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Un corazón que late al ritmo del martillo y el yunque

El cuchillero y forjador Juan Manuel Mistrorigo nos abrió las puertas de su taller para enseñarnos las distintas técnicas y secretos de este arte milenario. Nos habló del temple del acero y de las bellezas que descansan en las vetas del mítico metal. MIRÁ EL VIDEO

Viernes 05 de Abril de 2019

Juan Manuel Mistrorigo profesa uno de los oficios más antiguos, es fabricante de cuchillos artesanales. Ninguna de sus piezas es igual a otra y, a diferencia de otros artesanos, utiliza la técnica de la taracea, un trabajo en el que se emplean piezas cortadas de distintos materiales (madera, concha, nácar, marfil, metales), que se van encajando en un soporte hasta realizar el diseño decorativo. Es un trabajo de incrustación. Entre unas piezas y otras hay un efecto de contraste que depende del color y la característica del material empleado. No heredó el oficio. Su padre era relojero y hacía "algo" de joyería. Pero él de chiquito ya tenía una predilección especial por los cuchillos.


Creció en cercanías de la Base Aérea, en Paraná, cuando aún era una zona muy poco poblada y todo era campos. En su casa había animales, y como ellos no tenían pasturas, él era el encargado de sacar a pastorear a los vacunos a la calle.


En eso andaba cuando conoció a unos inmigrantes alemanes que se habían instalado en ese sector de la ciudad. Se dedicaban a la herrería, reparaban arados, carros y otras herramientas. "Mi locura era ver como utilizaban la fragua. Ayudaba a darle manija, observaba todo. Siempre les pedía que me enseñasen a hacer un cuchillo, pero ellos no se dedicaban a eso... hasta que un buen día los convencí", relató el entrevistado. Tenía en ese entonces 13 años.

"La vida me fue llevando hacia otro lado, hice el servicio militar, fui zapatero y realicé otros oficios que nada tenían que ver con la cuchillería; hasta que en un momento dado tuve un problema fuerte de cintura y me obligó a estar mucho tiempo sin moverme. No sirvo para quedarme sin hacer nada, así que busqué una piedra y sentado, comencé a hacer un cuchillo", dijo a UNO mientras mostraba su taller y su oficio.


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Con el tiempo, Juna Manuel compró un yunque y otras herramientas necesarias y siguió con la fabricación de las piezas, pero lo hacía por hobby. "En ese momento con mi hija estábamos muy relacionados con agrupaciones gauchas, pero era como nuestro pasatiempo. En 2003 volví a instalar un taller de calzado, pero me encontré con que todo había cambiado, el calzado era distinto, con mucho plástico y sentí que estaba fuera de foco. Mientras estaba en la zapatería y para matar el tiempo empecé a afilar un cuchillo, en un momento entró una mujer y me preguntó: " '¿Afila?', le iba a decir que no, pero me arrepentí. Cuando menos acordé, terminé por dejar el taller de calzado y empecé a perfeccionarme en cuchillería", detalló el entrevistado.


Técnicas diferentes


Desde tiempos inmemorables el hombre forjó su destino creando herramientas, una de las primeras y más importantes fue sin dudas el cuchillo, primero fue con piedra volcánica luego de hierro, bronce, acero, cada cuchillo es símbolo de una época y de una cultura.

El alma del cuchillo es el acero, y ahí está la ciencia de la cuchillería porque tiene dos aspectos: una parte de arte y otra de ciencia. La parte de ciencia se relaciona con la siderurgia, porque hay que conocer la dureza y las cualidades que tienen los aceros. El acero es la parte funcional del cuchillo, la que tiene que cortar y servir. Después está la otra parte, el aspecto artístico o visual. Ahí entran otro tipo de materiales, como la madera y el cuero. Además, hay muchos materiales que se usan para el cabo, que tiene una parte funcional, el agarre, y le aporta la belleza. Por último, está la platería, que viste a esta herramienta.

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Existen diferentes técnicas. La más habitual para fabricar cuchillos es por desbaste, primero se dibuja en el acero la hoja que se quiere hacer, se corta con la amoladora y luego se trabaja a mola o lija hasta darle la forma deseada. Por último se hace el pulido, también a mano.


La otra técnica es por forjado, se lleva la pieza a la fragua a una temperatura de 800, 1.000 o 1.200 grados, temperatura de caldeo. Después, se la coloca sobre una bigornia y se la estira con una maza, cuando se enfría se la vuelve a calentar hasta logar el largo deseado y a partir de ahí se hace lo mismo que con el desbaste, se dibuja sobre la hoja, se corta y se empieza a moldear.

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Para derribar mitos


No es cierto que se pierde la amistad si al regalar un cuchillo, el homenajeado no le da una moneda a cambio. En general la gente piensa que se trata de una cuestión monetaria, pero con entregar un botón ya sería suficiente. "La amistad se pierde si le hacés una macana al amigo. Es un mito que viene de los griegos. Dicen que con punta corta y lo romo vuelve, de ahí que, con entregar algo que tenga esa forma, ya es suficiente", explicó Mistrorigo.


