Suplemento Aniversario 2022

Un universo de criaturas multicolores y majestuosas

En Pueblo Liebig, Entre Ríos, existe una de las colecciones de mariposas más increíbles del país. También se exhiben fósiles y hasta un huevo de dinosaurio.

Lunes 14 de Noviembre de 2022

La Entre Ríos profunda cautiva por las historias que todavía sobreviven en los pueblos y en las personas que los habitan. A veces es necesario detener el tiempo para contemplar pequeñas proezas de hombres y mujeres que quisieron dejar un testimonio, al menos un aprendizaje de lo valioso y efímero que es el mundo que nos rodea.

La historia que alimenta esta crónica transcurre en Pueblo Liebig, una localidad que supo de la grandeza de ser un polo fabril que alimentó a todo un continente durante la Segunda Guerra Mundial. Recostado sobre el majestuoso río Uruguay y sus playas, el pueblo atesora un pasado dorado y ligado a un desarrollo fabril que cobró tanta dimensión que llevó a la zona a trascender mundialmente. Esa podría ser la carta de presentación de Liebig, si es que se quisiera revalorizar la planta elaboradora de extracto de carne, pero hay muchos más atractivos en las calles de la tranquila localidad del este entrerriano.

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La exposición de mariposas es uno de los patrimonios culturales de mayor prestigio en Entre Ríos.

La exposición de mariposas es uno de los patrimonios culturales de mayor prestigio en Entre Ríos.

En la década del 50 el médico rural Mateo Zelich empezó a concretar su pasión por las Ciencias Naturales, primero como autodidacta y luego con la fortaleza de conocimiento científico sobre un universo de especies totalmente ignoradas por el resto de los mortales. Las mariposas fueron su obsesión hasta los últimos años de su vida: las comenzó a coleccionar cuando tenía 3 años, aunque esa misma pasión lo llevó a acumular caracoles, fósiles, un huevo de dinosaurio, reptiles, rocas, minerales y aves. Entre ese “bicherío” se fue criando Sonia, una de las hijas de don Zelich, que se fue enamorando del contacto cercano con esos seres vivos y otros que ya no lo están.

En el número 149 de calle Evans existe la mayor exposición privada de mariposas de Argentina, en cuyas vitrinas se distribuyen 2.100 especies y 4.700 ejemplares, un maravilloso universo para los sentidos que llevó 60 años de exploración y de trabajo artesanal. Muchas de las mariposas que se exponen se consiguieron mediante el intercambio con coleccionistas de otras partes del continente y de Asia. “Él siempre dijo que lo había hecho para aprender”, recuerda con orgullo la mujer, que heredó un museo lleno de mística y de sentimientos.

Se llama Butterflies y al recorrerlo el disfrute de los sentidos es permanente, porque a cada momento el estallido de colores y las formas extravagantes de los insectos no dejan al visitante perder un instante la atención. “En este momento están expuestas alrededor de 2.100 especies y 4.700 ejemplares. Hay una vitrina que es exclusiva de mariposas locales y después hay mariposas que son de distintas partes del mundo, donde se le dio prioridad a aquellas que son más vistosas, coloridas, más raras”, describió la entrevistada a UNO.

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La exposición de mariposas es uno de los patrimonios culturales de mayor prestigio en Entre Ríos.

La exposición de mariposas es uno de los patrimonios culturales de mayor prestigio en Entre Ríos.

El museo de Liebig

No fue de un día para otro que la colección de mariposas y de otros insectos quedó habilitada para el público. Recién en 2004, Mateo junto a su familia decidió compartir la colección en una vieja casona que habían construido los ingleses, situada en el barrio jerárquico, como parte del proyecto fabril que tenía como emblema al frigorífico Liebig.

“Él comenzó la colección de mariposas en la década del 50, criando especies de mariposas locales y así empezó a coleccionar mariposas de nuestra zona. Después con las mariposas que criaba fue haciendo intercambios con muchos otros coleccionistas de distintas partes del mundo para conseguir ejemplares de otros lugares. Estamos hablando de que a esa actividad la realizó hasta fines de los 90, que ya con su edad avanzada no pudo trabajar más con insectos”, sostuvo su hija al reconstruir una parte del legado familiar.

“Él, a través de coleccionistas de la Argentina, consiguió direcciones de algunos coleccionistas extranjeros y así fue haciendo los intercambios”, rememoró durante la charla. Es bueno señalar que usaba un método particular: intercambio por correo. No traía ejemplares de viajes, todo lo hacía por correspondencia.

El proceso de crianza de las mariposas está asociado a algunas técnicas artesanales y sobre todo al estudio de estas delicadas criaturas. A lo largo de su vida, Mateo Zelich había aprendido mucho sobre las características y el comportamiento de estos insectos, por lo que diseñó un criadero en su propia casa.

“Lo hacía en forma artesanal en algún espacio que tuviera en la casa. Después con el tiempo se habilitó un espacio especial para armar una especie de criadero. Es obvio que en un principio tenía que encontrar una mariposa hembra para conseguir huevos, así se comienza. Una vez que tuvo la posibilidad de tener orugas las empezó a criar, y ya después teniendo mariposas adultas conseguía para seguir haciendo la cría de las mariposas”, recordó la entrevistada.

Uno de los desafíos más exigentes dentro del mundo Butterflies es poder detener el inexorable paso del tiempo. Ocurre que entre las mariposas expuestas hay algunas que son centenarias, y es lógico que requieran de un exhaustivo proceso de conservación.

