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Urnas: entre la estigmergia de la termita y el crimen del cuco

La naturaleza muestra maneras de construir y destruir que sirven de modelos, y ayudan a celebrar valores ocultos o menospreciados

Sábado 26 de Octubre de 2019

El Canal Encuentro fundado en un tiempo y cultivado en otro tiempo, es también la Argentina de hoy, aunque parezca mentira. Cuando vemos el Canal Encuentro nos pellizcamos para verificar si soñamos.

El Estado argentino nació para garantizar con las armas el millón de hectáreas de un italiano, antes que cuidarle el territorio a un mapuche. Por eso se comprende que el intelectual racista que aconsejó matar a los niños mapuches y guaraníes para que esas etnias no se reprodujeran es llamado “padre el aula” y en honor a su “gloria sin par” se festeja el “día del maestro” aún en el siglo XXI.

Ese mal congénito del Estado colonial vigente muestra fisuras que hoy son la excepción pero podrían ser la regla, no sabemos. El Canal Encuentro se nos presenta como el servicio de agua de la canilla: lo valoramos cuando se corta. Hoy nos parece natural, pero hace un tiempo nos costaba imaginar que el Estado pudiera hace algo bien.

Hablamos del Canal Encuentro porque es famoso y tiene continuidad, pero como este emprendimiento hay miles menos conocidos y valiosísimos, impulsados desde el Estado (en sus variantes nacional, provincial, municipal) o desde organizaciones diversas, y esos mundos también son la Argentina.

El vaso medio lleno

Claro que nos inquietan la economía, el endeudamiento, la concentración de las riquezas, la destrucción de la biodiversidad, la patria contratista, la corrupción a la enésima; nos inquietan las trampas, la impunidad, el régimen de privilegios, el camuflaje del patriarcado, la prevalencia colonial de la educación pública y de gestión privada, la desocupación, el amontonamiento de muchos, la miseria de tantas familias expulsadas y tantas miserias y engaños que superan los ayes de la Biblia; nos inquieta la fragmentación de nuestros paisitos según los planes imperiales. Pero en cada barrio, en cada localidad, en los rincones menos pensados, hay una trabajadora, un trabajador, hay gente honesta, hay artistas extraordinarios; hay solidaridad, virtudes sostenidas en silencio, comunidades que no se vuelan al primer viento y saberes protegidos como tesoros contra el mundo del apuro y el soborno que se pretende imponer. En resumen: es cierto que un avión se cae, pero miles de aviones llegan felizmente a destino, como se ha dicho. La veda electoral es una buena excusa para exhibir hoy el vaso medio lleno.

Algunos canales eligen accidentes, asaltos, violaciones, corrupción, muerte en suma, hacen de esos problemas la regla. La música, el silencio, el amor, la comunidad, el esfuerzo, los saberes desentonan allí, o quedan opacados. No son noticia. Conocemos asambleas, sindicatos, centros de estudio, cooperativas, personas con servicios, culturas, artes, luchas extraordinarias por años, pero el espacio en los medios siempre les será mezquino o nulo porque la moda del morbo da preferencia al choque de la esquina, la declaración vacía de un nuevo rico con ínfulas de candidato, el individuo, la nueva chicana del que paga, la primicia…

Todo, claro, con sus excepciones, porque también conocemos espacios dedicados a otra cosa.

Las feromonas

El Canal Encuentro es un modelito para conocer y meditar. Hay contribuciones de hoy sobre lo que ayer hicieron los demás. Eso fue llamado estigmergia, a propósito de los modos de trabajar de las termitas en sociedad, así en la actualidad como en la época de los dinosaurios. Cada insecto contribuye en base a los estigmas que dejó el anterior; las feromonas llaman y sugieren.

Allí las marcas (la herencia) no nos provocan destruir sino construir. Lo nuevo es el granito de arena, lo tradicional es el modo, la comunidad. Cada cual aporta literalmente un granito y no se apropia del termitero ni anda reclamando patente o poniendo sello individual, esa “humanada” (no diremos burrada) tan naturalizada en distintos rubros, incluido el periodismo.

Entre nuestras bellas aves indígenas, sabemos que el macho del gallito del agua o jacana incuba los huevos. La hembra suele destruir el nido y romper los huevos de su adversaria para que la próxima vez ese macho reproduzca sus genes, como los otros machos de su harem inverso. Bueno: la naturaleza da ejemplos para todo. (Qué dirá de nosotros el gallito del agua).

Los cucos, entre las aves de Eurasia y África, ponen en nido ajeno como nuestro morajú, son parasitarios. El pichón rompe la cáscara antes que los dueños de casa, y aprovecha la ausencia de los adultos para lanzar los otros huevos al vacío. Así ocupa su lugar, y se asegura de que los padrastros lo alimenten. La pareja esperaba una cosa y les sale otra.

En el fondo, podemos desembocar en el trillado debate en torno de “reforma o revolución”, termita o cuco. Sin embargo, aún en la revolución se cambia lo necesario, no todo. En Mayo no fusilaron a Cornelio Saavedra ni a Manuel Belgrano ni a José Artigas porque tuvieran cargos en el Virreinato. En sus conocimientos y ascendencia se construyó (también y no sólo en eso) la revolución. Los que mandaron fusilar a Artigas no querían más que continuar la colonia por otras vías.

