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Un cementerio histórico que busca unir el pasado con el siglo XXI

Concepción del Uruguay ante el desafío de adaptarse a las nuevas costumbres funerarias y convertir su necrópolis en museo a cielo abierto.

Sábado 11 de Enero de 2020

Con el cambio propio que inducen los tiempos, los cementerios han ido transformando aquellas antiguas imágenes sombrías y silenciosas para abrir todo un espacio que ya no refleja únicamente aspectos vinculados a la muerte, sino que habla de tradiciones, arquitectura, arte, religión y, sobre todo, de historias.

En Concepción del Uruguay se ha puesto en marcha un plan de trabajo que apunta a adaptar este lugar a las nuevas costumbres funerarias, sumando infraestructura, modernizando funcionamientos y generando las condiciones para el trabajo dinámico de un lugar central de la ciudad.

Como parte de esta iniciativa, también se busca fortalecer el lugar como parte del patrimonio histórico de la ciudad ya que aquí están las tumbas de hombres y mujeres que han marcado momentos trascendentes de la vida institucional y social, no solo de La Histórica, sino también de Entre Ríos y Argentina.

El miércoles está prevista la llegada a la ciudad de la presidenta de la Red Argentina de Cementerios Patrimoniales, Ester Lucía Camarasa; el objetivo es recorrer las instalaciones del cementerio local y analizar los cambios que sufrió el lugar a lo largo de los años.

Esta visita se enmarca dentro del plan que ha decidido otorgar al cementerio un rango de verdadera importancia histórica y ha puesto a la arquitecta Ana Almeida, una reconocida profesional e investigadora de la ciudad, al frente de la organización y mantenimiento de este espacio.

“La consigna del intendente Martín Oliva fue muy clara cuando me llamó, se busca tener un cementerio con un funcionamiento de excelencia, adaptado al siglo XXI y de acuerdo a las nuevas costumbres funerarias. No es que las cosas se hayan hecho mal hasta ahora, cambiaron las costumbres, y debemos estar a la altura de las circunstancias. A modo de ejemplo señalamos que hoy el cementerio no tiene cinerario, el único que hay en la ciudad está en la Basílica, pero todos aquellos que no son católicos no tienen lugar donde depositar sus cenizas”, señaló Ana Almeida, flamante coordinadora del cementerio municipal.

En este mismo sentido señaló: “El proceso de transformación que llevamos adelante implica una serie de etapas donde abordaremos la parte funcional, la puesta en valor del lugar, y finalmente, todo el proceso que demanda una declaratoria del cementerio como Museo a Cielo Abierto de Concepción del Uruguay. Debemos trabajar para que el cementerio no quede obsoleto, hay que dinamizarlo, restaurarlo, establecer nuevos parámetros para el trabajo, en eso estamos y así avanzamos”.

Historia

En 1993 el Concejo Deliberante de Concepción del Uruguay sancionó una ordenanza que declaró al cementerio como Construcción de Interés Histórico Arquitectónico a todo panteón existente en el cementerio municipal, y cuya construcción sea anterior al año 1940.

Con este antecedente, Almeida destacó: “Queda un largo trabajo por delante para reorganizar el archivo, poner en valor las tumbas que fueron declaradas históricas a través de un decreto provincial, pero también tenemos que anexar muchas tumbas de personalidades locales a esa declaratoria histórica”.

Antes de ser funcionaria, Almeida ya trabajó en forma particular junto a la Red Argentina de Cementerios, a la que sumó a la necrópolis uruguayense. También participó de encuentros latinoamericanos y europeos dedicados a preservar estos espacios.

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Almeida resaltó aspectos poco conocidos del camposanto uruguayense: “Las ocho hectáreas que ocupa el cementerio están regidas por una cartografía funeraria de raíz francesa de mediados del siglo XIX, donde hay un desarrollo del núcleo monumental y de la parte del bosques de cipreses, tipas blancas y acacias donadas por Dolores Costa de Urquiza en 1873”.

La Red Argentina de Cementerios trabaja en unión con coordinadores y autoridades de otros cementerios del país y de Latinoamérica para tratar de valorar los espacios, refuncionalizarlos según las costumbres lugareñas y adecuarlos a las medidas de higiene y seguridad que demandan las normas vigentes.

Con este trabajo coordinado se busca fomentar el reconocimiento de los cementerios argentinos como espacios de memoria donde se reconozca su valor patrimonial. Almeida forma parte de esta red desde hace bastante tiempo, y ahora como funcionaria a cargo del cementerio municipal, resaltó que la Red de Cementerios es una entidad totalmente autónoma, sus cargos son ad honorem y es un espacio de consulta de los gobiernos locales que intentan preservar sus cementerios y transformarlos en lugares de visita, por la historia que guardan.

“Es un trabajo interrelacionado. Siempre se busca asesoramiento, materiales, experiencias, y todo lo que conlleve a resignificar estos lugares” explicó la funcionaria municipal, quien busca entre otras cosas resignificar la historia nuestra a través de la necrópolis.

Avances

En el corto plazo Ana Almeida propone la reformulación del cementerio desde las nuevas costumbres. “Antiguamente veíamos importantes ceremonias con las pompas fúnebres y hoy ya no se usa esa costumbre, por citar un ejemplo”, sostuvo la profesional.

Se espera a su vez generar un proyecto integral de conservación para mejorar su aspecto y calidad de servicios, tales como la reparación de los desagües pluviales, construir cinerarios y lugares más pequeños para las reducciones, como también osarios individuales y esencialmente mejorar aspectos de higiene y seguridad laboral para encarar desde otra perspectiva los variados trabajos funerarios.

Por medio de una labor coordinada se buscará fomentar el intercambio de ideas, experiencias y conocimientos sobre cementerios a nivel local, regional e internacional, y mantener una comunicación fluida y libre entre todos aquellos que desarrollan trabajos de investigación, gestión, extensión y otras actividades relacionadas con el ámbito funerario en la República Argentina

Un siglo y medio de historia

El camposanto de Concepción del Uruguay ha tenido ya varios lugares de asentamiento. El inicial obedeció a la demarcación fundacional española tradicional que disponía como espacios centrales de todo nuevo asentamiento un lugar para la Plaza Mayor y a su alrededor los edificios públicos más importantes.

Ello llevó que al fundarse la ciudad, don Tomás de Rocamora delimitó los solares correspondientes y el emplazamiento del primer cementerio fue frente a la hoy plaza General Francisco Ramírez.

Debido a que la ciudad fue creciendo, a fines del siglo XVIII aparecen los primeros inconvenientes al estar en un lugar céntrico. En 1805, una cédula eclesiástica determinó que los cementerios se construyan, en adelante, en lugares apartados de la ciudad por razones de “salud pública y mayor decencia del templo”. Con el fin de dar cumplimiento a esta orden se trasladó hacia donde funcionara años atrás la capilla de Almirón.

Más tarde se dispuso en un predio lindero a la antigua iglesia ubicada en lo que hoy se conoce como barrio La Concepción.

Hasta mediados del siglo XIX este cementerio al sudoeste de la ciudad cumplió sus fines, pero las autoridades de entonces vieron la necesidad de elegir un nuevo solar: así se habilitó el actual a fines de octubre de 1856 y el padrino fue el general Justo José de Urquiza.

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