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Teléfonos públicos, una especie en extinción

Los teléfonos públicos pasaron del auge al olvido por la masividad en el uso del celular. Los equipos que quedan en pie no funcionan o están dañados

Martes 08 de Junio de 2021

Los teléfonos públicos son una especie en extinción. En su mayoría abandonados o con falta de mantenimiento, son símbolos de una época donde el teléfono sólo funcionaba con cables y el desembarco de Internet a escala mundial era una posibilidad muy remota. La necesidad de mejorar las comunicaciones, principalmente en los centros urbanos, hizo que a mediados de 1950 se instalaran los primeros equipos públicos por parte de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel). De los primeros años de auge (entre 1960 y 1980) se pasó a los ‘90 con el avance de las privatizaciones; en ese período el servicio tuvo una gran demanda entre las familias que no contaban con telefonía domiciliaria. Con cospel, tarjetas o monedas, fueron de gran ayuda cuando se necesitaba comunicar algo y los celulares todavía eran algo lejano.

A simple vista son objetos detenidos en el tiempo, obsoletos y sin mayor utilidad; tanto avanzó el abandono que la mayoría de las unidades está fuera de servicio, tal como confió a UNO una fuente allegada a la empresa Telecom.

De acuerdo a una declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la comunicación es un derecho humano básico, y bajo esa lógica el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) especificó que los teléfonos públicos “son equipos de acceso público conectados a la red pública capaces de tasar en forma automática las llamadas, independientemente de quién sea el titular, permitiendo realizar o recibir llamadas telefónicas. Desde estos teléfonos, que se encuentran instalados en la vía pública y lugares cerrados de gran afluencia de público (hospitales, centros comerciales, aeropuertos) se puede acceder al servicio de telefonía y realizar tanto llamadas locales como de larga distancia nacional e internacional. Estos teléfonos permiten distintas formas de pago, entre ellas tarjetas prepagas o pospagas, y monedas de curso legal de 0.05 centavos de peso, 0.10 centavos de peso, 0.25 peso, 0.50 centavos de peso y 1 peso”.

La resolución es la antítesis de un servicio a punto de desaparecer, y la prueba de ello son los cientos de equipos que siguen quedando en Paraná, arrasados por el vandalismo y la falta de mantenimiento.

Según datos de la delegación Entre Ríos del Enacom, en la ciudad de Paraná hay 120 teléfonos públicos, mientras que en el resto de la provincia los que quedan en pie son semi públicos: el parque es de 130 aparatos. La realidad que es la mayoría conserva la línea, pero es una quimera pensar en ellos como medio de comunicación. En una recorrida este medio pudo encontrar algunos en la zona céntrica, pero también están en avenida Almafuerte, en la terminal de ómnibus y en espacios públicos como el Correo o en las estaciones de servicio.

Un pasado no tan lejano

“En la Argentina las cabinas públicas de teléfono surgen en la década del 50, más o menos. Antes existían teléfonos domiciliarios que funcionaban a veces en los comercios, en bares o almacenes, donde había teléfonos y la gente podía llamar ahí. Luego se inventa el cospel, que es la ficha que se compraba para comunicarse desde un teléfono público. Y eso no hace tiempo que siguió existiendo porque la gente que no podía tener su teléfono en el hogar, usaba el teléfono público”, ilustró el historiador Rubén Bourlot.

Así como el telégrafo fue el antecesor del teléfono a fines del siglo XIX, la llegada del celular estableció nuevos hábitos y modos de comunicarse. En la entrevista con UNO, Bourlot, habló de ese quiebre cuando se inventa el teléfono móvil: “En la Argentina el primero fue el Movicom en la década del 90, que exigía la instalación de antenas. Eso no reemplazaba al teléfono público porque había muy pocas personas que podían acceder a ese servicio. Recién en el siglo XXI se generaliza su uso, cuando empiezan a caer en desuso las cabinas, porque todo el mundo tiene un teléfono celular , entonces lo puede portar y no necesita ir a una cabina o a un teléfono público. Más aún con el reemplazo de los mensajes comunes por el uso de Internet, o el Wi Fi, que es una tecnología más moderna”.