No intentamos comparar esos modelitos de las aves con la política vernácula porque estamos en veda electoral, pero nos sirven a manera de contraposición a la estigmergia que hoy nos ocupa.

Romper los huevos

Lo que más deseamos de algunos sistemas es su erradicación, es decir: hacer la del gallito hembra, la del cuco pichón. Sin embargo, eso no nos priva de celebrar modos de nuestra comunidad que hablan de empatía, colaboración, trabajo comunitario, comprensión, y sugieren humildad para aportar ese granito que decíamos sin menospreciar el colocado por la persona o el grupo que nos precedió.

La estigmergia se expresa bastante en las redes de internet. Nosotros subimos una foto, otros suben un texto, otros un video, un audio, la copia de un libro, un poema, un ensayo, un meme, una experiencia personal, quién sabe, y en conjunto estamos dando pistas diversas para abordar un asunto. Qué bella manera de celebrar la comunidad.

Y bien: tenemos que votar. Tal vez la partidocracia no dé cuentas todavía de los saberes de nuestros pueblos antiguos y vigentes que dicen armonía, consenso, vivir bien, complementariedad, reciprocidad. La fragmentación y la descalificación permanente son manifestaciones de la colonialidad. En ciertos ámbitos nos mostramos más como gallitos y cucos que como termitas. Sin embargo, está la continuidad del Canal Encuentro con el arte, los documentales, los testimonios que incluso suelen contradecir la línea editorial del gobierno de turno. ¿Es esta la Argentina? Por supuesto, ¿y por qué no aplaudiremos un encuentro así?

Como en el Canal Encuentro, uno puede detectar feromonas y no sentir olor a enemigo sino a otro, es decir, a hermano. Alguien puso un ladrillo, qué bueno: pongamos el siguiente.

Las paradojas

El sistema político de la Argentina está permitiendo ciertas paradojas. Los gobiernos (de distintos signos) impulsan un modo de producción, por ejemplo, y no impiden que en los canales de comunicación del Estado se reproduzcan testimonios totalmente contrarios a ese modelo. Esas válvulas de escape quitan presión. Así, los gobiernos logran mantener el sistema que promueven en el corto plazo, y al mismo tiempo colaboran con la generación de otra conciencia.

Diremos eso si miramos el vaso medio lleno. Si lo miramos medio vacío, se nos antoja que el sistema cumple con mantenernos contentos, como participando, incluidos, mientras nos hace a un lado como chiripá en asuntos fundamentales. Es decir: no cambia, y al mismo tiempo desarma probables conflictos.

En verdad, como no tenemos la bola de cristal, no sabemos bien cómo será el futuro cercano, o a mediano plazo. No sabemos. Tampoco lo saben bien los poderosos. Lo interesante es que unos y otros estamos conociendo el juego.

Pero aquí nos desviamos un cachito del asunto: queríamos decir estigmergia, colaboración, inteligencia de enjambre, que en otro grado diremos federalismo, soberanía particular de los pueblos, con una reina: la Pachamama; ayllu como pronunciamos en el altiplano, y dentro del ayllu: minga, ayni; o tequio como dicen en México al trabajo colectivo, la ayuda mutua, todos por todos. ¿No es el ayllu ese enjambre (con sus modos, artes, símbolos, amores, alimentos, tradiciones) del que tanto hablan hoy día en los algoritmos de la robótica?

Algo que aprender

Ahora, ¿ha visto usted un termitero donde un centenar de termitas se queden con 500.000 trocitos, mientras el resto se reparte medio trocito en el contenedor? ¿No debiéramos mirar con mayor atención, para saber cómo lo hacen?

En el plano ambiental, por el principio de precaución, decimos: si no estás seguros, no lo hagás. En el plano de la comunidad, por el principio de confianza, decimos: si no estás seguro, no lo destruyás. Y bien: qué suerte que el Canal Encuentro no fue destruido. Algo es algo.

Ahora, si la idea fuera romper todo porque nosotros somos civilización y lo otro barbarie, habrá que cuidar que en eso de empujar los huevos al vacío no se nos vaya el nido entero, como hemos visto.

Huelga decir que la veda electoral nos ha animado a pensar que las termitas pueden ser sinónimo también de trabajo comunitario, y las alas sinónimos también de parásitos. Paradojas de la vida.

En Paraná y aledaños los termiteros se cuentan por millones. Cualquiera que haya hecho una huerta los habrá encontrado a diez centímetros bajo la hierba. Su arquitectura e ingeniería es maravillosa. ¿Cómo lo hacen? No hay que ir muy lejos para admirar este modo de vida e inclinarse ante la sabiduría. Las fotos que acompañan esta columna son tomadas en termiteros extraídos por una quinta de lechuga en Colonia Avellaneda.

Pierre Paul Grassé estudió las termitas y le puso nombre a su trabajo asociativo, estigmergia, en 1959; se cumplen 60 años. ¿La estigmergia fue “descubierta” hace 60 años? No, no: la conocían y practicaban las termitas hace más de 100 millones de años, es decir, más de 100 millones de años antes que el ser humano se parara en dos patas. ¿Tendremos algo que aprender?

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