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Resiliencia

Tras un accidente, con el amor como sostén, volvió a caminar

Hace dos años, Sebastián Herbel perdió una pierna en un accidente, al chocar contra un guardarrail. Hoy su hijo de seis años lo ayuda a dar sus primeros pasos

Sábado 22 de Mayo de 2021

Sebastián Herbel vive en General Ramírez y es uno de los músicos de folclore más queridos de la región. Hoy se está recuperando de un accidente en el que perdió una pierna al chocar contra un guardarrail, y con el amor como sostén logró volver a caminar.

Generoso y solidario, hace dos años atrás había ido a Aldea María Luisa para acompañar a un ballet que celebraba un nuevo aniversario de su creación y estaba juntando fondos para hacer un viaje.

Al regresar, esa madrugada del 19 de mayo de 2019, su auto despistó y chocó contra un guardarrail, un elemento de contención que es habitualmente cuestionado debido a que, dependiendo de la trayectoria del impacto, puede transformarse en una filosa lanza capaz de causar heridas tremendas o la muerte a quien va en el vehículo.

“Me habían invitado a tocar en una peña en María Luisa de los gurises de El Remanso, un ballet hermoso que hace básicamente música litoraleña. Ellos también habían venido al festival Linares Cardozo que organizamos acá y es mutuo el aprecio y la admiración que tenemos por lo que hacemos”, recordó sobre esa noche, con mucha niebla y humedad, que marcó un antes y un después en su vida.

Faltaban solo 500 metros para ingresar a su ciudad, cuando el auto dio varios vuelcos. Acerca del accidentes, contó a UNO: “Fui a dar contra un guardarrail que atravesó el vehículo. Entró por la puerta del conductor y salió por el otro lado, a la altura de las piernas. A la derecha me la amputó ahí nomás, y la izquierda quedó destrozada”.

En la soledad de la ruta a esa hora, el auto quedó dado vuelta y Sebastián respiró hondo un par de veces para pensar qué podía hacer para pedir ayuda, ya que en la revuelta no sabía adónde había ido a parar su celular. Fue en ese mismo instante que la pantalla del dispositivo se iluminó, al ingresar un mensaje que su esposa Alicia le había mandado para decirle que volviera con cuidado, porque había mucha neblina.

Enseguida Sebastián le mandó un audio, luego habló con ella, y en medio del desesperante momento Alicia avisó al sistema de emergencia y los bomberos lucharon una hora para poder rescatarlo. En el hospital local no podían hacer mucho, así que decidieron trasladarlo a Paraná, pero en el camino la ambulancia ingresó a Crespo porque el estado de salud de Sebastián se complicó. “Vieron que no llegaba a Paraná. En Crespo me reanimaron, me hicieron la primera cirugía y estuve dos semanas internado en terapia intensiva. Me fueron rearmando la otra pierna, que había quedado toda quebrada, y no sabían si iba a funcionar o había que cortarla también”, rememoró.

Después del alta, lo volvieron internar por alguna infección y pasó tres meses sin poder moverse de la cama, pero se fue recuperando. “Estaba en silla de ruedas y de a poquito fui buscando la forma de ir saliendo de esto”, confió, y destacó el enorme apoyo que recibió de su familia y sus seres queridos para lograrlo.

Hace un mes tuvo su séptima cirugía para que las fracturas de la pierna izquierda terminen de soldar. Y con una prótesis en su pierna derecha hace poco pudo dejar de andar en la silla de ruedas que lo acompañó a lo largo de casi dos años. Emocionado, compartió en sus redes sociales una foto de sus primeros pasos, al lado de su hijo Emilio, de 6 años, junto a un emotivo mensaje: “Aprendiendo a caminar de nuevo. Otra vez. Con el mejor terapeuta del mundo”.

“Este gurisito es el motor de la casa. No te podés quedar tirado, porque sino lo tenés encima, es terapéutico con el mejor de los sentidos: si no te querés levantar, te levanta él, te viene a saltar encima y no hay opción”, aseguró Sebastián entre risas, y contó a UNO: “Por la pandemia, los dos estuvimos en casa juntos todo el año pasado, las 24 horas. Así que hemos hecho una relación muy linda. Creo que lo que más le agradezco a esta situación es todo el tiempo compartido”.

Además de agradecer a la familia que confirmó con Alicia, que también está compuesta por Eliana -de 18 años, que actualmente estudia en Santa Fe-, Sebastián manifestó su gratitud hacia sus padres y hermanas: “Mi familia me está acompañando siempre y creo que a todo esto lo he podido sobrellevar y soportar por mi señora, mis hijos, mis padres Alfonso y Ester; por mis tres hermanas, María Eugenia, Cecilia y Mónica. Siempre hemos sido bastante unidos y esto nos unió más todavía”.

A su vez destacó: “Tengo que agradecer también a mis amigos. Esta situación me trajo nuevas amistades, gente que se ha acercado mucho más. Y además el apoyo de mis compañeros de trabajo fue permanente”.

Por otra parte, refirió: “A la prótesis le agarré la mano enseguida, supongo que habrá sido por las ganas de caminar que tenía. A la pierna izquierda no la podía usar, la tengo que cuidar hasta que termine de soldar”.

Acompañado por muletas, sigue avanzando en su recuperación. Y mientras sueña con volver pronto a algún escenario con su música, destacó: “Estoy con muchísimas ganas de tocar. Justo cuando pude empezar a movilizarme empezó la pandemia y no hay festivales, pero por ahí lo vengo haciendo entre amigos, porque la música también es algo que mueve hacia adelante”. Y citado una frase de Jose Hernández en su muro de Facebook, lo recalcó: “Gracias le doy a la Virgen, gracias lo doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor”.

Con su testimonio demuestra que las adversidades pueden superarse con amor, voluntad, paciencia y esfuerzo. “Creo que a mí lo que me sirvió fue refugiarme en la familia y en los amigos. Eso fue lo que me salvó. También la fe. Y lo que puedo asegurar, más allá de que suene trillado, es que no todo es tan terrible como imaginamos que puede ser. Y es bueno pensar en eso con todo lo que está pasando hoy en día”, dijo, y agregó: “Si a mí me hubiesen dicho antes que iba a tener un accidente, que me iban a cortar una pierna e iba a estar dos años sin caminar, me hubiese desesperado. Pero hay que vivirlo, y un día a la vez. Ese fue mi lema. Y con paciencia pude bajar un cambio y disfrutar de lo bueno”.

Por último, remarcó: “Hay que tomarlo sin dramatismo, y así como tuve que ponerme anteojos, voy a calzarme la prótesis y seguir para adelante, porque hay muchas cosas lindas por vivir”.

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