Desde ese enfoque revisionista recordó la utilidad de esta especie de tótem tecnológico, que entre sus opciones tenía las llamadas de larga distancia nacionales e internacionales. Bourlot reflexionó acerca de cómo la tecnología aceleró la era de la comunicación global: “Hoy en día no pensamos más en larga distancia. Simplemente porque a través de Whatsapp o de Telegram podemos comunicarnos con todo el mundo sin pensar que es larga distancia. Vivo en un barrio alejado del centro y como no tenía teléfono, ante una emergencia tenía que ir a unas tres cuadras a la búsqueda de un teléfono público; desaparecieron, no quedan ni los vestigios”.

Para este autor de numerosos libros e investigaciones, es casi improbable pensar en un escenario de políticas para poner en valor a ese parque cada vez más deteriorado. Algo optimista deslizó que en esos espacios “la gente se podría conectar con sus celulares, cuando se queda sin datos en medio de la calle”. Pero enseguida reparó en que “donde están los teléfonos públicos son instalaciones muy pequeñas y el avance del vandalismo ha sido tremendo. No sé que utilidad tendrían, pero lo que cambió es la lógica de la comunicación. En los únicos lugares donde cumple un servicio son los teléfonos que hay sobre las rutas y son espacios donde no hay forma de comunicarse y no llegan las antenas: no sé si son teléfonos inalámbricos o satelitales. Incluso con celular no se tiene acceso a las antenas”.

Cambio de época

Ex empleado de la vieja Telecom, el ingeniero electrónico César Minni, relató las transformaciones de un servicio, sujeto a diferentes regulaciones y que con el paso de los años cambio de operadores en varias oportunidades. “Inicio mi experiencia en el área de las telecomunicaciones en Telecom en 1993, en el momento en el que se hace el recambio de toda la nueva tecnología relacionada a la telefonía. En ese momento la empresa se llamaba Compañía Argentina de Teléfonos (CAT), Telecom compra esa empresa e ingreso a trabajar en el área de Conmutaciones, es decir las centrales telefónicas. Me toca trabajar con la gente que se encargaba de trabajar con la telefonía pública; en aquel momento se compraba una ficha o cospel”, graficó. El sistema incorporó mejoras que impactaron en la calidad del servicio, como por ejemplo la recordada tarjeta con chip.

Ese fue el primer paso para la llegada de los teléfonos inteligentes, cuyas particularidades técnicas explicó Minni: “Entonces tenían un sistema por el cual el teléfono público dialogaba con este sistema (la tarjeta), y el mismo habilitaba hacer la llamada telefónica a la central. Era un problema la distribución la tarjeta y entonces empiezan a venir otros teléfonos, en el momento que el peso permitía con una moneda realizar una llamada, entonces fue cambiando la manera en que se fue cobrando o facturando. Al cambiar ese sistema, cambiaba la unidad de control de los teléfonos públicos para poder habilitarlos; obviamente exigía todo un mantenimiento por parte de la empresa que, de hecho tenía un área que era telefonía pública. Lo que hacían era repararlos, porque siempre había alguien que los rompía, porque querían de alguna manera cortar la línea del teléfono público para poner un teléfono propio y poder llamar de manera gratuita”.

De esa manera -explicó el experto- la empresa al implementar una unidad de control se aseguró que las líneas que eran para los teléfonos públicos, “no podían ser tomadas por cualquiera para hacer una llamada. En una línea telefónica si colgas en paralelo el teléfono desde cualquier lugar, podés tomar tono y llamar, por lo que impidieron eso”.

Conocedor desde adentro de los pro y los contras del sistema, apuntó que son más de la dificultades que las ventajas que tiene actualmente la telefonía pública. “El hecho de ir hasta un teléfono público, implica moverse hasta ese lugar y también conseguir las monedas para hacer la llamada. Los que han quedado son prácticamente teléfonos en desuso; hace años que no veo a alguien utilizándolos”, reconoció.

Con pocos datos oficiales de la cantidad de equipos y sus condiciones, Minni resaltó que “los que sobreviven generalmente los mantienen en las estaciones terminales de colectivos o estaciones de trenes. Es decir, lugares en común o en espacios cerrados donde no exige tanto mantenimiento Hay que preguntarle a la Enacom si están haciendo algún control sobre este servicio, que por ley debería ser prestado. Lo que pasa es que todo el mundo en la casa tiene un teléfono celular, incluso en las estaciones terminales donde se brinda el Wi Fi gratuito: hay muchas aplicaciones, como Telegram, que te permiten comunicarte sin moverte del lugar. La gente que se queda sin crédito, lo que hace es pedirle a otro el celular para hacer la llamada, no es que se va al teléfono público”.

