Solidaridad
Domingo 22 de Julio de 2018

Solidarios, irán a Santiago del Estero para llevar donaciones y esperanza

Una familia de Tala pasó hace un año por un paraje rural de la provincia norteña, en la que reina la pobreza, y ahora volverán con ayuda.

Hace aproximadamente un año, Andrés Echagaray salió desde Rosario del Tala con su familia hacia el norte del país con la intención de pasar las vacaciones de invierno en la casa de unos amigos que tiene en Salta. Ya habían recorrido unos 800 kilómetros y todavía les faltaban más de 600 para llegar a destino, cuando decidieron parar para estirar un poco las piernas y distenderse.
Estaban en Santiago del Estero, sobre la ruta nacional N° 34, en uno de los tantos parajes rurales de esa provincia, con tierras yermas y horizontes monótonos. En un puestito de artesanías rudimentarias se quedaron por un rato, observando un paisaje polvoriento, árido y hasta hostil, en el que se erigen unos ranchitos precarios donde vive gente en un estado de extrema pobreza y sin ningún tipo de servicios, ni siquiera algo tan básico como el agua. "La buscan en barriles en un río cercano, con burros, porque ni caballo tienen, ya que dicen que no sobreviven en la zona", contó a UNO Andrés, conmovido por el abandono al que están sumidos los pobladores de una de las regiones más pobres de la Argentina, adonde partirá mañana otra vez a llevar donaciones junto a su esposa Graciela Siragusa, sus mellizas Yanel y Denise, de 16 años; su hija Princesa, de 7, y su pequeño de 2 años, Hansel, ya que se prometieron volver algún día con algún tipo de ayuda, la que estuviera a su alcance.
"En un país tan rico como el que tenemos, la clase política no puede ignorar esa realidad. Es terrible cómo viven en ese lugar, con más de 100 años de atraso; no tienen luz ni agua, ni siquiera un pozo, una perforación que le posibilite su acceso", lamentó.
Una de las cosas que más lo conmovió hace un año fue que al quedarse a merendar en ese desolado sitio y sacar unas galletitas que habían comprado de oferta en un supermercado antes de salir de viaje, un niño del lugar se les acercó y les preguntó si lo invitaban con una. Andrés le dio un paquete entero de un kilo, ya que habían llevado varios. Y grande fue su sorpresa cuando el pequeño decidió a sus vez distribuirlas entre sus hermanitos. "Los llamó y empezaron a salir del monte, de las chozas, y vinieron entre 10 y 12 chicos; a cada uno lo convidó. Repartió cantidades iguales a todos y a esas cosas uno no las suele ver en la vida cotidiana. Nos sorprendió ese compañerismo. Quizás la misma pobreza y la indigencia los lleva a compartir lo que alguien les da, y lo poco que tienen", comentó.
En referencia a los recursos limitados con los que cuentan en la región y la vulnerabilidad social a la que están expuestos, indicó: "Son personas que viven en una zona muy precaria. No hay vacas, tienen solo burros y cabras, y con la leche hacen el queso que venden".
Sin embargo, advirtió que lejos de toda modernidad, del confort urbano y de la tecnología que invade todo ámbito, y postergados sin mayores esperanzas de revertir la adversidad a la que los empuja la indigencia, los pobladores se las arreglan para subsistir. Inocentes, los chicos de estos parajes santiagueños juegan y se divierten con lo que pueden. "En medio de toda esa miseria, son felices. Pero la escasez de alimentos, de ropa, de calzado es una constante. Cuando fuimos había sogas y sogas de ropa lavada, es gente trabajadora, y ver tanto esfuerzo a uno le da ánimo de ayudarlos. Acá en mi pueblo lo he hecho, soy humilde, tengo mi casa y somos de familia laburante. No me sobra, pero tampoco me faltó nunca nada, y si está en mis posibilidades poder ayudar, lo hago", refirió, y señaló: "A mis gurisas siempre les digo que lo material no es lo más importante, y cuando vimos que en Santiago del Estero la gente con la que nos cruzamos es feliz con tan poco, pudimos comprobarlo. Hay que aprender a apreciar otros valores, otras cosas de la vida".
Ya listos para partir mañana por la noche, Andrés contó que hubo mucha gente que colaboró con zapatillas y otros calzados, ropa y otros elementos que ya están cargados en la casita rodante con la que se irán hacia el norte del país. Al respecto, comentó: "Por ahí calzado conseguimos menos, porque con lo caro que está la gente lo usa hasta que se gasta la suela y le aparecen agujeros. Igual reunimos unos 20 pares de zapatillas para nenes y adultos; con la ropa fue más fácil, incluso nos donaron cosas de buena calidad y juntamos cinco bolsas grandes".

santiago.jpg

"Trabajo por mi cuenta, tengo un transporte y llevo encomiendas desde Tala a Buenos Aires, pasando por Mansilla, Basavilbaso, Gualeguaychú y otras localidades. Conozco mucha gente en Buenos Aires y empecé a pedirles que me junten ropa; también en mi ciudad hubo quienes ayudaron, y una hermana que tengo en Viale se sumó en esta cruzada y consiguió prendas en buen estado que le donaron para que llevemos, como camperas y jeans", expresó, y mencionó que además unas señoras de Lucas González también se sumaron a la campaña y al partir, pasará por la localidad a buscar las donaciones que agruparon.
Él se hará cargo del gasto del combustible, que le costará unos 10.000 pesos, así que aprovechará el viaje para disfrutar de los generosos paisajes que ofrecen las geografías de la zona y volver a visitar a sus amigos salteños, una vez que cumplan la misión que con tanto empeño se propusieron. "La idea era ir antes, pero por cuestiones económicas no pude hacerlo. Dependo de mi trabajo y tengo una camioneta que es naftera con GNC y hoy en día no es tan fácil solventar el gasto", dijo.
Respecto a la entrega, se planteó de antemano si debía hacerlo a través de una institución de beneficencia, pero luego con su familia decidieron que van a detenerse en el paraje al que llegaron antes, y ellos mismos irán casa por casa para dejarle a la gente que habita el lugar lo que precisen, y de este modo conocer sus historias de vida, mirarlos a los ojos y con un verdadero sentido de la solidaridad, infundirles esperanza. "No tienen nada, la ciudad más cercana está a unos 80 kilómetros y llegar para ellos es una eternidad, pero supongo que las autoridades de esa provincia sí podrían llegar, pero no les interesa", opinó.
En su hogar se cultivan los buenos valores y sabe que esta experiencia significará un aprendizaje que seguirá apuntalando las buenas acciones que promueven en sus hijos. "Mis hijas mellizas están en 5° año y realizan un montón de actividades, juegan al hockey y forman parte de un club de Rotary. Colaboran mucho, haciendo rifas y comidas para recaudar fondos que se destinan a causas nobles. Ahora están llevando adelante una campaña en todo el Departamento Tala para comprarles anteojos a los nenitos de menores recursos que tienen problema de vista en los colegios. Ya tienen inculcado lo bien que hace ayudar al prójimo", destacó Andrés con orgullo.
Respecto al viaje solidario, sostuvo: "Es una meta que nos prometimos y la vamos a cumplir". Por último, comentó que si alguien de Paraná u otra ciudad cercana desea colaborar, se puede contactar llamando al 03445-15435816.

Comentarios