Solidaridad
Sábado 24 de Marzo de 2018

Solidaria, comparte el pan que no vendió para que menos gente pase hambre

Irma Jacquier sabe lo que es tener necesidades, y antes de liquidar al costo los productos prefiere convidar a las personas que de verdad lo precisan.

Desde hace un par de semanas, Irma Jacquier, propietaria de una despensa situada en Carbó 961, en Paraná, saca a la vereda unas bolsitas con pan, facturas, bizcochos y bollitos. Las coloca en una canasta, sobre unos cajones de plástico prolijamente apilados para que queden a la vista de quien pasa, con un cartel con enormes letras rojas que dice "Lleve solo lo que 'necesite'; recuerde que hay personas que 'realmente' lo precisa. Es gratis (El pan es de ayer)".

Esta semana alguien pasó y le sacó una foto, la posteó en las redes sociales y se viralizó. Más de 2.000 usuarios de Facebook la replicaron y la mayoría de los comentarios que recibió la imagen fueron felicitando a quien impulsó esta iniciativa y hubo palabras de aliento ante tan loable gesto de compartir el alimento. Aunque también hubo algunos pocos que se quejaron porque lo que se comparte es "pan de ayer", sin contemplar que se trata de mercadería en buen estado y que cuando el hambre arrecia o son muchas bocas para alimentar en un hogar humilde, que alguien convide algo con generosidad es bienvenido. "A mí siempre me quedaron cosas, y se las llevaba a chicos o a personas que las necesitaban, o se las daba a gente que pasa y nos pide lo que sobra del día anterior. Para que se puedan servir directamente, decidí ponerlas en la puerta de mi negocio, ya en bolsitas. A veces dejo también frutas", contó Irma.

panaderia adentro.jpg
Foto <b>UNO</b> Juan Manuel Hernández.&nbsp;
Foto UNO Juan Manuel Hernández.


Ayer a media mañana ya no quedaba nada de la abultada parva de panificados. Se habían llevado todo personas que a lo mejor no tenían recursos para adquirir un alimento ese día, pero también hubo algún oportunista que después de hacer una abultada compra recogió una de las bolsas y zafó de comprar pan.

"Hay de todo, pero yo no le voy a decir a nadie que no puede llevarse un paquete con pan. Seguramente si lo hace es porque lo necesita", comentó con misericordia, y confió a UNO: "En lo que pueda ayudar, lo hago, porque yo también pasé necesidades en mi vida. Hubo épocas en que no tenía nada y me costó". Irma hizo referencia a las épocas en que apenas le alcanzaba. Era el sostén de su hogar y sus dos hijas, Nancy y Gabriela, que hoy tienen 32 y 34 años, eran chicas. "Al final pude salir adelante y crié a mis hijas sola", resaltó con orgullo. Por aquellos días, según dijo, vendía naranjas debajo de un árbol en calle Brown.

"Empecé con un cajón. Con lo que ganaba, le daba de comer a mis hijas y reponía mercadería. Después sumé otras cosas, cuando comencé a ir al campo a comprar quesos, huevos, salamines. Era en Brown y Sudamérica, donde hoy hay un kiosco de diarios. Le pedía permiso a la señora que vivía ahí y armé un puestito", rememoró.

Después de tanto sacrificio, celebra su progreso, y manifestó: "Hoy no me sobra nada, pero tampoco me falta. Soy una laburante más y sé lo que es sufrir, por eso me da cosa tirar lo que sobra y antes prefiero ayudar a alguien. Al pan del día anterior lo podría vender rebajado o al costo, como hacen muchos negocios, o transformarlo en pan rallado para ofrecerlo también a la venta, porque es una entrada más para mi despensa, pero decido compartirlo con quien lo necesita".

Sobre las repercusiones que tomó su gesto en las redes sociales, aseguró: "No lo hice para que esto se haga público, pero si sirve para que la gente se entere de que acá tengo algo para darle, está bien". No es la primera vez que Irma realiza una acción solidaria. Hace unos años recibía donaciones de ropita de bebé o para mujeres embarazadas y se las daba a quien lo requiriera. "También compraba alguna cuna usada, colchones, cochecitos y algún bebesit y se la entregaba en préstamo a las mamás que lo necesitaban. Cuando me lo devolvían se lo daba a otra", recordó, y contó que ahora lleva ropa que le regalan a gente de menos recursos que vive en el campo.

Panadería adentro 08 foto 2.jpg
Foto <b>UNO</b> Juan Manuel Hernández.
Foto UNO Juan Manuel Hernández.


Al negocio de calle Carbó lo tiene hace cinco años, después de tener comercio en otros lados, donde no le fue tan bien, pero se repuso. Abre de corrido de 7 a 22 de lunes a viernes y lucha por mantenerse y no sucumbir ante las dificultades actuales que presenta la actividad, como hacer frente a los altos costos de impuestos y servicios y a la baja en la rentabilidad que afecta a diversos rubros. Se levanta a las 5 y bien temprano va al mercado concentrador de Paraná a comprar frutas y verduras y muchas veces viaja también a Santa Fe.

Si puede se va un rato a su casa a la tarde, y si no sigue de largo hasta el cierre. A sus ratos libres se los dedica a Felipe, su nieto, que pronto cumplirá dos años. Habitualmente la ayudan sus hijas y Laura, una mujer que colabora con las tareas que demanda la despensa y a quien definió como "una hija del corazón".

Todas se mostraron felices ayer por la respuesta de la gente, y sobre todo porque hubo quienes prometieron imitar la idea en sus propios comercios, contribuyendo a que la solidaridad prolifere. "Estoy muy contenta y todo esto me alienta a seguir", aseveró Irma. Por último, destacó la buena acción de un cliente que al ver el canasto ya vacío compró un paquete de galletitas y lo depositó por si pasaba alguien que tuviera la necesidad de un alimento. Las buenas acciones sin dudas se contagian y es un mérito.

Comentarios