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Túneles de Paraná, enigma sepultado y fuertes controversias

Paraná, la ciudad que nunca fue fundada, esconde un misterio subterráneo. Dos teorías enfrentadas abordan un tema que nos interpela y fascina

Lunes 12 de Abril de 2021

Paraná, que brilló como Capital de la Confederación, todavía no se pone de acuerdo con su historia. Por algún mandato desconocido siempre tuvo problemas de identidad, tal vez porque nunca fue fundada, y su idiosincrasia se terminó moldeando a imagen y semejanza de sus habitantes. Hechos, sucesos y acontecimientos fueron forjando la ciudad que hoy conocemos. Es la memoria viva de una ciudad que asimiló sus propias contradicciones, más allá de que muchas veces reniegue de su propia historia.

En esta revisión del pasado y del presente, podríamos situar el caso de los túneles históricos de Paraná, la teoría de sus acérrimos defensores y, en la vereda contraria, la corriente de pensamiento que les quita cualquier fundamento científico. Según la primera escuela, la historia oficial de Paraná está imbuida de una construcción discursiva escrita desde Buenos Aires. Testimonios de la tradición oral afirman que esta capital estaba comunicada a través de un sistema de túneles, los cuales recorrían lugares estratégicos y a lo largo de varios kilómetros. Las excavaciones que sucumbieron ante el desinterés del poder político, material fotográfico que acredita la existencia de los conductos y hasta investigadores que le dedicaron su vida, forman parte de un enigma que hasta hoy fascina a muchos paranaenses. También hay quienes sostienen que los túneles no son más que parte de un mito urbano sin demasiado sustento. Podría decirse que la discusión enfrenta a dos modelos de pensamiento respecto de los orígenes de Paraná, su desarrollo urbano y social, entre otros aspectos.

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Julio Ruberto habla con pasión y entusiasmo de los túneles sepultados debajo de la geografía urbana paranaense. El lugar elegido para la entrevista es la plaza Sáenz Peña, un paseo que guarda anécdotas de los viejos conductos y que reivindica la figura de Miguel Ángel Mernes. “Fue el que puso sobre el tapete a los túneles. Resulta que en la revolución del 55, él estaba haciendo el servicio militar en los cuarteles del Ejército y vino con oficiales y suboficiales hasta la plaza Sáenz Peña, a través de los túneles. Cuando llegan acá los toman prisioneros porque el gobierno de la Revolución había triunfado; ellos se suponía que eran fieles al Gobierno. Quedó como la anécdota, pero te da la pauta del tramo de túneles que recorrieron: desde los Cuarteles, lo que hoy es el hospital Militar hasta la plaza Sáenz Peña”, graficó el profesor y titular de la ONG Rescate de la Historia.

El investigador afirma que la ciudad tiene a la vista claves arquitectónicas que aluden a la existencia de las construcciones que hoy se volvieron impenetrables: “En los circuitos de los túneles están las casas más importantes”, reseña Ruberto. Para fundamentar su teoría, menciona que los sótanos de algunos edificios conservan señales de aquel Paraná de antaño, y fundamentalmente, el legado de la presencia jesuita en Paraná. La casa donde vivió el general Perón en esta ciudad, al igual la librería técnica ubicada en la esquina de Alem y 9 de Julio y la droguería que se encuentra cruzando la calle. En esta última propiedad se conserva en el sótano un tramo de un túnel. “Cuesta más trabajo rellenarlo, por eso lo dejaron, cuando independizaron la propiedad de al lado, cortaron el túnel hace 100 años. Esa casa también tiene otra cosa rara; estás en el sótano y en el piso se puede ver una bomba de agua; debajo del sótano hay otra habitación. Había que bajar prácticamente ocho metros en ese lugar para ir por los túneles”, dijo reforzando el misterio.

