Descubriendo Entre Ríos
Martes 18 de Diciembre de 2018

Un minuto de silencio por esas víctimas de tanta productividad

Crítica de las formas de producción de animales (y de noticias), desde la recuperación de miradas que no circunscriben la economía a los números

"Pollín-Pollito de lana/ (que hoy parecía de cera)/ de muerte fácil y entera/ se me murió esta mañana./ Cuando el sol recién nacido/ bañaba de luz el huerto,/ creí que estaba despierto,/ pero ¡ay! ya estaba dormido...".
"Paisaje vivo y sonoro./ Temblor de fronda dorada./ ¡Y allí su muerte, licuada/ como una gotita de oro!".
Son versos del paranaense José Eduardo Seri, y muestran con las connotaciones al alcance del poeta nuestra relación con la vida pequeña que en otros pasa inadvertida. Podría ser, claro, un pollito, un cerdito, un árbol, y por supuesto un niño. Sabemos los padecimientos de las mamás, por caso, que han sufrido un aborto; tantas que piden el derecho de dar un nombre al embrión malogrado.
Pollín tiene nombre y tiene quién lo quiera, quién lo llore. Tal vez su muerte fuera natural, pero si fuimos nosotros los que lo asfixiamos en una caja, entonces la pena será, claro, mayor aún. Sentiremos remordimiento.
Ahora pensemos en cinco mil gotitas de oro como Pollín, con 30 días más que Pollín, todos animalitos asfixiados por no soportar el amontonamiento en una jornada calurosa, ¿cuál será nuestro poema? Veamos: "Eran pollos que ya estaban para ir a faena, lo que permite estimar la gran pérdida económica", se lee en los diarios de esta semana, por un hecho que ocurrió en Avellaneda, en el norte de Santa Fe, pero que se repite cada año en el país.
Y el testimonio de uno los propietarios de la empresa: "dijo estar seguro que no fue ninguna falla humana, sino demasiado calor para la tecnología que allí aplican".
¿No fue ninguna falla humana? ¿Quién falló, entonces, el sol que no se adecuó a nuestros caprichos? ¿Quién aplica la tecnología?
Podemos entender, claro, lo que quiso decir el propietario: no hubo falla en los peones.
Claro, porque lo que falla es el sistema. Y ese sistema está planeado por ¿marcianos?

Las vacas
Los que estamos escribiendo esta columna no somos más sensibles que ese propietario. Sin dudas todos sentimos la suerte aciaga de cada ser vivo. Aquí tenemos la función, sí, de romper con esa naturalización propia de la productividad, que hace que aquella mujer o aquel varón que presencie una mortandad como la de Avellaneda no encuentre siquiera una rendija por donde expresar la consternación que provoca la escena. No es políticamente correcto decir que lloramos, y menos en una nota de "economía".
La muerte de los pollos es una noticia de tipo económico, y en un sistema donde lo económico parece circunscripto a la cantidad y la utilidad, entonces no habrá un espacio para las lágrimas, y tampoco para la crueldad del sistema.
Un mal medicamento generó una reacción inesperada en unos terneros que criaba un vecino de Larroque, y en minutos fueron cayendo, uno tras otro. Cuenta el vecino que se largó a llorar pero no por la pérdida en carne, en dinero, sino por la impotencia de ver morir a los animalitos, sin atinar a una respuesta. Lloraba de pena. ¿Hay lugar para esas lágrimas en nuestras noticias "económicas"?
Nuestras culturas no occidentales, las culturas milenarias de este suelo, ven la economía integral. No se engañan en números. La relación con el monte, el animal, la relación con las cosas, es otra.

