Cultura
Domingo 15 de Julio de 2018

Rescatan los secretos y el saber ancestral de hilar la lana para transformarla en abrigos

En Feliciano viven Lucía, de 73 años, y Elvira, de 87. Ajenas a la lógica de la reproducción en serie, trabajan con sus manos y honran su vocación

Con el objetivo de fomentar la solidaridad y promover la participación social, distintas proyectos de economías populares ayudan a los trabajadores artesanales a encontrar un espacio donde mostrar lo que hacen y ganarse su sustento. Una de estas propuestas es la Expo Feliciano Produce Moda, que el sábado celebró su sexta edición. Se trata de una iniciativa que nació con este propósito y a través de la cual productores regionales de la ciudad norteña tienen la posibilidad de mostrar lo que hacen para generar su sustento.
Una de las actividades que se destaca en este ámbito es la de los tejidos, resistiendo a la reproducción en serie que impone la lógica capitalista. Dos de las tejedoras históricas son Lucía Yedro, de 73 años, y Elvira Quiroz, de 87. Elaboran sus prendas con una impronta particular, en telar, dos agujas y crochet, y ellas mismas hilan la lana en sus ruecas.
Cada una trabaja en su casa, puertas adentro y en silencio. Heredaron sus habilidades de una madre que les enseñó de chicas y a lo largo de la vida se fueron perfeccionando en el arte de hilar y tejer la lana cruda que sus manos saben transformar en abrigo. "Soy hiladora y tejedora de toda la vida", fue la carta de presentación de Lucía, quien recordó que a los 6 años ayudaba a su mamá a esquilar las ovejas y fue aprendiendo los secretos de todo el proceso.

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Siempre concurrió a la Expo Feliciano Produce Moda, pero este año no estaba bien de salud. Un golpe en una pierna la afectó: "Me da mucha vergüenza andar para todos lados renga. Soy de andar de un lado a otro, pero me golpeé el pie. Y cuando uno es viejo, no se arregla enseguida", explicó con simpatía. A su vez, comentó: "Hilo con el huso y con la rueca, y tejo. Hago de todo para los hombres, porque vendo para la provincia de Buenos Aires. Tengo mi hijo en una estancia en Arenales y me encargan chalecos, boinas, bufandas, porque como es lana cruda cuando llueve para el campo es muy útil, y calentito porque no le pasa el frío".
Lucía destacó que ya ha podido mostrar su producción en otras ciudades, como Paraná y Mar del Plata. Custodia su legado y realiza su trabajo con sumo compromiso y placer, ganándose el sustento: "Acá en Feliciano somos pocas hiladoras, estamos quedando las viejas nomás, aunque hay otras que están aprendiendo. A mí me gusta muchísimo lo que hago. Toda mi vida me dediqué a esto. Vivo hilando lana y me lleno de alegría", aseguró, y comentó: "Tengo unos carneritos guachos, yo misma los crío, les saco la lana y la hilo. No voy a decir que tengo mucho, pero con esto me saco unos pesitos para comprarme un kilo de puchero, un par de alpargatas. No voy casi a las ferias porque todo lo que hago lo tengo ya comprometido. Gracias a Dios tengo trabajo y vivo bien, y cuando hay gente humilde como yo le hago precio".
A la rueca que tiene ahora la adquirió en Corrientes y comentó cómo es el proceso del hilado: "Se esquila la oveja y luego con el huso, que es una rueda que tiene un palito, se gira para hacer la hebra de la lana. Después se la lava bien limpita, con una crema hecha con jabón común, así no queda ningún olor. Y ya viene un sachecito que viene para enjuagar, para que quede perfumada".
Vive sola y contó que sus 11 hijos ya formaron su familia: "Hay costureras, electricistas, profesoras, algunos que ayudan en las colonias y en las chacras, y también tengo hijos policías y albañiles. Gracias a Dios y a la Virgencita estamos todos trabajando y tengo para vivir", sostuvo, y destacó: "Quiero que la gente vea cómo se vive bien trabajando, sobre todo que la juventud sepa que uno se puede ganar la vida con sus manos. Hay mucha necesidad y una quiere que todos salgan adelante, y por ahí la gente no sabe cómo hacer", opinó, mientras sin poder recordar cuántos nietos tiene, confió que solo una de sus hijas sigue su misma vocación y teje, aunque no se dedica a esta labor.
Por su parte, Elvira contó que tenía 11 años cuando aprendió a hilar la lana cruda con la rueca. "Hago ponchos, camperas, sacos, chalecos y chales. Somos pocas la hiladoras, estamos quedando solo tres o cuatro en Feliciano", contó a UNO.
En diciembre cumplirá 88 años y aunque tiene una pensión con la que se mantiene, disfruta de esta actividad y no piensa retirarse. Aseguró que para ella esto es un hobby y que lo que gana lo invierte en materia prima que compra en Curuzú Cuatiá. Se dedicó a esto incluso cuando le tocó durante muchos años trabajar como modista en Buenos Aires. En sus ratos libres seguía hilando y tejiendo para sumar unos pesitos, hasta que por un problema de salud los médicos le prohibieron la costura. "Ahora es mi terapia el hilado. También me gusta mucho el tejido, pero cuando estoy hilando es una cosa que si tengo algún problema, me pongo a hilar y se me baja la presión y se me va todo", dijo, y resaltó: "A esta altura Dios me da la mentalidad y la vista también para hacer esto".
Vive con su hijo, José Alfredo, de 39 años, quien sigue sus pasos. "Él hila mucho más lindo que yo y todos le dicen que siga con esto. Cuando no puedo ir a una feria lo hace él y me representa", mencionó con orgullo.

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Hace unos ocho años comenzó a participar en los programas provinciales que apoyan la labor de los microemprendedores y optimizó sus recursos. "A la rueca me la compró en Córdoba el capacitador que me ayudó para que siga adelante. Hoy hago ponchos con telar, también camperas, y tejo al crochet y con dos agujas además", dijo, y contó agradecida que la intendenta de la localidad , Silvia Moreno, ya adquirió algunas prendas, al igual que la ministra de Desarrollo Social, Laura Stratta, cuando visitó la ciudad. "Así me compran muchos", aseguró, y explicó que cuando la invitan, va a alguna feria a mostrar sus productos, o a la Fiesta del Ternero, y sino vende en su casa adonde llega gente a la que le recomiendan sus trabajos.
La mayoría destaca su prolijidad y hay quienes le piden que le comparta el secreto del ancestral arte del hilado: "Una chica de La Paz viene a que le enseñe a hilar y de acá de Feliciano una enfermera", comentó.
"Estos días estuvo una señora y me dijo que así como yo hilo no hay tanta gente, porque hay otras tejedoras que compran la lana. Pero eso ya no es artesanía, sino manualidad", dijo a modo de conclusión, consciente del valor de su trabajo y sus saberes.

Reconocimiento
Lucía Yedro fue distinguida el año pasado por diario UNO a través de los premios Escenario por su labor en el rubro Artesanías. En tanto, Elvira Quiroz resultó ternada y reconocida en 2014 por su destacada labor.

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