Frente al complejo escenario de desfinanciamiento nacional, la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) consolida un polo tecnológico de vanguardia. Con una inversión en equipamiento que supera los 2.5 millones de dólares, la institución se posiciona como el socio estratégico clave para el agro, la industria y la salud regional.
12:03 hs - Miércoles 03 de Junio de 2026
En un contexto donde el sistema científico nacional atraviesa uno de los desafíos presupuestarios más severos de las últimas décadas, la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) emerge no sólo como un refugio de conocimiento, sino como un actor económico y social determinante. Mientras el discurso público nacional pone en duda la utilidad de la ciencia, en los laboratorios de Oro Verde, Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Concordia, se gesta una revolución tecnológica con impacto directo en la vida de los entrerrianos.
Tecnología de frontera en suelo provincial
La reciente adquisición de equipamiento de última generación, en el marco de programas de fortalecimiento de I+D+i lanzados por el Estado nacional entre 2022 y 2023, coloca a la UNER a la par de las grandes capitales científicas del país. La iniciativa federal fue impulsada por el ya inexistente Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, denominada Equipar Ciencia I, II y III, con el fin de fortalecer la investigación científica mediante la adquisición de equipamiento de mediano y gran porte, con un fuerte enfoque federal.
Entre 2019 y 2025, la universidad entrerriana ha gestionado e incorporado tecnología por más de USD 2.500.000, una cifra que se traduce en capacidades reales para resolver problemas locales con un enfoque innovador y único en la región.
Una de las grandes ventajas: el tiempo
Un caso emblemático de esta expansión tecnológica es el de la Facultad de Bromatología en Gualeguaychú. Bajo la responsabilidad de la investigadora Mercedes Piaggio y del Laboratorio de Microbiología de Alimentos (LMA), se incorporó un termociclador de tiempo real, también conocido como Equipo de qPCR, una tecnología utilizada para detectar y cuantificar secuencias específicas de material genético. “El equipo identifica una secuencia determinada de ADN, la amplifica y registra esa señal a medida que la reacción ocurre” dice Piaggio, Responsable del Equipamiento. Esta tecnología permite obtener “resultados moleculares específicos y sensibles en tiempos menores que muchas metodologías convencionales”. El equipo, valuado en USD 39.650, amplía las capacidades locales para realizar análisis moleculares aplicados a alimentos, muestras biológicas, ambiente, salud animal, biotecnología e investigación. Por ejemplo, puede utilizarse “para investigar material genético proveniente de especies que no deberían estar presentes en un determinado producto” que la población consume, agrega Piaggio. En un mundo que exige estándares de inocuidad cada vez más estrictos, contar con esta capacidad en la provincia es una ventaja competitiva directa para nuestras industrias: “Cuando una empresa, un productor o una institución necesita respuestas sobre la calidad microbiológica o inocuidad de un producto, la universidad es un socio técnico” aportando conocimiento, equipamiento y capacidad analítica, asegura Piaggio. La incorporación de esta tecnología fortalece la capacidad regional para prevenir riesgos, responder con mayor rapidez ante situaciones sanitarias relevantes y acompañar a los sectores productivos con herramientas científicas actualizadas. El impacto no queda limitado al laboratorio: se proyecta en la vida cotidiana, y “fortalece la capacidad local para prevenir riesgos, desarrollando más confianza en productores y consumidores”, concluyó la investigadora.
La carrera de la innovación
Del mismo modo, la incorporación del Espectrómetro de Masas - Cromatógrafo de Gases (GCMS-QP2050) en el Laboratorio de Salud Ambiental de la Facultad de Ciencias de la Salud, en Concepción del Uruguay, permite detectar diversas sustancias contaminantes en agua, suelo, aire y alimentos con una precisión y exactitud sin precedentes en la provincia.
