Lunes 22 de Mayo de 2023
Se cumplieron este domingo cinco años de la histórica condena a 25 años de cárcel a Justo José Ilarraz por los abusos en el Seminario de Paraná. Después de una extensa investigación y la valentía de las víctimas que revelaron las aberraciones que sufrieron siendo menores de edad, la Justicia provincial le asestó un duro golpe a la jerarquía eclesiástica. El caso tuvo repercusión nacional e internacional, de hecho hasta el Vaticano se pronunció luego de la resolución del tribunal. Puede parecer inverosímil, pero pese a que la sentencia fue ratificada en dos instancias provinciales, aún no quedó firme. Es evidente que los tiempos judiciales no son los mismos que necesitan aquellos que sufrieron daños contra su integridad sexual, a una edad muy temprana: cuando eran seminaristas tenían entre 10 y 14 años. Tras un último planteo defensivo para que la causa prescriba, la Corte corrió vista al Procurador General de la Nación, Eduardo Casal, quien aún no se ha pronunciado. En la actualidad Ilarraz cumple domiciliaria en un edificio ubicado en calle Corrientes, en la ciudad de Paraná.
Hernán Rausch, primer denunciante en la causa, sigue exigiendo celeridad para que la causa adquiera firmeza. “Estoy bregando para que de una vez por todas las causas se terminen y se responsabilice a la gente en vida”, planteó en una entrevista concedida a UNO.
Al historizar sobre las distintas etapas del proceso, el sobreviviente de abusos eclesiásticos considera que “ a esta altura de la vida o del tiempo, con tanta contundencia de pruebas a nivel de testimoniales, pericias psicológicas, no se entiende que no se haya llegado todavía a cerrar la causa. Entiendo los plazos de la Justicia y que en las apelaciones a la Corte no rige un plazo para resolver. La idea es que se lleguen a terminar las causas, siendo que en torno a los responsables eclesiásticos de esa época surgen sospechas de un posible encubrimiento. Además en el clero se manejaron muy puertas adentro. Trataron que no salga de la burbuja de la Iglesia”.
Sin mencionarlos, el exseminarista señaló a las autoridades de la cúpula eclesiástica en Paraná, el monseñor Juan Alberto Puiggari y el cardenal Estanislao Karlic. “Sería bueno que quede de manifiesto su responsabilidad. Tal vez no vayan a la cárcel, espero que la Justicia tenga las agallas de decir ‘usted fue responsable de la falta de celeridad de las cosas en esa época”, advirtió Rausch.
Una reparación necesaria
Las siete víctimas-denunciantes le pusieron el cuerpo a una historia silenciada durante muchos años en la curia de Paraná. El caso que llegó a la pantalla grande con la película Spotlight, ganadora del Oscar en 2015, trascendió las fronteras de nuestro país y llegó hasta la Casa Santa Marta, la residencia oficial del Papa Francisco en Roma. Rausch asume que la dilación de la Justicia, en cierta manera, prolonga la posibilidad de cerrar con un proceso cargado de angustia y sufrimiento. Sobre los días de Ilarraz en el encierro domiciliario, el entrevistado sostuvo que “hace un tiempo noté un movimiento ahí -en su edificio- y pregunté: nos dijeron que efectivamente cumplía con la condena y que no había alteraciones al respecto. Es decir que la está cumpliendo en la casa de un familiar, en calle Corrientes. No tengo otra información”.
“Personalmente al terminar el juicio y agotadas las instancias judiciales en Entre Ríos, no hubo una firma de corte con mi representante legal. Tengo diálogo con los fiscales y estamos a la espera de la resolución de la Corte”, explicó Rausch. Más allá de haber sido hallado culpable por delitos aberrantes y haber enfrentado dos condenas eclesiásticas, Ilarraz puede celebrar sacramentos y llevar a cabo tareas diocesanas ya que la Iglesia Católica no le quitó su estado clerical y no efectuó la dispensa que lo reduce al estado laical. “Él está suspendido para celebrar misas públicas, no sé si las puede celebrar en privado. Así será hasta que no se determine el final juicio canónico que se lleva adelante contra él”, dijo Rausch.