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Voluntarias no se toman vacaciones y brindan apoyo a pacientes internados

Un reducido grupo de mujeres integra el Voluntariado del hospital San Martín. Al pie de la cama, ofrecen asistencia y contención al enfermo.

Sábado 04 de Enero de 2020

Actualmente las integrantes del Voluntariado del hospital San Martín son cinco, y si bien ser pocas las obliga a redoblar el esfuerzo jamás se desaniman y todas las semanas visitan a cada uno de los pacientes internados para acompañarlos o brindarles ayuda si la necesitan.

Por lo general, contienen y tienden una mano solidaria a personas que llegan desde otras ciudades y se les indica que deberán permanecer hospitalizadas un tiempo, en un contexto en que ya vienen con cierta angustia generada por aquel problema de salud que los llevó a requerir atención médica.

Ana Arriondo, quien hace más de dos décadas es voluntaria, contó a UNO: “Nuestra labor es estar al pie de la cama con el enfermo y con el familiar que lo acompaña. La mayoría son del interior y vienen con lo puesto. Nosotros les proveemos los pañales, los elementos de higiene, el azúcar, la yerba y la ropa; y si necesitan algún trámite se lo hacemos, porque hay gente que no sabe leer y escribir y la ayudamos con eso”.

Más allá de la asistencia material que precisan los pacientes y sus acompañantes dentro del ámbito hospitalario, la contención es primordial: “Tratamos de estar con ellos, de ayudarlos. Hay gente que está muy mal, que está solita, que no tiene a nadie. Ahí intentamos estar, ofreciéndole a los pacientes una sonrisa, dándoles un consuelo. Nuestra principal labor es estar con ellos y acompañarlos”, subrayó.

Ana confió que fue el ejemplo de su madre, que desde hace varias décadas es voluntaria en el Hospital Escuela, lo que la inspiró a sumarse a esta loable tarea, y si bien reconoció que en un principio no le resultó fácil emprender esta tarea, con fe fue afianzando su voluntad de estar presente en los momentos más difíciles de alguien que atraviesa alguna enfermedad. Sobre este punto, expresó: “Los miércoles mi mamá va con una hermana y lleva las galletitas, yerba, azúcar, caramelos. Ella nos enseñó que a todos los que necesitan hay que ayudarlos, sin mirar a quién, sin pedir nada a cambio. Yo llevo más de 20 años en el Voluntariado. Antes se me escapaba de las manos algo y sufría por no poder ayudar, absorbía el problema y la enfermedad de los pacientes internados, pero le pedí a Dios fortaleza para estar con ellos y ponerme a charlar, sacarlos del tema de su enfermedad, contarles un cuento, hablarles de algo que les interese y les haga bien, para poder olvidarse un rato del problema que tienen”.

“A veces veo gente muy joven peleando por su vida y eso pone mal. También nos encontramos con personas que cometieron algún delito, incluso han matado a alguien, y llegan heridas, pero yo no me tengo que poner a juzgar; estoy igual, dispuesta a entrar, saludar y hablar, tratando de hacerle ver que lo que está haciendo está mal y debe ir por otro camino”, refirió.

Por otra parte, indicó: “Las demás voluntarias son Bety, Nélida, Liliana y Oriana. Salimos a pedir para darle a la gente. En las Fiestas repartimos pan dulce, turrones, maní, todo lo que nos donaron. Vamos habitualmente los lunes, miércoles y viernes, pero ahora que hay pocos pacientes vamos solo los días miércoles y a partir de las 7.30 hacemos el recorrido completamente, entregando los pañales, el azúcar y la yerba que necesita el acompañante, que a veces no tiene nada”.

Beatriz Ríos es otra de las voluntarias desde hace más de 15 años, y aunque actualmente está atravesando una enfermedad que le impide concurrir al hospital, procura encontrar otras maneras de ayudar: “De cualquier forma sigo colaborando desde afuera. No puedo ir a estar con el enfermo porque tengo un problema de salud, entonces ayudo desde otro lugar. Creo que si todos pusiéramos un granito de arena, el mundo sería distinto; lo principal es brindar amor, y es lo que más damos en el hospital: amor al paciente y contención al familiar. Hay gente que viene del campo, que ni sabe que la van a internar, y necesitan ayuda”.

“La tarea es estar con el paciente, ir habitación por habitación, cama por cama, preguntar qué necesitan, en qué podemos colaborar. Es una labor muy linda, porque va más allá de lo material que se pueda ofrecer. A mí me gusta agarrar de la mano y abrazar al paciente, darle amor. Porque lo que más falta es amor: cuando todo el mundo sepa dar un poco de amor, todo será distinto”, enfatizó.

La mujer recordó que hace varios años se dictó un curso para quienes quisieran ser voluntarias –organizado por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), cuando se dictaban clases en Paraná– y señaló: “Éramos 80 cuando lo terminamos, y resultamos quedando solamente dos en el Voluntariado. Tengo muchas anécdotas con mis compañeras. En el tiempo de los federales llorábamos porque no teníamos nada, y salimos a pedir por nuestra cuenta. Todo fue un peregrinar. Guardamos muy lindas historias y otras no tanto, pero las hemos sobrellevado. El voluntariado es eso: amor puro”, destacó.

En su caso, siempre sintió una vocación de servicio que la impulsó a vincularse con acciones solidarias y se sumó a esta tarea: “Siempre me gustó ser solidaria. Trabajé toda la vida, era empleada de comercio, y cuando me iba a jubilar me propuse hacer algo para ayudar al prójimo, que es lo que me encanta. Salió el curso, fui y trabajé por años yendo a visitar a los enfermos”, dijo, y explicó: “Lamentablemente en este momento no puedo ir a involucrarme dentro del hospital, porque estoy con quimio, pero el 23 de diciembre todas las amigas hermosas que Dios me ha dado compraron 80 pan dulces chiquitos, y la panadería del barrio me donó también, y se los entregué a mis compañeras para que ellas lo puedan compartir con los pacientes y sus familias. Yo no pude entrar y lloraba como una loca, porque es mi vida el voluntariado, siempre ha sido mi cable a tierra. Y si bien no son fáciles los primeros tiempos, que salís llorando, después una se va afianzando para poder seguir ayudando”.

“Hoy es tiempo de cuidarme yo y voy a salir adelante. Entonces voy a retomar mi tarea habitual”, sostuvo, y destacó la colaboración que reciben: “Al champú lo fraccionan en frascos chiquitos y cortamos por la mitad los jabones, para que alcance. Hay un grupo que nos da pañales, entre el que hay una doctora que trabaja en el hospital, junto con una colega, más un grupo de padres de un colegio, y hay otro señor que también colabora con los pañales, porque si no no tendríamos nada”.

Quien desee ayudar, puede comunicarse con Ana Arriola, llamando o escribiendo al (0343) 155220014. Reciben donaciones de todo tipo: galletitas, caramelos, yerba, azúcar; elementos de higiene personal, tales como pañales de adultos, champú, crema de enjuague, jabones, maquinitas de afeitar, colonias –aunque sea lo que quede en un franco usado–, y ropa y calzado en buen estado, que sea apto para que pueda usar alguien que está internado o algún familiar que acompaña.

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