábamos en condiciones económicas de afrontar. Además, hay que decir que estos dos locales son los que mantienen la estructura de costos de funcionamiento del Centro Comercial, que es importante, en personal y con distintas obligaciones.
—La sala Mayo es propiedad del Centro Comercial, desde sus orígenes.
—El Centro Comercial e Industrial de Paraná se creó en 1898. Pero este edificio fue inaugurado el 15 de septiembre de 1930. Tuvimos un presidente, don Alberto Marangunich, quien junto con otros directivos de aquella época, construyeron esta sede. Y lo importante es que ellos previeron que ese local que está al lado y la sala Mayo permitieran que la entidad funcionara económicamente, con esos recursos.
El cine como tal funcionó hasta los años 1989 o 1990. Después hubo un año y medio con problemas con el inquilino, y tuvimos que ir a la Justicia, ya que no podíamos entrar a la sala ni tampoco podíamos alquilar. Una vez que recuperamos el edificio, se lo alquilamos a la Fundación BICA, y fue un momento brillante porque ellos hacían toda una actividad cultural que nos interesaba tener. Estuvieron desde 1992 hasta 1999; y tras ello pasó un tiempo hasta que lo pudimos alquilar nuevamente a esta gente, en plena crisis del año 2000.

El oculto origen de sociedades y responsables

El local era explotado actualmente bajo la responsabilidad de Felipe She Lihui y Dora Flores. Ante la consulta de UNO, el secretario general de la Unión de Trabajadores Gastronómicos de la República Argentina, Hugo Permayú reconoció que el planteo fue formalizado por los propios trabajadores, si bien el gremio brindó su respaldo y apoyo.
"Siempre hubo problemas en ese lugar, por la explotación laboral que había. Hemos hecho inspecciones en todo este tiempo, pero no pudimos revertir nada porque no se encuentran los responsables. Siempre fueron de origen chino, pero sin poder saber cómo están compuestas las sociedades, porque siempre cuentan con algún contador local que les facilita las cosas y ocultan el verdadero capital, si tienen", graficó el dirigente gremial.
"Lamentablemente, los compañeros han tenido que soportar esto durante todo este tiempo, los que estuvieron y los que están", acotó, y añadió que en todo este tiempo, el local ha ido cambiando de mano, "pero siempre con un chino de por medio. Ahora había una mujer, pero nunca pudimos constatar cómo estaba conformado el capital social. Todo oscuro, lamentablemente, y esto ocurre en todo el país, con establecimientos de este tipo".
En esta realidad del sector se encuadran también los cierres del restaurante La Entrerriana, y de los hoteles Alvear y Bio City.

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