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Malvinas

Rendidos ante un panzaverde

La imagen es un ícono de la fecha. El protagonista es colonense, que pasó a la historia una fría mañana de hace 35 años

Domingo 02 de Abril de 2017

Su sola presencia mostraba al país y al mundo un soldado totalmente equipado, un profesional preparado para lo que estaba haciendo. La actitud de mando sobre los soldados de la marina real ya sometidos y con los brazos en alto lo muestra como una representación de lo que los argentinos veían entonces como la escena final de una victoria irreversible que nos devolvía la soberanía sobre las Islas Malvinas.
Pero se trataba apenas del primer acto. Quedaban aún 73 largos días por recorrer y 649 argentinos dejarían su vida a partir de aquel 2 de abril de 1982.
Fue ese día cuando Jacinto Eliseo Batista, ese entrerriano de la ciudad de Colón, pasó a la historia como el soldado argentino que mostró a los ingleses rendidos ante el mundo.
Ese soldado tenía entonces 32 años y era un verdadero profesional.
Fue parte del equipo de comandos anfibios que se enteró en la noche del 1° de abril, a bordo de la fragata Santísima Trinidad, que la operación "Rosario" no sería un simulacro sino que era totalmente real. Tomarían Malvinas, y la orden era terminante: "sin bajas".
Los comandos anfibios son buzos, paracaidistas, expertos en reconocimiento en agua y tierra. Soldados formados para la guerra. Y así actuó Batista.
Este hombre fue la contracara de aquellos conscriptos sin preparación y mal vestidos que fueron llevados como carne de cañón para dejar su vida en los pozos de la turba malvinense en aquel helado otoño del sur de hace 35 años.
Batista conserva la estirpe del soldado. Es un hombre difícil de ubicar, no participa mucho de los actos del 2 de abril.
"No tengo nostalgias de Malvinas. Fue una etapa en mi vida y en mi carrera. Hubo una orden y se cumplió. Para eso nos paga el Estado", afirmó en una de las pocas entrevistas que dio hace algunos años.
Hoy, ya retirado y habiendo alcanzado la mayor jerarquía posible como encargado de componente de la Infantería de Marina, su vida transcurre con su esposa y sus tres hijas entre su Colón natal y la ciudad de Punta Alta, en el sur de la provincia de Buenos Aires.
Afirma a quien se lo pregunta que no volvería a la islas como turista. Si el Estado me manda recuperarlas otra vez, allí estaría", repite convencido.
Hace 35 años, en la noche del 1° de abril era cabo principal. Batista encabezaba el grupo de comandos y buzos tácticos en un bote guía que tocó la costa malvinense a eso de las 10 de la noche. A partir de allí él mismo tomó el mando de la expedición como explorador y único comando con visor nocturno.
"Inicialmente no hubo resistencia -cuenta-, porque se evadió la fuerza que nos estaba esperando. En un lugar que inicialmente teníamos como desembarco había una ametralladora con tres o cuatro hombres que nos estaban esperando. Pasamos a muy poca distancia de ese grupo de ametralladoras. Mi misión concreta era hacer de guía de desembarco y una vez en tierra, continuar como explorador. La fuerza que normalmente está en misión de combate tiene un explorador, detrás va el navegador - que en este caso fue el suboficial Camargo (actual suboficial principal) - y después viene el resto. Nosotros íbamos junto con el grupo de Giachino hasta un punto en el cual se hacía un desvío. La unidad de tareas de Giachino se dirigió a la casa del gobernador y el grueso se dispuso a tomar el cuartel de los marines ingleses".
El único muerto de aquella jornada fue el capitán Pedro Giachino, que resultó herido en un intercambio de disparos durante la toma de la casa del gobernador.
"Vi en aquel momento a los heridos, el capitán Giachino, el teniente de fragata García Quiroga y el cabo segundo enfermero Urbina. No me pareció que fuera tan grave lo de Giachino, porque era el que más consciente estaba. No se quejaba. Le toqué la cabeza y le dije: "qué te pasó, Pedrito", recuerda.
Un grupo de oficiales los llevó en un jeep hasta el buque hospital. Giachino tenía una herida en la femoral y lamentablemente se desangró. "Estaba muy pálido pero bien consciente. No pudimos salvarlo a tiempo", rememora con tristeza.
El cierre de aquel día lo marca esa mítica foto tomada por el fotógrafo Rafael Wollman. Batista, indicando a los ingleses vencidos por dónde debían marchar con los brazos en alto.
De allí, a la historia.

La guerra y su final
Batista tiene su propia visión sobre la marcha y el resultado de la guerra. "Vamos a partir de una base. La 'Operación Rosario' fue una operación anfibia impecable desde el punto de vista táctico. Se cumplió el objetivo: no producir bajas enemigas, izar la bandera argentina y dar tiempo a negociar. Eso tenía que ser todo. Ahí debíamos parar. Lo que pasó después es otra historia que habría que preguntársela a los señores que cambiaron lo planeado, porque todo terminaba con la 'Operación Rosario'".
"Parece que se cambió todo sobre la marcha y no se previeron muchas cosas, porque si realmente se hubiese pensado en un primer momento resistir hasta lo último, la flota inglesa posiblemente no hubiese llegado a Malvinas porque a la altura de Brasil hubiera tenido que empezar a recibir el bombardeo de la Fuerza Aérea Argentina. Y si realmente se hubiese tenido la certeza de que se iba a defender hasta lo último, se tendría que haber fortificado la isla. Nosotros tenemos el cañón Sofman de 155 milímetros con un alcance de 18 kilómetros y teniendo en cuenta la topografía de Malvinas, con ingenieros, poniendo a funcionar las fábricas de cemento, maquinarias y llevando todo eso a Malvinas y haciendo fortificaciones reales para una defensa costera, creo que nunca hubiesen desembarcado, porque incluso sin nada de ello se les dio muy buena batalla. Solo llevaron a la isla tres cañones de ese alcance y el resto de la artillería estuvo compuesta de obuses 105 milímetros con un alcance de 10 o 12 kilómetros", señalaba oportunamente.


La foto buscada por los ingleses, que no fue
Jacinto Eliseo Batista estuvo en la toma de las islas, fue protagonista de la foto que recorrió el mundo y así será siempre recordado. Sin embargo su participación concreta en la guerra quedó circunscripta a esa acción y a esas horas en particular. Su equipo regresó a tierra el mismo 2 de abril y prestó apoyo desde el continente durante los dos meses y medio que duraron los combates. Estuvo a punto de regresar a una misión de infiltración el día que los ingleses desembarcaron en las islas, pero la misión fue abortada en el momento en que el avión Hércules que los transportaba estaba carreteando en la pista de despegue.
Tampoco estuvo en el momento de la rendición, el instante que los ingleses podrían haber revertido aquella imagen que los mostraba derrotados. Hicieron el intento. Pero el soldado que ellos hubieran querido mostrar con los brazos en alto no estaba.
"El 14 de junio andarían buscándome con la foto en la mano para sacarme con los brazos arriba", supone. Pero esa foto no existe. Solo quedó para siempre la primera de todas.

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