Trabajo y galletitas
En un ensayo que expusimos en la Facultad de Economía este mes, explicábamos esa otra mirada de este modo:
"La economía no debe ser reducida, como de hecho suele suceder, a un problema de cosas o de bienes materiales", dice el autor Sebastián Castiñeira al analizar el don y la reciprocidad, y toma expresiones de Rodolfo Kusch. "Kusch pone de la mano de la economía no sólo el carácter social sino el hábitat, la ecología y la cultura, con lo cual complejiza mucho más la comprensión de la misma". Y luego agrega un ejemplo sobre la comunidad alfarera de Cochabamba en donde "la economía –y cita a Kusch- se resolvía sobre la base del tradicional sistema de trueque, los bienes eran producidos por el sistema de prestación o ayni".
Entonces sigue Kusch: "la economía era economía del trueque. Pero el trueque como sistema de prestación o ayni no se reduce a un mero intercambio binario de bienes materiales ligados a la determinación cuantitativa de quien da y quien devuelve. En el ayni se da el trabajo de mutua cooperación, es por ello que el sistema se denominara 'ayni ruway', que significa trabajemos juntos". Y aclara Castiñeira: "Trabajo que inclusive era acompañado en oportunidades por danzas colectivas".
"Para comprender la dinámica de esta economía se deberá saber que 'un objeto convertido en sujeto no es lo mismo que una cosa' (Kusch). Comprender –añade Castiñeira- en este sentido es más que conocer'".
Cerramos aquí esa reflexión que forma parte de un trabajo titulado Jubileo del tekohá, en el que recuperamos otra mirada de la economía. Allí, ni los demás seres ni las cosas son cosas separadas, sólo medibles según su utilidad. No. Y es fácil verlo: cuando compramos un paquete de galletitas industriales en el hipermercado, las repartimos como tales. Si es mamá la que trajo galletitas hechas con sus manos, la cosa cambia, se comparte de otra manera porque allí hay conciencia directa del amor, la dedicación, el esfuerzo. Galletitas, sí, pero no meras cosas.

Islas y galpones
Las crecientes de la cuenca del Paraná son naturales desde hace milenios. Hay casos muy recientes en que las aguas arrastran a mil, diez mil y hasta treinta mil terneros, vacas, novillos, toros. Los animales mueren por ahogamiento, hambre, cansancio, o porque se les desprenden las pezuñas. El panorama en las islas resulta entonces desolador.
¿No hubo fallas humanas? ¿Llenamos las islas de vacunos sin tener previsiones para bandearlas el caso de las crecientes?
Cada uno de esos animales vale por sí mismo, más allá de su utilidad. La cantidad nos confunde, nos engaña,
Otro ejemplo: "Murieron 800 cerdos por un incendio en un criadero. Ocurrió anoche en la localidad de Despeñaderos cuando dos empleados que soldaban el techo produjeron un cortocircuito en forma involuntaria. Las pérdidas son millonarias", se lee en un diario cordobés de abril pasado.
Las imágenes, espantosas. No hay modo de evitar la angustia por la suerte de esos animales, algunos de ellos todavía agonizantes con sus bocas abiertas. Pero la noticia no tiene una sola palabra sobre la tragedia de los cerdos, ningún testimonio que muestre la agonía de los animales, la pesadumbre de los testigos. "Las pérdidas son millonarias": esa frase suena, mirando desde otra perspectiva, a burla frente a la muerte bajo tortura que padecieron los animales.
Veamos el título de otro medio: "Una granja de Despeñaderos perdió 800 cerdos por un incendio. Sólo por los animales muertos, la pérdida ronda los 1,5 millones de pesos". Ahora, ¿la noticia es que la granja "perdió" 800 cerdos? ¿O que los cerdos murieron de manera horrible, más allá de quién los "perdió"?
¿Por qué ese galpón tenía material inflamable? ¿No convendría explicar mejor, tomar precauciones, para que las tragedias no se repitan a futuro? Más abajo se lee: "Si se tiene en cuenta que el precio del cerdo en pie ronda los 25 pesos, significa una pérdida sólo por la muerte de los mismos de más de 1,5 millones de pesos, a lo que hay que sumar los daños estructurales en el corral". Esta es una prueba más: la economía occidental no entrega un párrafo de conmiseración siquiera por los animales. ¿La economía no repara en sentimientos? ¿La piedad no es parte de la economía?

