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Recibió dos trasplantes de riñón: su papá fue su primer donante y hoy festejan su día

Anneris Caraballo celebra la vida en esta fecha especial junto a su padre Edgardo, y su madre Liliana, quien fue la segunda donante.

Sábado 20 de Junio de 2020

Anneris Caraballo es de Paraná, tiene 33 años y estudia Licenciatura en Psicología. Nació con una malformación congénita que le generó problemas renales y tuvo su primera cirugía cuando tenía un año. A los 22 debió recibir el primero de sus dos trasplantes de riñón, ya que su calidad de vida se fue deteriorando.

Su papá, Edgardo, fue el donante. La operación se hizo en el hospital Italiano, en Buenos Aires, y fue un éxito. Eternamente agradecida por este enorme gesto de amor, la joven celebra la vida siempre y cada Día del Padre el festejo se multiplica en familia.

“A los 19 años viajé con mis padres al hospital Italiano porque venía sufriendo reiteradas infecciones urinarias. Nos encontramos con el médico que me había operado cuando era chica, y si bien mis riñones todavía venían funcionando bien, nos pidió que por las dudas nos hiciéramos los estudios de compatibilidad con mi mamá y mi papá”, recordó Anneris.

Con el correr de los meses su función renal fue desmejorando. Los estudios médicos confirmaban que ambos progenitores eran compatibles, pero su mamá Liliana tenía un pequeño quiste en uno de sus riñones. Así que fue Edgardo quien llegó al quirófano, tomado de la mano de su hija, para que se haga efectivo el trasplante.

“Fue a mediados de abril del 2009. Salió todo excelente”, subrayó Anneris, y comentó a UNO que a él le dieron el alta a los pocos días y ella debió quedarse en el nosocomio dos semanas, ya que los médicos iban monitoreando su evolución.

En su caso, confesó que su mayor temor antes de la operación era que a su papá le pasara algo: “Más allá del miedo lógico que tenía porque me iban a hacer el primer trasplante, pensaba en que si le sucedía algo a él iba a sentir una culpa terrible”, confió.

Acto seguido, destacó: “A quienes recibimos un trasplante nos cambia mucho la vida. Es como nacer de nuevo: los primeros días hay que volver a caminar, aprender a respirar bien, a comer, a estar otra vez con las personas queridas. Y se aprende a valorar lo mínimo, a encarar cada cosa con mucho más amor”.

“Al operarme pude al fin jugar con mis sobrinos, correr, tomar un mate”, celebró.

Por su parte, Edgardo rememoró aquellos días decisivos y mencionó al respecto: “Estuvimos casi ocho meses haciendo los estudios. En esa circunstancia uno no piensa en el miedo, porque la razón de ser donante es más importante si se trata de mejorar la calidad de vida de un hijo, o salvársela. Uno da todo por sus hijos. Ingresamos juntos al quirófano de la mano, despidiéndonos; y también salimos juntos, con la diferencia de que yo fui trasladado a un tercer piso y ella quedó en Terapia para pasar las primeras horas decisivas con cuidados intensivos”.

“La ablación en sí fue un éxito, porque se realizó con un sistema que recién se había incorporado en el hospital Italiano, en Buenos Aires. Fue una laparoscopía, haciendo solo un corte por el ombligo, y en cinco días ya recibí el alta”, comentó.

Reflexivo, compartió un mensaje para quien pueda estar atravesando una situación similar: “Que se pueda donar un órgano en vida es muy importante. Es una decisión que se toma con el corazón y no se piensa mucho cuando se trata de un hijo y del bienestar de la familia. Cuando me convertí en donante, mi hija pudo realmente mejorar su calidad de vida y dejar de sufrir”, aseguró.

Un nueva oportunidad

Tras el trasplante, Edgardo pronto pudo volver a hacer vida normal. “Si bien quedé con un solo riñón y tengo que mantener una vida sana, con algunos cuidados respecto a los alimentos, como no ingerir tanta proteína y seguir otras recomendaciones, no tengo ninguna complicación”, mencionó.

En la actualidad practica deportes sin mayores limitaciones y comentó con orgullo: “Hoy juego al futbolgolf, que es un deporte nuevo. Y soy entrenador de voley del Paraná Rowing club y además tengo una escuela de voley en Colonia Avellaneda, así que estoy ligado al deporte de la región y siempre estoy haciendo algo”.

En su caso, Anneris tuvo la oportunidad de disfrutar de una mejor calidad de vida por el lapso de casi una década, ya que los órganos trasplantados pueden funcionar un tiempo, que varía según distintas circunstancias.

Fue entonces que Liliana Favrat, su mamá, se transformó en su segunda donante, hace un par de años atrás. Este segundo trasplante se concretó también el hospital Italiano, y nuevamente fue un éxito. “No siempre los familiares son compatibles y yo tuve mucha suerte en que mis padres sí lo fueran. Gracias a eso no tuve que estar en lista de espera y demás”, refirió Anneris.

Asimismo, recalcó: “La verdad es que el acto de amor que los dos tuvieron para conmigo fue inexplicable. Para mí, es super altruista este gesto de cada uno”.

En esa ocasión, a Liliana le dieron el alta un par de días más tarde, y Anneris recordó con simpatía que su mamá se recuperó tan bien que enseguida se puso unas botas con taco para ir a visitarla mientras ella permanecía en terapia: “A los tres días se animó a ponerse tacos para entrar a verme”, contó, divertida con la anécdota.

Si bien pasados los dos años un virus afectó la salud de este riñón y la joven ahora asiste a diálisis en el sanatorio La Entrerriana, en Paraná, su optimismo es inquebrantable.

Hoy en día figura en lista de espera del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai). “Tengo dos hermanas y un hermano, que se ofrecieron a hacerse los estudios. Pero preferí ingresar en lista de espera porque ellos tienen hijos chicos y uno nunca sabe si pueden necesitar un trasplante”, indicó.

Festejo

Para celebrar el Día del Padre hoy se reunirá toda la familia en la casa de Edgardo y Liliana, con los cuidados que exige la pandemia del coronavirus, ya que son pacientes de riesgo. “Los tres hacemos vida normal. Ellos están perfectos, pero se cuidan mucho. Yo llevaré mi equipo de mate, barbijo y demás, para extremar las precauciones”, dijo Anneris, y concluyó con entusiasmo: “Nos juntamos en la casa de mis viejos a comer un asadazo, con mis hermanos y mis sobrinos. Será un encuentro super tranquilo y valoro mucho poder estar compartiendo con ellos este día”.

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