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Una reivindicación póstuma

Libro: Diálogo con el historiador y abogado Javier Garín, autor de “El último Perón, 40 años después”. La obra da una versión distinta sobre la última presidencia de Perón. Fue presentada el lunes en la Biblioteca Provincial.

Viernes 21 de Noviembre de 2014

El lunes, el escritor, historiador, y abogado de Derechos Humanos, Javier Garín, estuvo en Paraná para presentar en la Biblioteca Provincial su libro, “El último Perón”, editado por la Editorial Dunken y que ya agotó su primera edición.
Previo a la presentación, dialogó con Escenario, y sostuvo que al momento de su muerte, Perón no estaba en su ocaso político, desmintiendo las versiones que dan una imagen senil y conservadora del fundador del movimiento político más grande de la Argentina, escrito y publicado a 40 años de su muerte.

 


–¿Qué es lo que plantea en este libro?
–Es un libro que tiene una intencionalidad polémica, no pretendo ser el dueño de la verdad. Reivindica un periodo de Perón que está muy oscurecido, donde entiendo que hay una serie de mitos que se generaron en estos cuarenta años. Se decía que cuando el volvió a la Argentina ya estaba senil, o que sostenía una posición retrógrada y conservadora. En el libro yo sostengo que eso es todo mentira, todo sobre la base de testimonios de quienes trataron a Perón hasta el último momento de su vida, quienes dicen que estaba en una perfecta lucidez mental. Sostengo que las políticas que se llevaron adelante desde que asumió Cámpora hasta que falleció Perón fueron políticas antiimperialistas, emancipatorias. En su último discurso del 12 de junio de 1974 dijo claramente: ‘yo no vine a consolidar la dependencia , sino a trabajar por la liberación nacional’. Todas las políticas que llevó adelante así lo demuestran; yo hago un racconto en el libro: la nacionalización de la banca, la política de comercio exterior de granos, el romper el bloqueo a Cuba, una política muy latinoamericanista y tercermundista. Tuvo una clara intención de recuperar las tres banderas históricas del peronismo: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

 

 

 

–¿Qué cree que hubiera sucedido si Perón hubiera alcanzado a terminar su mandato?
–Creo que si hubiera vivido, aunque sea hasta el año 1975, habría resuelto los principales problemas políticos. El principal problema fueron los enfrentamientos entre la derecha ortodoxa peronista y la juventud Peronista, la llamada izquierda peronista, que desacataba su conducción. Con su proverbial habilidad política, lo hubiera logrado. He recogido testimonios de personas que participaron en la Juventud Peronista, en la Juventud Lealtad, y varios nucleamientos de la juventud que resultaban los más conflictivos, quienes coinciden en que Perón estaba intentando separar a la cúpula de Montoneros de la masa de militantes. Y a la larga hubiera tenido éxito para mantener encolumnado al movimiento a nivel nacional. Pero su muerte fue la señal para que salieran a pelear cruentamente, apelando a métodos de violencia para quedarse con el legado de Perón; eso fue aprovechado por la oligarquía para en el 76 lograr el golpe de Estado, que hizo tabla rasa de todas las conquistas sociales del peronismo.

 

 

 

–Quizás, uno de los problemas centrales fue el personalismo con el que se condujo Perón, ya que con su muerte, el movimiento se desorganizó.
–Eso es cierto, y es algo que afirmo en mi libro. El movimiento nacional era aluvional y tenía componentes de distintos sectores ideológicos que no compatibilizaban; y Perón actuaba como un árbitro. Había sectores del empresariado, de la clase obrera, de izquierda, de derecha. Fue su grave falencia, que en parte se debió a los 18 años de proscripción del peronismo, ya que Perón no pudo consolidar una construcción que pudiera reemplazarlo; y a eso él lo sabía, ya que lo manifestó en reiteradas oportunidades: ‘La organización vence al tiempo’, “No tenemos que seguir a los hombres sino a las ideas’, ‘en algún momento voy a tener que dar un paso al costado’, frases que dijo pero no pudo cristalizar. Creo que pensaba en eso, pero estaba desconectado del movimiento peronista real, mantenía una relación con la superestructura, pero no conocía al movimiento real que se había gestado en sus años de ausencia.

 

 

 

–¿Y qué pasa con las figuras de las que se rodeó a nivel político, como la misma Isabelita y López Rega?
–Yo mismo critico que haya ido con Isabelita como compañera de fórmula, pero si uno analiza, tampoco tenía muchas opciones. Se había barajado la posibilidad de que vaya con Ricardo Balbín, que era un hombre casi tan grande como él; pero si Isabelita no pudo conducir el movimiento peronista por la conflictiva interna que había, mucho menos lo iba a poder hacer un radical, que no iba a ser reconocido a la muerte de Perón.
El tema de López Rega es otra de las cosas que más se le suelen cuestionar a Perón, pero vemos que mientras él vivió, López Rega era una figura que tenía peso, pero que sólo hacía lo que Perón le permitía. Cuando Perón murió, se autonomizó, y empezó a dar rienda suelta a sus delirios represivos en torno a la Triple A. Sin embargo, se olvida que el crecimiento de López Rega fue, en parte responsabilidad de Perón, y en parte, de la izquierda, cuando la cúpula de Montoneros asesinó a Rucci. Ese fue un error fatal, ya que se pretendía extorsionar a Perón tirándole un cadáver sobre la mesa. Rucci no sólo era amigo de Perón, sino que le garantizaba el pacto social, el disciplinamiento dentro de la CGT. Rucci no era Lorenzo Miguel, a quien Perón no podía manejar, pero lo hacía a través de Rucci. Sumado a la toma del Regimiento de Sanidad Militar y el Regimiento de Azul por parte del ERP, Perón se vio obligado a inclinarse hacia el ala derecha del movimiento, porque estaba siendo hostilizado desde la izquierda. Pero él quería mantener la represión dentro de la legalidad.

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