En efecto, es una técnica que consiste en el curado de las mariposas y que debe realizarse periódicamente “porque es material orgánico y es susceptible de ser atacado por parásitos, hongos y también para limpiar el polvo que se junta, donde hay ácaros y todo ese tipo de cosas que afectan en los museos”, dijo la responsable de la institución.

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La exposición de mariposas es uno de los patrimonios culturales de mayor prestigio en Entre Ríos.

La exposición de mariposas es uno de los patrimonios culturales de mayor prestigio en Entre Ríos.

Inventario y algo más

Basta con calcular la cantidad de mariposas acumuladas en las vitrinas para darse cuenta del trabajo monumental que habrá significado realizar un inventario con sus características: especie, origen, aspectos físicos, entre algunas de sus cualidades. Solamente para hacer un recorte de ese universo, hay que decir que son más de 80 las especies locales.

Si bien el principal atractivo son las mariposas, otros objetos valiosos reposan en las vitrinas a la espera de ser descubiertos por nuevos visitantes.

Mateo Zelich también acumuló fósiles, escarabajos, mantis, un huevo de dinosaurio (el único hallado en la zona) y hasta una roca lunar; y también le quitaba la ponzoña a las yararás y la enviaba para al Instituto Malbrán para que hicieran el suero antiofídico. Sonia también habla con orgullo de ese costado menos “marketinero” del museo: “También hay coleópteros, a los que la gente conoce vulgarmente como cascarudos; están expuestas las especies más grandes del mundo y los más vistosos”, ilustró.

En todo momento Sonia habla de la obra de su padre y de la curiosidad que lo movió a darle forma a una colección magnífica. Así surgió la inquietud por saber más sobre la casona donde funciona el mítico museo: “Es la casa donde vivió mi padre desde 1981; en Liebig la mayor parte de las casas que son originales de la localidad fueron hechas todas por los ingleses”, destacó.

La obra de Zelich, un tesoro aún poco conocido por los entrerrianos, revela el trabajo incansable de un médico rural que luego de atender a sus pacientes consagró cada minuto libre al estudio de la naturaleza y armó preciosas colecciones que hoy pueden visitarse.

Durante mucho tiempo se dedicó a criar papilios, nynphalidos, saturnidos, sfingidos, pieridos que son las variedades de mariposas típicas de Entre Ríos. Así podía obtener ejemplares de calidad para intercambiar por mariposas exóticas de los sitios más remotos del planeta.

“Mi padre había nacido en 1924 y falleció hace cuatro años, tenía 94 años. Lo que él hizo para lograr las colecciones es algo que hizo en su tiempo libre y lo hizo para aprender. No sólo se abocó al estudio de los insectos sino que también se dedicó al estudio de las aves, los peces, reptiles, mamíferos, caracoles, rocas y minerales, o sea todo, lo que tiene que ver con las Ciencias Naturales. En este momento se considera que la colección de mariposas es la más grande de Argentina”.

Descubrir la riqueza de tan majestuoso patrimonio vale una recorrida por el pintoresco Liebig. El visitante puede encontrar mariposas de belleza absoluta y un muestrario que revela la pasión del doctor Zelich por el mundo natural.

Una reliquia

Uno de los objetos más preciados entre las distintas colecciones quizás sea el huevo de dinosaurio petrificado que se exhibe intacto. Hoy se sabe que perteneció a un saurópodo, aunque resulta imposible identificar la especie porque no cuenta con el embrión dentro, se trata solo del cascarón. Su gran valor reside en ser el único huevo de dinosaurio encontrado hasta hoy en todo el Departamento Colón.

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Un gran aventurero

Hasta sus últimos días el doctor Mateo Zelich demostró su gran devoción por la naturaleza y el cuidado del medio ambiente. Un diario de Gualeguaychú mantuvo una entrevista con el profesional, quizás la última que haya concedido, donde repasó sus vivencias y contó el día que descubrió una especie de pájaro que hasta ese entonces se desconocía en el mundo científico y hoy lleva su apellido. Se trata del pájaro conocido científicamente como sporophila zelichi, un capuchino de collar blanco. El propio Zelich asegura que vio otras tres especies derivadas de esta, pero de collar negro.

Sus vecinos más memoriosos recuerdan que a don Mateo Zelich era común verlo de niño internarse en el monte vecino y regresar con los bolsillos llenos de misterios: semillas, insectos, mariposas… De joven fue un gran aventurero, y como muchos conservacionistas antes fue un experimentado cazador, especialmente de serpientes.

Don Zelich confesó en aquella entrevista que de niño en vez de ir a jugar a la pelota le encantaba ir a la biblioteca del pueblo y leer libros de Ciencias Naturales. Se definió como un gran admirador de Charles Darwin y asocia su vocación de médico a ese vínculo con la vida y la ciencia.

“Actualmente atesora una de las colecciones de insectos y mariposas más grande del mundo por su variedad y su rareza”, reseña el artículo de El Argentino.

Los colores de las mariposas coleccionadas dan cuenta de un mapamundi: hay de los cinco continentes y de los más recónditos lugares de la tierra. Madagascar, España, el Amazonas, India, Japón, China, Italia, Malasia, Perú, Bolivia, todas tienen nombres específicos que don Zelich las pronuncia como llamándolas para que vuelvan a volar.

Su vivienda en Liebig es singular y propia de este pueblo. De neto estilo inglés, desde la vereda un cartel orientador e indicador dice, a manera de recepción, “Butterflies”, y con esa palabra se construye el umbral o la anticipación de lo que este hogar guarda entre sus paredes.

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