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Robaron un loro paraguayo, se llama Arturo y dan recompensa

En barrio Paracao, el modus operandi parece ser siempre el mismo: entran a los patios y se llevan aves y jaulas. Hay antecedentes y un hecho que ya se transformó en un mito en Paraná

Lunes 24 de Noviembre de 2014

Arturo es un loro paraguayo. Es de color verde, amarillo y tiene algunas plumas celestes. Si alguien lo quiere tocar, el picotazo puede ser profundo. El jueves, entraron a la casa de una vecina del barrio Paracao y se lo robaron. Ahora ofrece recompensa. Días atrás, también le habían llevado pichones de palomas y una jaula grande; unos cinco meses antes, a otra mujer que vive en la misma cuadra le arrebataron su ave.  
Hay quienes ya hablan, quizás un poco exagerados, de la mafia del loro, una banda delictiva que en Paraná se encarga de robar a estas aves: la jaula de Arturo nomás, cuesta por encima de los 500 pesos.
La dueña del animal pidió más de tres veces que no se la nombre, ni siquiera la dirección de su casa. Argumentó ser proteccionista; afirmó una y otra vez que a Arturo se lo habían regalado.
Por la aparición con vida de su loro, la dueña ofreció a través de Diario UNO, una recompensa. No dijo cuánto, para no incentivar un efecto en cadena o una ola delictiva de hurtos de aves amigables. Si alguien sabe algo, hay que comunicarse al (0343) 4351864 o 155099509.  
Además de la jaula con Arturo, la mujer tenía otra más grande donde criaba a pichones de palomas que caían al patio, para luego largarlos en edad de volar. “El domingo anterior a que me roben a Arturo, se llevaron a las palomas. Al parecer, cuando me robaron la jaula donde las tenía, vieron la otra con el loro”. Todo indica que el jueves, entre las 7.30 y 10.30, bajo la lluvia, ingresaron a su patio y concluyeron con el hurto, todo un trabajo premeditado.
“Se ve que son personas que se dedican a robar animales”, aportó la vecina como parte de su observación. Arturo tiene un año, es grande y habla. Cada tanto llama al perro, le dice “Negro, vení”; también silba, se presenta con su nombre y si alguien lo mira con cariño larga un “Hola mi amor”. Por ahí, de tanto insistirle que cante algo, responde él mismo: “Cantá Arturo”. Es un buen animal y simpático. “Lo roban para venderlo, la jaula era especial para este tipo de animales y él se acostumbraba a estar suelto. No sé, igual, si lo van a poder sacar, ellos responden a una sola persona”, contó la vecina. Enciclopedias virtuales y antecedentes, corroboran que el picotazo, si Arturo tiene miedo, puede ser peligroso.
“Quien tenga datos que por favor se comunique. Hace unos cuatro o cinco meses le desapareció el loro a otra vecina de mi misma cuadra”, contó. Se lo llevaron, al parecer, de la misma manera, con igual modus operandi.

 

 

 


La búsqueda de un animal en los 90 donde intervino la fuerza de seguridad

 

 


El año pasado también se conoció el robo de tres loros, dos de ellos paraguayos, el tercero, barranquero: Yaco,  Charly y Pepe. El último había desaparecido cerca de Oro Verde y testigos habían aseguraron verlo pelear por su vida frente a un perro viejo de la zona y luego volar para otros lados. 
En aquel momento y lo mismo ahora, el robo de estos animales despertó el recuerdo de un mito conocido en Paraná: se trata del loro de Leonor.
Crónicas policiales de finales de los 90 dan cuenta de un suceso extraño: la señora Leonor Etchevehere, esposa del fallecido director de El Diario de Paraná, habría logrado mover a gran parte de la Policía para que le encontraran su loro; uno que se había perdido o lo habían robado. Hubo hasta allanamientos para dar con el animal y a la búsqueda la habrían emprendido un juez y altos mandos de la fuerza de seguridad. Fue en la época en que Montiel era gobernador.  
Periodistas que cubrieron el hecho en su momento, siempre afirmaron que el loro había desaparecido de la Bajada de los Vascos y que la señora lo había denunciado en la comisaría primera.
Hay quienes aseveran que finalmente se encontró al loro. Otros, los que se la juegan más, se animan a decir que el animal era capaz de repetir secretos de la familia en cuestión y que al dar con él, ya no estaba con vida. También hay otra versión, una más triste y simple: una que afirma que el ave no apareció nunca.

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