Hasta ahora, empresas e instituciones realizaban este tipo de estudios en otras provincias, demorando tiempos y acrecentando costos. Los servicios que presta este equipamiento son muy versátiles, permiten estudios de impacto y análisis ambiental, “al detectar contaminantes en aire, suelo y agua, pesticidas hidrocarburos”, señala Emiliana Orcellet, investigadora responsable del equipamiento. En cuanto a la industria alimenticia, “permite efectuar controles de calidad y detectar residuos de pesticidas, plaguicidas y aditivos”, así como en la industria farmacéutica, posibilita identificar “la pureza e impurezas de medicamentos”, agrega Orcellet que supervisa su ejecución en lo que serán análisis solicitados por la medicina forense en trazas de droga, alcohol y venenos.
El cromatógrafo funciona como una carrera dentro de un equipo altamente sofisticado: “la muestra se calienta (para poder evaporar sus compuestos) y viaja dentro de un tubo a través de una sustancia como si fuera una carrera, algunos compuestos avanzan más rápido y otros más lento; al salir separados, se identifican los tipos de sustancias” presenten en una muestra, asegura Orcellet.
No se trata solo de ciencia: representa una herramienta clave para la seguridad alimentaria y ambiental de las familias, así como un respaldo de certificación para las empresas exportadoras. “Muchos de los estudios que actualmente se realizan en otras provincias podrán efectuarse en la UNER, reduciendo costos de traslado y optimizando los tiempos de respuesta con certificación de calidad”. Este equipo constituye un importante salto tecnológico para la UNER y para toda la región, ya que es el único de estas características en la zona. Por ello, posiciona a la UNER con una capacidad instalada única y de alto valor estratégico.
Del laboratorio a la empresa: El caso Brevant
Los mejores estándares en sólo seis segundos
La vinculación tecnológica no es una promesa a futuro, es una realidad presente. En la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA), la cátedra de Producción de Granos trabaja estrechamente con la empresa semillera Brevant. “Contamos con un equipo de alta tecnología que basa sus mediciones en una porción de la luz (infrarrojo cercano) que pasa a través de la muestra, básicamente alimentos, granos, materias primas para procesar alimentos. Tiene la ventaja de que en solo 6 segundos nos permite conocer la composición química, como el contenido de humedad, proteína, grasas, fibras, almidón, cenizas, entre otros, para determinar básicamente la calidad del producto evaluado”, señala el investigador Octavio Caviglia, Responsable del Equipamiento. Se trata del Analizador Infrarrojo Cercano (NIR), la universidad brinda servicios de análisis rápido de granos y otras materias primas, permitiendo que el sector productivo tome decisiones basadas en datos precisos en tiempo real, optimizando la rentabilidad del campo entrerriano. “El equipo tiene como principal aplicación conocer la calidad de materias primas como de productos elaborados y eso es fundamental para realizar investigaciones sobre cómo varía esa calidad, por ejemplo, en función del ambiente (tipos de suelos, manejos, clima)” remarca Caviglia. Sobre todo, permite a sectores productivos e industriales, tomar decisiones estratégicas en términos económicos y, potencialmente, orientar las exportaciones con mejores estándares de calidad.
Las demandas de la industria de procesamientos de alimentos van a seguir creciendo en cuanto a la calidad. Por ejemplo, “el principal producto de exportación nacional en la actualidad, la soja, no está basado en estándares de calidad, pero se conoce que tanto en Argentina como en otros países del mundo, Estados Unidos, China y Brasil, los niveles de proteína se han reducido en los últimos años. Esto supone que la industria exija en el futuro próximo estándares de calidad mayores en cuanto al contenido de proteínas” señala Caviglia y asegura que es esperable que se empiece a pagar por este tipo de productos.
Mauricio García, es graduado de UNER y Responsable de Desarrollo de Productos en la empresa Brevant Semillas, trabaja en Argentina con cultivo de maíz, soja y girasol “permanentemente hacemos ensayos de técnicas de manejo que maximicen el rendimiento y la calidad de los productos que vendemos”. El equipamiento de UNER nos sirve para complementar los ensayos de investigación que realizamos en la compañía y validan la propuesta de valor de nuestras semillas”.