Pruebas del pasado reciente

Ruberto habla todo el tiempo con argumentos de un tema que lo desvela, porque lo ha estudiado y además quiere que los paranaenses conozcan por qué están allí. Afirma que las huellas de ese pasado reciente marcaron la evolución de la ciudad. El Museo de la Ciudad César Blas Pérez Colman tiene registros fotográficos alusivos a la época, más precisamente una fotografía de la colección de Cirilo Amancay Pinto. “Una de las fotos se llama ‘Mujeres lavando ropa en el río’. Innegablemente son mujeres con gran cantidad de sangre africana, porque tienen el color casi negro de la piel, en una fotografía blanco y negro resalta bastante. Y uno se pregunta ¿cómo hacían para bajar la barranca del Parque Urquiza, si no existía el Parque Urquiza con sus calles y sus escaleras? Cuando empezás a buscar en las fotografías de la misma época se ve que claramente están los accesos, vos llamales túneles, galerías, conductos, el nombre que quieras. Pero la ciudad convivió con esos túneles hasta la década de 1970, todos los edificios públicos estaban conectados a esa red. Si era un día de lluvia o una semana de lluvia, las autoridades seguían trabajando y circulando normalmente por ese lugar. Porque tenían la llave para ingresar al sistema”, apuntó el especialista.

Otro de los puntos más discutibles en este análisis es la responsabilidad o no de los jesuitas en la construcción del sistema de túneles. Allí el docente se apoyó en la obra del profesor Antonio Serrano, donde sostiene que la ciudad junto a Buenos Aires y Corrientes, estaban situadas dentro de propiedades que los jesuitas llamaban Provincia Oriental, que abarcaba desde Paraná al Atlántico y desde Buenos Aires a Asunción. Abonando la misma teoría, aseguró que las tierras pertenecían a los jesuitas y a los guaraníes. Esa unión dio nacimientos a obras de alto valor patrimonial, como el contrafrente de la Catedral bendecida por el Papa –un trabajo de los guaraníes– o el edificio del Cristo Redentor.

Si antes había sido Mernes el promotor de poner en valor a estas construcciones, y darles potencialidad turística, ahora es Ruberto el que se propone conseguir ese objetivo. Recordó que elevó una propuesta a la gestión de Blanca Osuna y en otro momento a la de Julio Solanas para poder preservar lo que en algunos casos son solo ruinas. “No fuimos escuchados. Se gastan fortunas de dinero para bloquear esas estructuras, cuando por la mitad del dinero se podría darle accesibilidad para que los paranaenses primero sepan que esta es una ciudad que no tiene 200 años, tiene más de 400”, enfatizó.

Además mencionó otros signos inequívocos de ese movimiento religioso. Uno de ellos es el olivo que sigue en pie en el patio de la escuela Nº 57 Mariano Moreno. “Hay una sola cosa en la historia que el hombre no puede alterar, porque puedo falsear papeles, planos, ladrillos, construcciones, imágenes. Nadie en la República Argentina tiene un olivo de más de 400 años, que está en la escuela N° 57 Mariano Moreno. El olivo y el laurel no eran plantas que el rey le permitiera plantar a cualquiera, a los jesuitas sí, porque en las tierras que tenían eran de los guaraníes o del rey”, fundamentó.

Al ser expulsados en 1767 esas tierras volvieron a la Iglesia, o posteriormente a los gobiernos nacionales. “Fui formado para enseñar una historia escrita desde Buenos Aires ¿Cuándo vamos a entender que alguna vez esta ciudad fue por poco tiempo la Capital de la Confederación Argentina? Era la capital del mundo porque crearon un obispado para nosotros. Era una ciudad muy linda, muy importante, con muchas industrias y me dicen que Urquiza eligió un rancherío para hacer la capital, ¿por qué no se quedó con Concepción del Uruguay? La eligió porque esta ciudad era la más linda sobre la barranca, tenía el mejor puerto de la Argentina en 1850. Hay que entender que nos mienten en la cara y que pretenden que sigamos contentos y felices”, reflexionó.

Ruberto encabezó una de las últimas visitas guiadas al fascinante mundo de los túneles. Fue en 2019, antes de la pandemia, cuando junto a cientos de turistas y paranaenses recorrió las ruinas de un conducto en la zona de la Bajada de los Vascos.

