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Transiciones difíciles, en una ciudad que cada cuatro años busca reinventarse

Pese a los cambios, las demandas sociales se postergan indefinidamente. Al actual proceso le quedan más de 40 días por delante

Sábado 02 de Noviembre de 2019

Sergio Varisco dejó la Intendencia de Paraná en 2003. Lo sucedió Julio Solanas, que ya había sido jefe comunal entre 1991 y 1995. Apenas asumió, declaró la emergencia financiera del municipio y la crisis del servicio de agua potable.

José Carlos Halle llegó al palacio municipal en 2007, nueve meses después de haber ganado la elección. En los últimos tres meses el municipio pagó sueldos con retrasos y cronogramas. La Provincia adelantó coparticipación y se tomaron dos créditos.

La llegada de Blanca Osuna, la primera mujer al máximo cargo en Paraná estuvo signada por el conflicto con los trabajadores contratados en la anterior gestión, que estalló en el inicio de 2012. Se quejó del cogobierno con el gremio, de su antecesor.

Sergio Varisco retornó al municipio, luego de dos derrotas anteriores, en 2007 y 2011. La gestión saliente dejó depósitos y plazos fijos, con dificultades en los servicios, como todas, y relaciones quebradas con actores sociales por enfrentamientos de gestión.

Los recambios institucionales en la ciudad de Paraná, en lo que va de este siglo, han tenido una serie de parámetros que se han repetido regularmente: crisis financiera, declaración de emergencia económica, situación e incertidumbre de trabajadores contratados e inconvenientes en la prestación de los servicios.

Unas más que otras, las transiciones estuvieron envueltas en polémicas y fuertes cuestionamientos entre los circunstanciales y cambiantes oficialismo y oposición. Situaciones dentro de las lógicas de la política, que lleva al ganador a escribir la historia, y al vencedor a emprender una retirada no sin antes dejar alguna “herencia pesada”, en ese tramo final.

Durante el siglo XXI, cada cuatro años Paraná buscó reinventarse, porque ningún jefe municipal fue reelecto, cláusula permitida en la reforma de la Constitución provincial de 2008 –José Carlos Halle en 2011, Blanca Osuna en 2015–. Antes, su gestión al frente del municipio no les permitió ni a Sergio Varisco en 2003 ni a Julio Solanas en 2007 llegar al sillón de Urquiza. Todos pasaron de ser la máxima autoridad de la ciudad capital de la provincia al llano por decisión de la ciudadanía. La excepción hay que buscarla en 1991, cuando Mario Moine pasó del palacio municipal a la Casa de Gobierno.

Cada uno de los mandatarios electos en estas últimas dos décadas se emparentan en sus cuestionamientos a las herencias recibidas tanto como a las promesas lanzadas al inicio de su gestión: el saneamiento del Volcadero, el arreglo de las calles, la mejora del servicio de agua potable y la transformación del transporte público de pasajeros.

El tránsito de la actual transición resulta penoso y agotador para los vecinos, que vuelven a quedar como rehenes de esos cambios políticos: de acá al 11 de diciembre todo tiende a agravarse, a partir del paro anunciado desde esta noche por el Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales (Suoyem), y que llevará a un caos aún mayor en el funcionamiento cotidiano de la ciudad, con funcionarios que quieren irse, y vecinos que no tienen respuestas ante las demandas mínimas.

Las transiciones más extensas fueron las que terminaron en serios problemas. Un antecedente similar de varios meses de convivencia entre autoridades salientes y electas se registró entre marzo y diciembre de 2007. Fueron nueve meses, a diferencia de los seis meses que transcurrirán este año desde los comicios generales del 11 de junio hasta la asunción el próximo mes.

En aquel momento la falta de pago del municipio a la Caja de Jubilaciones llevó al gobierno provincial encabezado por Jorge Busti a retenerles fondos: la situación derivó en retrasos de hasta 10 días de la fecha habitual de cobro, desdoblamientos y cronograma de pagos por escalas en los últimos tres meses y la toma de dos créditos.

Los servicios públicos se deterioraron, aunque no se llegó a límites de barrios con siete días o más sin recolección de residuos, ausencia casi total de reparaciones de pozos y baches en las calles, y más de 15 días sin colectivos. La situación de un intendente en ejercicio, sentado en el banquillo de los acusados por una supuesta conexión con bandas narcos, es inédita y arroja consecuencias en el desenvolvimiento diario de la ciudad.

La primera transición del siglo, en 2003, duró solo un par de semanas, ya que la elección había sido el 23 de noviembre, cuando Julio Solanas inició su segundo mandato al frente del municipio al suceder a Sergio Varisco, y luego de derrotar al hermano del intendente saliente, Humberto Varisco. El manejo de las finanzas de Varisco había sido su emblema de gestión, ya que pagaba sueldos en pesos y lecop, cuando la Provincia lo hacía con los desvalorizados bonos federales.

De todos modos, al asumir, Julio Solanas pidió al Concejo Deliberante que declare la emergencia económica, y a los pocos días, la crisis en el servicio de agua potable –la ciudad se abastecía con más de 30 pozos semisurgentes– encaminó la construcción de la nueva planta potabilizadora, que fue financiada por el Estado nacional.

Cuatro años más tarde Solanas se fue con una conflictiva transición de nueve meses. Para pagarse los sueldos a los trabajadores municipales hubo adelantos de coparticipación de la Provincia y tomas de dos créditos.

En ese estado financiero heredó el municipio José Carlos Halle, que derrotó en la elección a Sergio Varisco y a Raúl Solanas. La interna peronista no pudo ser zanjada y los hermanos Solanas fueron candidatos a gobernador y a intendente por la Lista 100, que supo integrar también Enrique Cresto en Concordia.

En 2011 Blanca Osuna derrotó al intendente en ejercicio José Carlos Halle, y a Sergio Varisco, en comicios desarrollados el 23 de octubre. Se convirtió en la primera mujer en gobernar la capital provincial. La situación de los contratados explotó a fin de año, con el inicio de una puja y tensión con los gremios que derivó en la intervención del Suoyem durante cuatro años.

La transición en 2015 no tuvo dificultades económicas, más bien lo contrario. Se adelantaron pagos a municipales e incluso quedaron en cuentas bancarias distintos depósitos y plazos fijos.

Para el fin de la actual transición quedan más de 40 días por delante: 2019 cierra con dos caras en la ciudad: una primera mitad de año con múltiples obras públicas, y un segundo semestre con un Estado casi paralizado. El inicio esta noche de la retención de servicios anunciada por el Suoyem acentuará la caída libre que transita la ciudad, hacia un nuevo ciclo, con los problemas prácticamente de siempre, desde hace dos décadas.

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