Algunos de los estudios que Brevant realiza con el equipamiento de la Facultad de Cs Agropecuarias, son los “ensayos de dinámicas de extracción y eficiencia de uso de nitrógeno donde el equipamiento mide proteína en grano para obtener datos de calidad, no sólo de rendimiento”, remarcó García. Otro de los servicios de avanzada que la empresa utiliza es un análisis sobre el cultivo de girasol que mide el porcentaje de aceite, ya que en Argentina es clave este dato para la rentabilidad del productor. Así como el estudio sobre la variación del componente de la calidad de la soja, según fechas de siembra, variedades y prácticas agronómicas de manejo, lo que resulta en un estudio inédito en el país y con un gran impacto para el sector.
Salud, producción e innovación con un pie en la ciencia
Este modelo de "ciencia aplicada" se replica en la Facultad de Ingeniería con la llegada de Sistemas biopotenciales portátiles para rehabilitación y el sofisticado Láser Pulsado con un valor de unos 100 mil dólares para microscopía no lineal. Javier Adur, Investigador y Responsable del Láser Pulsado, explica que comparativamente “un microscopio de escuela ve muestras muy finas en una determinada área que deben estar marcadas con algún colorante, con un Láser Pulsado podemos ver dentro de tejidos vivos, y observar procesos en tiempo real”.
El Láser permite observar tejidos vivos con una tecnología de élite que posiciona a Entre Ríos como referente en ingeniería biomédica y medicina regenerativa, colaborando con otras instituciones de prestigio como la UNL y el CONICET. “Una de las grandes ventajas es poder observar en tiempo real con información de distinto tipo, analizar los tiempos de vida con información metabólica, y obtener información estructural. Sus aplicaciones impactan en el estudio del cerebro donde se pueden observar neuronas activas, en la piel para observar procesos de regeneración y enfermedades, y es una herramienta de diagnóstico temprano para detectar tipos de cáncer. Además trabajamos en aplicaciones con el agro, estudiando tejidos vegetales y procesos biológicos claves”, señala.
Un escudo contra el desfinanciamiento
La apuesta de la UNER es audaz. Para los años 2025 y 2026, la inversión en bienes de uso, consumo y servicios proyectada supera los 120 mil millones de pesos. En un clima de hostilidad hacia el sector académico y científico, esta inversión funciona como un seguro de soberanía tecnológica. En este sentido, el desarrollo de plataformas científicas y de innovación con impacto regional, permite avances en los sectores productivos, sociales, y académicos.
"Cada dólar invertido en estos equipos es un paso hacia la soberanía tecnológica entrerriana. Significa que un productor de Villaguay o una clínica de Paraná no dependen de un laboratorio en Buenos Aires o en el exterior para innovar o diagnosticar", explica el Secretario de SCTi, Gabriel Gentiletti. La soberanía no se declama, se construye con infraestructura. “Estos equipos no solo atraen inversiones y generan divisas mediante la exportación y la transferencia de conocimiento; también retienen a los jóvenes científicos, a las capacidades humanas más desarrolladas en materia de investigación, evitando que el talento formado en las aulas, laboratorios y territorios, emigre por falta de herramientas y de visión de futuro”, concluyó Gentiletti.
En definitiva, la apuesta de la UNER demuestra que el desarrollo científico local es la mejor defensa frente a la crisis: una inversión estratégica que transforma el conocimiento en arraigo, autonomía productiva y soluciones reales para la región. Asimismo, el blindaje de la universidad pública a su sistema de investigación se convierte en la respuesta más sólida frente al desfinanciamiento. En tiempos donde se discute el valor de la ciencia nacional, la UNER demuestra con datos e infraestructura que la soberanía tecnológica es, ante todo, el derecho a decidir el propio futuro.