Mundo Zurdeño
Domingo 25 de Marzo de 2018

Vuelve un Mundo zurdeño en dos vertientes de esta misma cuenca

Se abre un ciclo en homenaje al equilibrio del ser humano en su entorno, y a los saberes que dan respuestas de ayer a problemas de hoy.

Día y noche, invierno y verano, arriba y abajo son pares opuestos complementarios. Con aires del altiplano llamamos a esa confluencia yanantin.

Esta semana está brotando en UNO, Mundo zurdeño, un espacio audiovisual ubicado en la horqueta de dos ríos bien significativos y complementarios para los habitantes del litoral, expresados en la vida y la obra de Miguel Ángel Martínez, el Zurdo, y Víctor Velázquez.

Mundo zurdeño es una rama de los aportes sobre la identidad del litoral en el Abya yala (América), contenidos en la saga Descubriendo Entre Ríos, que lleva 15 años en nuestro diario. La vida y la obra del Zurdo Martínez reúnen la música y la isla, los saberes y la militancia, la poesía y la lucha, la crítica al sistema y el mate amargo.

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Foto <b>UNO</b> Archivo Diego Arias.
Foto UNO Archivo Diego Arias.


En Martínez, la solidaridad con los obreros del mundo no es incompatible con la pertenencia a una región y a una patria grande. Si por derecha y por izquierda se ha menospreciado al lugar, a los pagos de uno, este artista jamás cayó en esa trampa academicista. Tampoco cayeron cantores y compositores como Jorge Méndez y Carlos Santa María, ni Marcelino Román y Juan L. Ortiz en la poesía, ni Fermín Chávez y Beatriz Bosch en la historia, por nombrar algunos pares más o menos recientes y presentes.

Músico de puertas abiertas, literalmente, y abierto él al debate sobre el flujo de las melodías y los ritmos, Martínez se identifica con las islas, el río, su morada definitiva. Decir hoy Mundo zurdeño es decir armonía del ser humano en la naturaleza y también resistencia obrera y campesina, antiimperialista y decolonial. Mundo zurdeño es sinónimo de mirada holística, integral, visión de cuenca, como un antídoto contra los compartimentos estancos tan propios de occidente.

El silbido Y lo mismo Velázquez, llegando al corazón del Abya yala (América) con esa comunión de símbolos en la milonga más sencilla y más bella: La Primavera. Invitado por un amigo, tomó el nombre de una estancia y en homenaje a la naturaleza, al sol, a la amistad con el hombre y con el paisaje se dejó enamorar y conducir por unas flores indígenas, para luego alzarse con el sol de la aurora y vibrar en la voz de alerta de los teros. Así lo explica el propio Víctor. Honda milonga de estas latitudes, como si hablaran los pueblos milenarios en todas las cuerdas y en el diapasón completo y con ellos hablaran el sol y los pájaros. "Tal vez el tiempo le traiga/ una conciencia de pueblo/ y le cante al que trabaja".

El sueño de un padre orgulloso de haberle regalado la guitarra al hijo. Está el paisaje, están los anhelos, está la comunidad: "pero cuántos andarán/ sin rancho y en campo ajeno", canta. Martínez y Velázquez, dos afluentes de esa cuenca llamada Atahualpa Yupanqui, es el primer par a la vista y al oído.

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Pares. Velázquez y Martínez, artistas del litoral distintos e integrados por igual en el paisaje.
Pares. Velázquez y Martínez, artistas del litoral distintos e integrados por igual en el paisaje.


Por eso, como introducción del espacio que abre UNO en televisión digital, un silbido recreando al zorzal, que tomamos de una vieja grabación de Víctor. Ese es otro par: Velázquez nos llama así a una perla de Linares Cardozo: Como los pájaros. Están el compositor y el intérprete, redondita la entrega. Están la especie humana y las aves, pares complementarios. Ni pisaba el pasto Yupanqui no se queda atrás: del gran trovador argentino tomamos unos versos que recitaba a menudo, con fuente en la pluma del oriental Romildo Risso: "si hay leña caída en el monte/ yo no v'ya voltear un árbol,/ po'el aire no puedo dir,/ de no, ni pisaba el pasto".

Eso y no otra cosa es el mundo zurdeño, mínima invasión, permiso y gracias. Este es el tercer par: un argentino y un oriental. Y el cuarto está en la relación de la filosofía que entraña estos versos del litoral argentino oriental, con los principios que en el altiplano llaman sumak kawsay, suma qamaña: dos regiones y un mismo lema, el equilibrio del ser humano en la naturaleza. Esa solución está dicha en versos de Juan L. Ortiz: "de pronto sentí el río en mí... Era yo un río en el anochecer... Me atravesaba un río". Es que los artistas han facilitado la comprensión de una cosmovisión desplegada a lo largo y ancho del Abya yala, que no pone al ser humano sobre las piedras, sobre los árboles, sobre las montañas o el río, sino al lado, amigo, compañero. Pares complementarios.

