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Un entrerriano en Hong Kong contó cómo viven el acecho del coronavirus

Adrián Peto es oriundo de Libertador San Martín y hace cinco años reside con su familia en Asia. "Acá ya no se consiguen barbijos", advirtió.

Miércoles 05 de Febrero de 2020

Adrián Peto tiene 43 años. Nació y creció en Libertador San Martín, y hace cinco años se mudó a Guidi, una ciudad de China continental, junto a su esposa Natalia. Allí nacieron sus dos hijos, Nicolás, de 4 años, y Abigail, de 2, y desde 2019 residen en Hong Kong, donde esta semana se registró la segunda muerte por coronavirus fuera de China continental: antes había fallecido un habitante de Filipinas.

“Estamos a 18.819 kilómetros de Paraná en línea recta. Yendo en avión con escala en Estados Unidos, son 30 horas de viaje más o menos; esa es la ruta más rápida que hemos conseguido”, contó a UNO.

A su vez, señaló: “Es la segunda vez que con mi esposa estamos en Asia. La primera fue de 2004 a 2005. Y en esta oportunidad pudimos venir a vivir acá por un proyecto evangelístico misionero: nos consultaron si queríamos volver a participar de una experiencia misionera fuera de nuestro país y los dos dijimos que sí. En China continental la libertad religiosa no existe, por lo tanto nuestro trabajo allá fue mucho más limitado. Acá en Hong Kong existe libertad de culto y de expresión, así que soy pastor en una de las iglesias adventistas”.

Desde hace varios días Adrián trabaja en su domicilio, evitando ir a la oficina donde lo hace generalmente, por expresa solicitud del gobierno del país en el que reside para prevenir posibles contagios. “El coronavirus ha impactado mucho en lo que es la vida diaria, las rutinas, el no poder ir al trabajo. El gobierno de Hong Kong ha pedido que todos empleados públicos y privados que trabajen desde sus casas, así que hay muchos lugares y negocios cerrados. El sábado tuve que moverme en subte para ir a la iglesia y estaba vacío, pude viajar sentado, cosa que acá nunca ocurre”, explicó.

Asimismo, advirtió: “Este virus está afectando mucho a Hong Kong y, si bien es peligroso, la gente es bastante paranoica. Fuimos a un supermercado la semana pasada y muchos productos habían desaparecido de las góndolas, y es una cuestión que ya raya con la exageración. No hay más barbijos en la ciudad y cosas así”.

“Se está tratando de combatir y se ha dicho que hubo un par de casos de coronavirus en Hong Kong, pero por ahora no ha habido noticias de más contagios; en ese sentido gracias a Dios por lo extra cuidadosos que son”, dijo, y manifestó: “Se dice que el sábado va a ser el pico del coronavirus y se sabrá qué pasará en el futuro, cuántos contagiados hay y demás. Así que por ahora no sabemos bien qué determinación va a tomar el gobierno en cuanto a los que trabajamos en oficinas y qué ocurrirá con las escuelas, porque acá estábamos en vacaciones de invierno y en febrero ya tendrían que haber retomado las clases, pero se han pospuesto hasta el 2 de marzo. Son medidas que se toman buscando prevenir lo más que puedan para que no haya mayores contagios”.

Una cultura diferente

Adrián contó a UNO cómo es la vida en China y en Hong Kong: “En China continental se habla chino mandarín y acá en Hong Kong se habla chino cantonés, un idioma totalmente diferente y no se entienden entre ellos, aunque escriben similar, porque usan casi los mismos caracteres. Así que el idioma es una barrera muy grande”.

A su vez, señaló: “Es un desafío vivir por aquí. De todas maneras, Hong Kong es una ciudad sumamente internacional. Fue colonia inglesa hasta hace menos de 30 años, así que es un lugar al que es muy fácil mudarse, ya que los carteles están en cantonés y en inglés. Hay muchos extranjeros, la mayoría de habla inglesa, mucha gente que habla francés y después numerosas personas de otros países de Asia”.

Por otra parte, opinó: “Si bien culturalmente todo es diferente, porque el chino tiene otra cosmovisión, otra forma de ver la vida, al ser tan cosmopolita la ciudad nos sentimos cómodos. No hay una diferencia que nos afecte demasiado, aunque obviamente uno extraña la familia y los amigos”.

“La vida en Hong Kong es muy confortable, hay mucha seguridad y eso nos encanta. En China continental y en Hong Kong no hay asaltos y prácticamente tampoco hay crímenes. Hace un par de décadas se erradicó la mafia violenta que había en Hong Kong y que hasta entonces era muy fuerte. Hoy eso no existe y es una ciudad en la que uno puede andar por la calle en cualquier horario”, sostuvo.

Respecto a la gastronomía, mencionó que se pueden adquirir “prácticamente los productos que uno consumiría en Argentina”, y aclaró: “Nosotros no somos de comer carne ni de tomar mate, pero yerba se consigue. A lo mejor no están nuestras marcas de mayonesa por ejemplo, o los alfajores no existen acá, pero muchas otras cosas sí se pueden encontrar, así uno no extraña tanto la patria”.

Si bien sus dos hijos nacieron en China continental, explicó que no tienen la ciudadanía de ese país: “Tanto Nicolás como Abigail nacieron en China continental, pero no son chinos porque el gobierno chino tiene una política que establece que la nacionalidad de los hijos es por la sangre de los padres. Como mi esposa y yo somos argentinos, ellos solamente tienen el certificado de nacimiento chino, pero son argentinos por opción, que es una figura que tiene nuestro gobierno. Usan sus documentos y pasaportes como si hubieran nacido en Argentina”.

Por otra parte, refirió que en Hong Kong se comparten costumbres con China, como el festejo del año nuevo, y advirtió: “A diferencia de China, en Honk Kong no rige la restricción respecto a tener solo un hijo, así que muchas familias tienen dos. Sí se mantiene la cultura de que los dos integrantes de la pareja trabajan arduamente, y en la mayoría de las casas de familias honkonesas tienen empleadas domésticas con cama adentro: sobre todo provenientes de Filipinas. Por eso la comunidad filipina en Hong Kong es enorme y hay como una subcultura; literalmente son ciento de miles de señoras que dejan sus casas, sus familias, y trabajan acá para mandar el dinero a los suyos. En su día libre se juntan en las plazas y otros lugares, charlando, comiendo, haciendo su vida”.

Adrián aseguró que con su esposa aprendieron a adaptarse a cada lugar donde les tocó vivir, y reflexionó: “Nos hemos mudado varias veces. Es todo un desafío para nosotros vivir acá, pero nos gusta y lo disfrutamos, aunque obviamente extrañamos a nuestra familia y nuestros amigos que están en Argentina, por las vivencias compartidas, los recuerdos y muchas cosas que uno ha construido a lo largo de la vida. Pero hoy en día con la tecnología uno puede estar comunicado y en ese sentido se hace mas fácil”.

Por último, comentó: “Dios nos ha dado la bendición de poder viajar una vez por año a la Argentina y estamos un mes aproximadamente visitando a los amigos y la familia. Vamos en diciembre, enero o febrero: en Hong Kong es invierno en esa época”.

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