La palabra oficial

Hay otra corriente de pensamiento que discrepa radicalmente con lo que pregona el modelo revisionista. A esta altura las diferencias ideológicas son insalvables, tanto que en dos oportunidades gobiernos municipales tuvieron que recurrir a expertos del Consejo Nacional de Investigación Científicas y Técnicas de la Argentina (Conicet) para establecer certezas en torno al tema. La directora de Museos y Patrimonio Histórico de Paraná, María de los Ángeles Olier, sostuvo que luego de haber investigado el tema llegó a una conclusión. “Dista mucho de la fantasía que se ha creado alrededor de estos supuestos túneles. Es mucho más interesante hacerse la pregunta de que para qué servían este tipo de construcciones. Son construcciones la mayoría del fines del siglo XIX y principios del 20. Qué función económica tenían o qué función de adecuarse a la geografía particular de la ciudad, a la cantidad de cuencas urbanas que tiene. Al tema de las vertientes de agua y todas esas cuestiones”, planteó la funcionaria.

Desde esta perspectiva señaló que se debería comparar el sistema económico de la Paraná de antaño con la actualidad y de allí rastrear el origen en la necesidad de potenciar el sistema productivo. “Algunos estaban relacionados con la industria cervecera, otros con la industria calera, otros puntualmente para preservar mercadería y poder controlar la temperatura. Las cisternas que permitían juntar el agua de las vertientes y que tienen claramente una construcción en ese sentido”, sentenció Olier.

Asociar el legado de los jesuitas con los orígenes de Paraná es el principio de una contradicción, aseguró Olier. “El problema es que no tenemos evidencia científica de esto. Hace casi 70 años que se viene haciendo un catálogo de lo que es arquitectura patrimonial en el país. Las construcciones jesuíticas en la Mesopotamia no son muy abundantes, son muy notorias en Misiones con todo un complejo jesuítico y las residencias en las zonas de Corrientes, así como estancias en las provincias de Entre Ríos y Santa Fe. Los jesuitas dividían en dos perfiles las dependencias que ellos tenían, lo que estaba dedicado a su labor pastoral que incluían iglesias, escuelas y residencias. Y lo que son las estancias, que es una de las características que tiene Entre Ríos. No hemos encontrado registros de construcciones jesuíticas en la provincia”, reseñó.

En otra intervención recurrió a la investigación arqueológica de Daniel Schávelzon, para sostener que “hay un desfasaje de 100 años entre la presencia jesuítica y los restos arqueológicos urbanos en Paraná”.

Olier insistió con la idea del mito de los túneles y lo asoció a sus comienzos en el Museo de la Ciudad. “Lo primero que me decían en ese momento quienes eran las guías, era que Paraná no tiene fundación. A mí me parece que detrás de todo esto hay una idea de que el patrimonio cultural tiene que ser excepcional para ser difundido. Todo el movimiento que está alrededor de la economía del siglo XIX es lo suficientemente interesante como para no necesitar de la maravilla. A mí me parece que el patrimonio cultural habla cuando uno hace y trata de ponerlo en una línea de comunicación muy sencilla para que esté al alcance de todos. Entonces esperar que Paraná sea una maravilla y no sea otra ciudad similar a otras tantas ciudades de la ribera del Paraná es más una cuestión psicológica o sociológica, o de pretender que Paraná era Santa Fe o Santa Fe era Paraná, según la teoría de Mernes”, consignó.

Consultada si se pudo establecer quiénes idearon esas antiguas construcciones, que todavía permanecen intactas en algunos rincones de Paraná, respondió: “Eso depende de la necesidad, como casi todo en Paraná. Desde su primer asentamiento tiene que ver con las cualidades geográficas y sobre todo de la distancia del primer caserío con el río. Por la distancia entre la Plaza 1° de Mayo y el río se crearon cisternas como un modo de preservar el agua. Después en lo que tiene que ver con la industria cervecera y lo que tiene que ver con la maduración de la cerveza”.

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