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Descubriendo Entre Ríos

Salsipuedes también interroga a los occidentales del Uruguay

Una buena noticia llega desde Concordia, para morigerar el recuerdo terrible de una masacre que se hizo más dolorosa aún por el olvido

Lunes 08 de Abril de 2019

El Concejo Deliberante de Concordia aprobó por unanimidad la entrega de un terreno a la comunidad charrúa. La medida fue celebrada por miembros de ese colectivo, cuando faltan pocos días para conmemorar una de las fechas más siniestras de la historia regional.
La concejala Julia Sáenz presentó un proyecto de ordenanza para devolver terrenos a comunidades charrúas entrerrianas. En diálogo con la periodista Silvina Ríos, explicó que la iniciativa partió de la comunidad Itú, de la Capital del citrus.
"Entre las reivindicaciones históricas que vienen sosteniendo, ellos necesitan recuperar territorios donde puedan recrear su cultura, que sea un sitio de ceremonial; un espacio que ellos consideran colectivo, donde la recuperación de su historia, de su contacto con la tierra, sea una realidad", explicó.
"Estamos trabajando con diversas áreas municipales y con los demás concejales para sumar voluntades", dijo Sáenz. "Nadie desconoce que los pueblos aborígenes necesitan o han trabajado siempre en contacto con la naturaleza. Entonces fue prioritaria la idea de un terreno que tuviera monte, que tuviera agua, que para ellos es un elemento esencial. El municipio lo va a ceder con categoría de comodato, por el término de 10 años, con posibilidad de renovación de 10 años más. Está ubicado a orillas de uno de nuestros arroyos importantes, el arroyo Ayuí en una zona muy cerca a al río Uruguay, es una zona con flora autóctona", indicó.

Son presente

Durante el tratamiento del proyecto, Sáenz recordó: "Cuando ser aborigen no estaba bien visto, y podía ser causal de persecución, la única que les quedaba a las familias era adoptar apellidos respetados socialmente, como el apellido de un presidente. En nuestra región, por ejemplo, hay familias de origen aborigen que llevan el apellido Alvear".
"Nos acostumbramos a decir que 'acá hubo aborígenes', siempre hablando en pasado. Eso es lo que estamos aquí avanzando en corregir: las comunidades aborígenes son presente. Viven, piensan, proyectan".
Abril nos recuerda la masacre de Salsipuedes. Allí el primer presidente del Uruguay "independiente", Fructuoso Rivera, completó en 1831 el largo proceso de exterminio de las comunidades originarias que habitaban las dos bandas del río Uruguay. Su propósito fue la muerte y la dispersión, y vaya si lo logró mediante el engaño y la violencia extrema. Algunas de las víctimas que zafaron fueron secuestradas y enviadas a Francia, para su exhibición en jaulas.
Aunque es bastante obvio, no está de más recordar que esto ocurría dos décadas después de la Revolución de Mayo, y que solo pudo ocurrir luego de la derrota y el destierro de José Artigas, que tuvo contacto permanente con los charrúas y gracias a ellos pudo llevar adelante la Liga de los Pueblos Libres, desde el Éxodo Oriental de 1811.
Entonces, los orientales cruzaron el río y se instalaron a orillas del Ayuí, precisamente el arroyo al que tendrán acceso ahora los hermanos y las hermanas concordienses que, dos siglos después de aquella intervención, siguen bregando por justicia.

Guyunusa

¿De dónde eran las familias que fueron víctimas de la matanza de Salsipuedes? El historiador Gonzalo Abella nos recordaba, en una visita a Paraná, la unidad de los pueblos a dos bandas, sin esa frontera que hoy nos miente una división en el río Uruguay.
Guyunusa, una de las mujeres que hizo historia en el éxodo oriental y murió en Francia, pudo tener abuelos de cualquiera de las dos bandas. Hoy les llamaríamos uruguayos o entrerrianos. Pero esa frontera trazada sin consentimiento de nuestros pueblos nos mezquinó también esa historia tremenda, que traiciona la banda roja trazada en nuestra bandera en homenaje a la sangre derramada por la soberanía y la independencia. Dejó Salsipuedes afuera, en otro país, nos impidió conocernos, cicatrizar heridas.
El 17 de julio de 2002 llegaron a Uruguay los restos de Vaimaca Perú, que venían del Museo del Hombre de París. Vaimaca, con Tacuavé y Senaqué, fueron los compañeros de desventuras de la sanducera Guyunusa, que dio a luz en el destierro. Eran de nuestras familias orientales, entrerrianas, sin diferencias.
No estuvimos allí como pueblo, no estuvimos en ese invierno para recibir a nuestro Cacique artiguista. Fueron jornadas conmovedoras, de honda reflexión, y nosotros, sus descendientes de alma, antes que inclinarnos tomamos distancia. La indiferencia es otro modo de colonialismo. Volvió Vaimaca al Uruguay, como volvieron a Chile las mujeres y los hombres alacalufes también secuestrados, y los argentinos estuvimos ausentes.

Terrorismo de Estado

"La Emboscada del Salsipuedes fue el comienzo de una serie de emboscadas y de crueldades sin límite, por ejemplo el secuestrar niños y hacerles olvidar su nombre y su identidad entregándoselos a familias ricas de Montevideo como mascotas. Los charrúas sobrevivientes de Salsipuedes fueron los primeros niños desaparecidos del Uruguay. Salsipuedes es la primera acción del terrorismo de Estado en Uruguay", dijo el historiador Gonzalo Abella.
El pasado 24 de marzo, en las marchas que conmemoran el inicio de la dictadura cívico-militar argentina, comunidades indígenas argentinas como la que se encuentra en Punta Querandí del Partido de Tigre repudiaron la última dictadura y también los genocidios de la colonización occidental, en manos del imperialismo español y del propio Estado nacional argentino a fines del siglo XIX e incluso en el siglo XX.
Las heridas están abiertas. La reivindicación de Concordia es simbólica, pero también contante y sonante. Quizá de a poco comprendamos que en la Argentina son millones los desterrados que, siguiendo los principios de armonía con la naturaleza heredados de los pueblos originarios, podrían recuperar una libertad perdida en el desempleo, la marginación, el hacinamiento, el racismo, el olvido.

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