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Foto<b> UNO </b>Archivo. Diego Arias.
Foto UNO Archivo. Diego Arias.


Como decir Ramón Ayala y Aníbal Sampayo; o en otras lides, San Martín y Artigas, Bartolina Sisa y Micaela Bastidas. Hay dos autores de nuestra región, Alcibíades Larrosa y Walter Ocampo, que alumbraron el cancionero a dúo, uno con versos, el otro con melodías, para dar bellísimos frutos como "Regreso pitanguero".

Trata del hombre que añora la niñez y le pide a la madre que lo mande al monte para reencontrarse con aquel gurí trepando los árboles para saborear las frutitas dulces del pitanga o ñangapirí. El ser humano vuelve por lo auténtico, por la verdad, y encuentra esa verdad en la simbiosis del chico y la fruta. "Mándeme al monte, madre, para este tiempo/ cuando el almíbar cuelga como un rubí,/ que en esas siestas largas de gestos lerdos/ quiero encontrarme a solas con mi gurí". "Compañero pitanguero en el abra espérame/ que en la fruta diminuta duerme pura mi niñez".

El agua, Pachamama Lanzamos el Mundo zurdeño con un homenaje en el Día mundial del agua. Ríos, arroyos, cuenca, monte, vida en el río y en los márgenes, pero también contaminación, represamientos, riesgos acumulados. Subrayábamos en otra columna la feliz coincidencia de fechas: 22 de marzo Día mundial del agua, 22 de abril Día internacional de la madre tierra, 22 de mayo Día internacional de la diversidad biológica, 22 de junio Día mundial del suelo y la tierra fértil... ¿Casualidades? Con los ríos, los montes; con los montes, el murciélago, la comadreja, las mariposas, las termitas, el cardenal, el surubí, y en esa trama: el ser humano, sus modos de conocer y amar, sus gauchadas, sus alimentos, sus ruedas de mate, en simbiosis con las frutitas del ñangapirí y el nido del hornero. Biodiversidad, y allí el ser humano, mujer y hombre, con sus saberes, sus artes, sus maneras, sus juegos.

Ya veremos la situación ambiental en la región, pero no todas son malas noticias: la semana pasada vimos, cerca del río Gualeguay, dos o tres bandadas con medio centenar de cardenales, y nos comentaron que avistaron por ahí un cardenal amarillo, nada menos... Por algunas grietas se filtran rayos de luz, cómo no.

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Forraje. El sábalo come detritos en un lodo con sustancias tóxicas.
Forraje. El sábalo come detritos en un lodo con sustancias tóxicas.


Sábalo y dorado

Para abrirnos al Mundo zurdeño, empezamos por el Día mundial del agua. Ríos, arroyos, acuíferos rompiendo fronteras caprichosas, recuperando una unidad siempre menospreciada. Junto al Paraná decimos biguá, martín pescador, decimos ceibo, sauce, y es fácil oír allí el diálogo del río y la Pachamama.

Entonces no ocultamos los restos de insecticidas y herbicidas detectados por distintas universidades argentinas en el lecho de nuestros cursos de agua, donde se alimenta (de detritos) el sábalo, forraje del río porque muchos peces viven de una u otra manera de esta especie tan prolífica. Ni ocultamos la red de arroyitos ayer plateados de mojarritas, hoy sepultados bajo la basura en nuestra propia ciudad de Paraná.

Al día siguiente conocimos el resultado de un estudio de investigadores de la Universidad de la República sobre peces emblemáticos como el dorado.


En un ejemplar encontraron restos de 21 plaguicidas. ¿Alguien puede decirnos cuáles son los efectos acumulativos, en sinergia, de 21 plaguicidas en un ejemplar, y en quienes nos alimentamos de ese pez? ¿Es ese el "pan del agua" que canta el Mensú? Dorado y sábalo, pares complementarios, en un sistema enfermo, por ajeno a ese Mundo zurdeño que nos llama. Lo saben los pescadores, los isleros; lo saben los poetas, los cantores; hoy lo saben también los científicos. Por eso botamos este velero como pidiendo perdón a la Pachamama, y con un zorzal esperanzador, otro símbolo, en los labios de Víctor Velázquez. "El zorzal llama a los montes... Todos llamamos al paisaje de nuestro corazón", dice Juanele.

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