La Provincia

Vecinos que se esforzaron por atender una necesidad del barrio

En el barrio Anacleto Medina de Paraná no contaban con sala de velatorio. Fue por eso que un grupo de voluntarios gestionó un espacio para dar un digno último adiós a los seres queridos.

Sábado 11 de Agosto de 2012

Los rituales son una marca ineludible de las expresiones culturales de una sociedad, y desde el nacimiento hasta la muerte las personas adoptan una serie de prácticas y costumbres a través de las cuales se manifiesta su pertenencia a un grupo o a una comunidad.

Entre estas ceremonias, la manera en que se despiden los restos de un ser querido también forma parte de estos signos que evidencian los modos de ser de cada pueblo.


En la cultura occidental, la veneración de los fallecidos a través del acto de velar sus restos previo a la sepultura es un sentido homenaje que se lleva adelante entre sus allegados.

Según las creencias religiosas, que se arraigan más fuertemente en este contexto, acompañar los restos de un difunto forma arte de un acto sagrado, que indica aprecio y respeto.

Así lo entendió un grupo de habitantes del barrio Anacleto Medina, ubicado en la zona oeste de Paraná, quienes veían a menudo cómo algunos vecinos que debían atravesar un momento tan sensible no contaban con un espacio donde velar a sus familiares, en muchos casos por no contar con los medios para poder pagar un servicio de sepelio, y en otros por no acceder a los medios para trasladarse hasta la sala municipal, ubicada a varias cuadras del lugar.

En estos casos, se optaba por realizar el velorio en los domicilios particulares, en ocasiones sin espacio suficiente para poder expresar el respeto merecido.

Frente a estas situaciones, en 2008 comenzó a gestarse la posibilidad de presentar un proyecto para que desde la Nación se financie alguna obra que sea prioritaria para el barrio, a través del Programa de Mejoramiento de Barrios (Promeba). Mariana Moreyra, una de sus mentoras, contó a UNO que “había dos opciones, de acuerdo a las propuestas de la gente. Una era construir un circuito deportivo y la otra la sala de velatorio. Hubo reuniones y debatimos sobre estas necesidades, y finalmente se eligió por mayoría la segunda alternativa”.

“A los cajones los otorga el área de Desarrollo Social, y nosotros cobramos una cuota voluntaria de 2 pesos por persona o 5 pesos por grupo familiar. Se le da prioridad a quien no tiene servicio”, añadió.

Un espacio digno
En el marco de un Proyecto de Iniciativa Comunitaria (PIC) este emprendimiento finalmente fue aprobado a principios de 2010 y se empezó a construir en junio de ese año. Su inauguración se concretó el 25 de agosto de 2011 y ahora se conmemora el primer aniversario de esta iniciativa.

“Para administrarlo se creó un grupo voluntario de vecinos. La inspección de la obra estuvo a cargo del Promeba, que además capacitó a la gente en albañilería. Era un grupo de seis personas, de las cuales dos de ellas eran mujeres”, comentó Mariana Moreyra.

Asimismo, relató: “Su construcción no fue fácil, implicó un gran esfuerzo y hubo muchas idas y vueltas, pero lo importante es que hoy es un sueño hecho realidad. Y no nos gratifica solamente su edificación, el ladrillo plantado, sino todo el aprendizaje que hemos logrado en este proceso”.

En la actualidad la sala constituye un espacio que atiende una necesidad concreta, en una zona donde la vulnerabilidad y la exclusión social están presentes en un cúmulo de carencias y falta de oportunidades. A través de esta iniciativa se logra, al menos, que ese momento tan doloroso que significa despedir los restos de un familiar o de un allegado hacia un descanso eterno se constituya en un espacio digno.

Concretar la obra implicó un gran trabajo de la gente
La sala está ubicada sobre calle Indio Boane, entre los Chanás y los Jacarandáes. En la misma manzana del barrio Anacleto Medina funcionan además la guardería y el dispensario. Para concretar esta obra los vecinos tuvieron que ponerse de acuerdo sobre cuál era la necesidad más urgente a resolver en la zona.

También el nombre fue consensuado. La sala se denomina Argentina Zabala, en homenaje a una enfermera muy querida que trabajó en el dispensario.

“Hubo una votación en torno a varias propuestas y esta fue la que se eligió. Armamos las planillas y las pusimos a consideración del barrio, entre otras nominaciones como Cruz del Sur, Comunidad Unión y Esperanza, Camino al Cielo”, contó Mariana Moreyra, quien hoy es la coordinadora de la sala, gestionada por un Grupo Voluntario de Vecinos.


Hoy se cuenta con un edificio que incluye la sala de velatorio, un estar, dos baños y uno más para discapacitados y la cocina.

“Para algunos puede ser mucho lo que logramos, para otros poco, pero nosotros estamos convencidos de que esto nació de la comunidad y que tuvimos la posibilidad de que se concrete. Hubo que sostener esta idea y pelearla”, expresó.

Qué opciones había
“En Paraná existen alrededor de cuatro empresas privadas dedicadas al servicio de sepelio de personas y están ubicadas en el casco céntrico, con un costo monetario importante”, explicó Moreyra.

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