Viernes 30 de Diciembre de 2022
Con la llegada de la temporada estival y las temperaturas más elevadas, que obligan a usar ropa más ligera que deja expuestas determinadas partes del cuerpo, muchos padres advierten que sus hijos pueden estar atravesando alguno de los trastornos alimentarios que se conocen, al notar pérdida de peso o de masa muscular. Entre los más difundidos están la bulimia y la anorexia, aunque existen muchas más que pueden afectar a personas de cualquier edad, pero que se manifiestan sobre todo en adolescentes.
También esta época del año genera que más gente, incómoda con su imagen corporal ante cánones de belleza impuestos por el mercado y que distan de las dimensiones de los cuerpos reales de la mayoría, recurra a hábitos poco saludables para bajar de peso de forma rápida, o incorpore conductas nocivas con esta ilusión, arriesgando su salud y calidad de vida.
Al respecto, Soledad Moreno, licenciada en Psicología y coordinadora terapéutica general de la Fundación Centro –institución que cuenta con un equipo transdisciplinario para la atención y prevención de bulimia, anorexia, comedores compulsivos, vigorexia, y otros trastornos de la alimentación, con delegaciones en las provincias de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos–, señaló a UNO: “Desde hace años, lo que sucede en la época estival es que la gente en general empieza a abandonar la ropa con mangas largas y demás, y el cuerpo se empieza a visibilizar de otra manera. Entonces, adolescentes, jóvenes o adultos que ya están teniendo algunos síntomas de la patología alimentaria o del trastorno, se obsesionan con el peso o con su imagen corporal. Es por que hay un mayor porcentaje que empieza el gimnasio desde septiembre, por ejemplo, o inicia dietas o las hace de manera más intensa. Se trata de personas que ya tienen antecedentes de algunos criterios o diagnósticos de patología alimentaria”.
A su vez, observó: “Eso hace que aumenten las consultas. Por ahí, cuando se trata de adolescentes o menores de edad, los padres se asustan porque tal vez el cuerpito que estaba tapado en invierno, en verano empieza a evidenciar que ha bajado de peso, que ha perdido masa muscular, y eso los lleva a solicitar un entrevista, como para saber si se está frente a un trastorno, y evacuar dudas”.
No obstante, la especialista remarcó que, además de los cambios corporales, hay que estar atentos a los comportamientos, a la parte emocional de quien puede estar sufriendo alguna patología alimentaria. “Tal vez a nivel anímico se empieza a ver más irritabilidad, intolerancia, aislamiento, y a eso hay que prestarle atención. También en estos días que están lindos y la familia o allegados organizan para ir a la pileta, o al río, y tenemos una persona que prefiere quedarse encerrada, exponerse poco, entonces ser cuidadosos con eso y en la conducta si claramente se advierten cambios de ese tipo, si hay restricción alimentaria, hay ayuno, o empieza a aparecer una idea obsesiva por hacer dieta; o la persona se levanta de la mesa automáticamente cuando termina de comer y se va al baño. Eso puede estar evidenciando, si se repite en el tiempo, algún síntoma de purga también. Por eso es importante estar atentos”.
Consultada acerca de las campañas que también se suelen difundir en esta época del año, sobre todo en el ámbito de las redes sociales, promoviendo la aceptación del cuerpo de cada uno sin someterse a las imposiciones de la moda, refirió: “Creo que es un granito de arena que seguramente tiene su aporte en esto de que el cuerpo escultural y tallado en el gimnasio no sea el cuerpo que todos debemos tener. La aceptación impacta en la autoestima también, y el poder aceptar el cuerpo que cada uno tiene y que cada uno puede y ser feliz, colabora en este tiempo para que los adolescentes y los adultos puedan tener una percepción diferente de su cuerpo”.
Sin embargo, subrayó: “Hay que recordar, no obstante, que los trastornos de la conducta alimentaria son policausales. Y si bien esto de los social es muy importante y puede colaborar en la prevención sobre todo, tenemos que ver que hay otras causas que originan este trastorno, que están vinculadas a la personalidad de cada uno; familiares, y en cuanto al entorno donde el paciente o la persona que tiene algunos síntomas está inmerso”.
Impacto de la pandemia
En muchos casos, este tipo de situaciones se agudizaron además a partir de la pandemia, de la mano del encierro, las restricciones a la vida social y la interrupción de las rutinas diarias, hicieron que se incremente la cantidad de casos de adolescentes con trastornos alimentarios.
La falta de estructura en el quehacer cotidiano, la angustia emocional y los cambios en la disponibilidad de alimentos, contribuyeron con esta problemática, afectando a los más jóvenes.
Sobre este punto, la licenciada en Psicología Soledad Moreno, coordinadora de Fundación Centro, observó: “Creo que el encierro en la pandemia nos trajo, por un lado, si tenemos una familia mínimamente conformada, el poder encontrarnos. Pero por otra parte, hemos visto claramente que en todas las áreas tenemos un adolescente o un niño que perdió en ese tiempo contacto social; y luego hubo algunas dificultades para poder retomar lo vincular. Hubo padres que estaban juntos y se separaron, ya que la pandemia agudizó o visibilizó algunas dificultades en el matrimonio, por ejemplo. Y a esto también lo hemos podido visibilizar en la población en pacientes que venían asistiendo antes de la pandemia a un tratamiento por una patología alimentaria, lo siguieron en forma virtual, pero al volver al tratamiento presencial muchas familias han tenido bastantes dificultades para sortear distintos estado de ánimo y poder acompañarse y estar presentes”.
En este marco, concluyó: “Hay situaciones de desgano, malestar, malhumor, irritabilidad para retomar la responsabilidad en general”.