Es común encontrarse con personas que evitan lavar los cuchillos. "No se puede no lavar un cuchillo, porque se llena de bacterias. El secreto está en secarlo bien y nada más. No es verdad que la grasa del asado no lo deja oxidar, porque en general contiene sal y justamente provoca el efecto no deseado", agregó.

El artesano recomendó cortar en tablas, nunca en teflón, ni mesadas. Tampoco se debe "tirarlo" en el cajón de los cubiertos, porque dependiendo de la forma en que caiga se puede mellar.


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Los domingos, un placer


De lunes a viernes Juan Manuel se dedica al afilado de cuchillos de todo uso y tijeras de jardín, cirugía, manicuría. También restaura elementos antiguos de coleccionistas. "De eso vivo", dijo. Pero los sábados y domingos no hace cuchillos comerciales (o de batalla, como él les dice), se dedica a los cuchillos que considera especiales. "Los mejores cuchillos los hago un domingo. Algunos amigos me preguntan acerca de cuándo voy a descansar. Les contesto que estoy descansando, porque estoy haciendo algo que realmente me apasiona", contó.


Cada año participa de distintas exposiciones en Neuquén, Mendoza, en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho y la tradicional Fiesta de la Artesanía en Colón. Éste 2019 le sumará una exposición en Paysandú (Uruguay), el mes que viene.


"A mí me identifica la técnica de la taracea, que son muchas maderas que pegan, se corta y se les va dando forma. Llevan cientos de maderitas y la vaina de madera. Son pocos lo que utilizan la técnica, lleva un tiempo impresionante", contó. "Hacer un taco de taracea para luego hacer la vaina y el cabo, si bien no ocupas el día entero, lleva muchos días. Una hoja por desbaste terminada, pulida, no menos de una semana y después armarlo. Depende del cuchillo, pero terminar algunos te puede llevar un mes".

Entre los "mimados" tiene uno que fue reconocido por el experto en cuchillos, espadas y acero damasco, Mariano Gugliotta, oriundo de Buenos Aires, y quien fue el primer argentino en aprobar el examen de corte y flexión de la American Bladesmith Society.


También otro que logró un primer puesto: "Por esa pieza gané el primer premio en el concurso de Arte y Diseño en la escuela de Arte de Berazategui el año pasado. Fue por darle un toque distinto. Tiene mas de 40 clases de maderas, hueso, pernos de madera hechos en forma de lunares, incrustados en el hueso", contó mientras mostraba su arte.


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Hay creaciones más rústicas. "Son locuras mías. Cuchillos con mango de quebracho colorado combinado con hueso y una hoja que tiene más de 100 años", dijo a modo de ejemplo.



En 2017 hubo concurso de talladores con motosierra en la Fiesta de la Artesanía en Colón. Era el año de juguete y les dieron a los artesanos todos los durmientes que habían quedado del momento en que se desarmó el puerto de Colón. Era para que hicieran calesitas y juguetes de madera. Ellos tiraban parte de la madera que les sobraba y Juan Manuel las iba juntando. Tiempo más tarde se enteró que esos durmientes habían estado más de 160 años bajo el agua. "Colón se fundó en 1863 y el puerto estaba de antes", explicó.


Ellos tiraban parte de la madera que les sobraba y Juan Manuel las iba juntando. Tiempo más tarde se enteró que esos durmientes habían estado más de 160 años bajo el agua. "Colón se fundó en 1863 y el puerto estaba de antes", explicó.

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"Lo que se siente no se explica"


Juan Manuel Mistrorigo disfruta de su trabajo. Su taller es su lugar, su refugio. Además hace huerta, tiene pollitos, conejos y un patio grande con árboles y plantas de mates, en su casa de San Benito. El comercio lo mantiene en calle La Paz, a metros de Misiones.



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Para el cuchillero es fundamental que se introduzca a los jóvenes en un oficio. "El año pasado un amigo, que es juguetero, tenía su stand frente al mío, repleto de juegos de madera Se acercó un niño, lamentablemente poco educado, y le preguntó:¿Ésto que hace? ´No hace nada, más que permitirte a vos inventar tu propio juego y usar tu imaginación´, le contestó él".

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"Es muy difícil definir lo que hacés si no le ponés pasión y amor. En los últimos años se perdió la pasión por cualquier oficio y yo siempre digo, si vendés diarios, tenés que ser el mejor canillita. La gente ve tu producto y te pregunta cuánto vale. No les interesa saber sobre lo que se siente al fabricar un cuchillo, al verlo terminado, al agregarle valor. Tenes que sentir, lo que se siente no se explica, algo hagan, Con este trabajo no te haces rico, pero tampoco te vas a morir de hambre y vas a tener la plena satisfacción de estar haciendo algo que te gusta", aseguró.




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