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Los teléfonos públicos pasaron al ostracismo por la masividad del uso del celular.

Los teléfonos públicos pasaron al ostracismo por la masividad del uso del celular.

Salto fundamental

La irrupción del teléfono celular y su amplia gama de posibilidades, tuvo un efecto casi devastador para la telefonía pública; un síntoma de este cambio de época es que las nuevas generaciones no conocen de su existencia. El pensamiento de Minni consideró que pese a que en sus inicios “tuvo un alto costo luego se fue haciendo más económico. Hoy por hoy el teléfono celular no es solo teléfono, sino también una cámara de fotos, es tu agenda, donde te divertís, ves una película o una serie. La red de telefonía celular se conectan a los sistemas WiFi, muchas veces gratuitos en algunos puntos y aparecen unas aplicaciones como es el Whatsapp, que además es sin costo y simplemente teniendo una línea activa, podés hacer una llamada a cualquier lugar del mundo a otro usuario de esa aplicación”.

De la misma forma el docente de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), en la materia de telefonía explicó que su importancia radica en que “se puede saltar la red de telefonía; las aplicaciones que aparecen en los nuevos dispositivos, que tienen una gran discapacidad, hace que la gente deje de utilizar a los teléfonos públicos”.

Telefonía domiciliaria

El teléfono de uso domiciliario también está sufriendo el furioso avance de las nuevas tecnologías y el furor de la conectividad a través de diferentes plataformas. Según datos extraoficiales, en los centros urbanos la masividad del uso del celular llevó a muchas familias a dar de baja el teléfono fijo. Esta tendencia se revierte en las ciudades del interior de la provincia, donde todavía se mantienen las líneas domiciliarias.

“Lo está usando la gente mayor, pero hoy te llaman para encuestas o para ofrecer o vender cosas. Nos comunicamos no con la casa, sino con la persona. En la casa te puede atender el hijo, el padre o la madre. Está en desuso, va decayendo, y las altas telefónicas de líneas fijas son cada vez menos. Es una cuestión de oferta y demanda, y de costumbre, y la tendencia en la Argentina es que se deje de utilizar. En otros lugares del mundo, con otra idiosincracia, el teléfono fijo sigue siendo importante e incluso exigen tener un teléfono fijo”, analizó el profesor.

Otro dato saliente que se pudo corroborar es que Telecom no repone los repuestos de los aparatos, lo que favorece el deterioro en equipos que tienen una antigüedad de al menos 15 años.

Es tal el abandono que en algunos barrios han sufrido robos de sus partes y en otros espacios, como en establecimientos de salud, pidieron que los retiren. Su figura, vetusta y sinónimo de un pasado que para muchos fue mejor, ahora representa el fin de una época en materia de comunicaciones.

Los pro y contra: “¿Quien tiene una moneda para llamar?”

El desarrollo de las telecomunicaciones ha sido constante en nuestro país, principalmente a partir de la intervención del Estado. Una de ellas fue el desarrollo de la red de fibra de Arsat, la empresa nacional de telecomunicaciones, lo que favoreció la conectividad en zonas que antes estaban prácticamente aisladas. “No te quedaba otra que acudir a la telefonía fija”, sentenció el ingeniero especializado en Telecomunicaciones, Gabriel Benavídez. “El uso de toda esta tecnología 4G mejoró las comunicaciones. No hay desarrollo de comunicaciones, como lo hubo en su momento cuando lo fue en la época de las privatizaciones. Se expandió aún más el uso del teléfono móvil”, subrayó.

Consultado por el rol del Estado y la competencia de las empresas respecto de políticas destinadas a la telefonía pública, afirmó: “Se perdió y se dejó, son víctimas del vandalismo. Tener hoy un teléfono en la vía pública es para que no lo use nadie. No me acuerdo de todos los números de contacto que tengo en el Whatsapp, porque lo ubico por la foto y a los números no los sé. En cambio antes era normal conocer los números de las personas con las que hablabas”.

Benavidez contó acerca de la utilidad que tienen algunos equipos públicos en la ciudad. “Me contaron que en la terminal de ómnibus los teléfonos tienen tono, pero me dicen ‘¿Quien tiene una moneda para llamar?’. No los usa nadie”, lamentó.

Además advirtió que la tendencia se extiende hacia los teléfonos fijos: “Disminuyó el uso de la línea domiciliaria, cuando antes en algunos horarios colapsaba. Hoy la información al instante se consigue por otro tipo de servicios”.

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