Cosas mecánicas
No nos asombra: la cultura occidental analiza los sucesos en compartimentos estancos, y por eso no los entiende. Por años hemos reprochado al pensamiento judío cristiano la teoría de la dominación del mundo. El papa Francisco admite en la encíclica Laudato si' que hubo errores de interpretación de la Biblia entre los mismos creyentes, y que lo que allí se lee es en verdad que el hombre debe proteger las diversas expresiones de vida en la tierra. Con ello queremos mostrar que en muchos ámbitos hay una renovada conciencia ambiental, aunque en la práctica mande la productividad, es decir: la cantidad.
Los cerdos de Córdoba eran muchos, como para verlos en su real dimensión. Si hubiera sido uno solo, una mascota, entonces hubiese tenido nombre y quién lo quisiera. Lo observamos con Pollín, el pollito de José Eduardo Seri. Si nos atenemos al peso no valía nada, pero el poeta evita los compartimentos y ve allí una "gotita de oro". Esa es la verdad.
La modernidad ha definido a los animales como cosas mecánicas, y cree conocer dividiendo, separando. Muy por encima de esa enfermedad occidental de los compartimentos estancos y del endiosamiento del hombre y el individuo, otras culturas del mundo entienden el buen vivir en armonía, las vidas complementarias, la comunidad, la disciplina de la mínima invasión, los símbolos que trascienden tiempos y fronteras; y no separan para conocer. Allí nada es tan chiquito, nada tan grande, nada tan solo, nadie tan propietario. "Era yo un río", dice Juan Ortiz para graficar el momento de conocer el río.

Revisar los métodos
Es obvio que en el mundo existen accidentes, aún en los lugares con mayores prevenciones. Aquí estamos señalando que el encierro, el amontonamiento, y el trabajo a veces con alguna desidia, multiplican los riesgos. Y también señalamos que, una vez ocurrida una tragedia, la noticia principal está en el sufrimiento de las víctimas. No se trata de caer en descripciones morbosas, nada de eso, lo que corresponde es mirar integralmente la escena y poner en cuestión nuestra jerarquía de valores.
Si seguimos así, cuando muera una familia en la ruta diremos: según la edad de los fallecidos y sus oficios, la policía calcula que las empresas perderán una plusvalía de 5 millones de dólares en los próximos diez años...
Las noticias nos convocan a revisar los métodos de la producción, y los métodos de las noticias. Quien esto escribe ha sido tambero y periodista en toda su vida, de modo que no está afuera del sistema de producción de alimentos y noticias, ni se siente eximido de responsabilidades. La productividad apura, abarata, exprime, amontona, así en el gallinero como en las redacciones.
En ese apuro y en esa voracidad descuidamos también el hábitat del monte y el río, y la seguridad en la ruta, y esto corre tanto para las personas como para los demás compañeros de ruta.
En recuadro aparte, un poema titulado Fiestas humanas, de Urugua Hu, que pone en tensión la mirada común en torno de los animales, sea para la producción como para las fiestas que podrían ser con ellos, y son contra ellos. Las fotos nos incomodan, claro, ¿y la realidad?
Mientras sostengamos la cultura carnívora a pesar de las demostraciones fehacientes de que otro sistema no sanguinario es posible, podemos empezar por pedir permiso, agradecer, y respetar modos, ámbitos, relaciones, espacios, de los que nos preceden por milenios. El mismo José Eduardo Seri, periodista y poeta, sabía celebrar las pequeñas cosas que en sí contienen el mundo. "Y el hilito de agua/ que exhibe con el sol/ su fresca y reluciente/ lengüita de charol./ Y el granito de arena/ que, como el de la sal,/ revela un diminuto/ planeta de cristal".
Ese es el mundo que está oculto en este reino de la cantidad, en el que unos creen que tienen razón porque son más, y otros se adjudican la razón por tener más. Las noticias suelen quedar aquí entrampadas entre kilos, unidades, valor económico, votos, sin un párrafo para lo central: la vida, la salud, la sensibilidad humana, la armonía, la verdad. Noticias tan entre rejas como pollos y cerdos.




Fiestas humanas

fiesta del caballo, foto del hombre
afirmado en las verijas con dos clavos
y un latigazo en el cogote

fiesta del ternero, foto del hombre
hamacándose en el cuero tierno
con una marca de fierro que vuelca fuego

fiesta del pollo
foto de una olla de fundición
volcán, pollo descuartizado, hirviendo

fiesta de la gallina ponedora,
foto de una interminable hilera
de jaulitas de alambre en perspectiva
con picos salientes que preguntan

fiesta del surubí
millar de lanchas con nosotros
lanzando anzuelos a dos bandas
y uno con la sonrisa orgásmica para la foto
del terror de un surubí que se asfixia

del chancho, fiesta, récord de chanchos
crucificados a las brasas
y más récord de cabezas en exhibición

fiesta del cordero, foto roja
pero roja a chorros
de quince baqueanos que han tocado a degüello

las fiestas son la luz
de un templo traslúcido que chorrea en cascadas
mis vergüenzas

Urugua Hu

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