Historias de vida
Domingo 01 de Julio de 2018

Rayito, un gurí que da grandes batallas

Superó la quimioterapia por linfoma de hodgkin, una operación de apéndice, y ahora lucha por vencer las secuelas de su enfermedad Francisco Epis tiene 9 años y es de hasenkamp .

Francisco Epis es un niño oriundo de Hasenkamp que se hizo conocido por las campaña de solidaridad que se hicieron a partir de su diagnóstico –linfoma de hodgkin– y tratamiento en el Hospital Garrahan de Buenos Aires. Rayito –como fue bautizado por uno de los tantos visitantes que tuvo en el hospital– desde que recibió el nombre de su enfermedad, no paró de superar difíciles pruebas. Con sus 9 añitos se muestra sonriente y luminoso en cada foto y video que circula por las redes, agradeciendo el apoyo de la comunidad hasenkampense, el acompañamiento de los transportistas o contando el paso a paso de su tratamiento. Su papá Yari Epis es camionero y su mamá Bibiana Cáceres es ama de casa, ambos –como muchos padres que tienen un hijo enfermo– dejaron su vida en el pueblo para trasladarse a Buenos Aires y acompañar al pequeño en su rehabilitación.
La revista El Borne –medio gráfico nacional del transporte por excelencia– le dedicó su tapa de junio al Rayito porque logró algo que no se había dado nunca, unir al transporte. En la entrevista se destaca que transportistas de todo el país reunieron fuerzas por primera vez a favor de la causa de Francisco. Desde la gente que le abrió las puertas de su casa y le prestó hasta el auto para movilizarse; a los encuentros para recaudar fondos que movieron a los camioneros a recorrer cientos de kilómetros con tal de ayudar. "Soy un V8 de Scania, fuerte", dijo el tocayo de McQueen, al momento de agradecer publicación donde se cuentan su historia. Con renovadas esperanzas encaró la quimioterapia y siguió sus estudios de forma hospitalaria. Junto a su maestra Marina, el 20 de junio realizó la promesa de lealtad a la Bandera Nacional, en la escuela N° 502 de Isidro Casanova. En un break entre las entrevistas que tienen con especialistas, Bibiana dialogó con UNO para relatar con mucho amor la valiente batalla de su hijo. —¿Cómo sigue el tratamiento de Francisco? —Él terminó su tratamiento oncológico. Ahora lo que estamos haciendo es terminar de concretar estudios de la parte oncológica, ecocardiogramas y de la parte neurológica. Me piden una resonancia más. Si Dios quiere ahora en las vacaciones nos vamos a dar una vueltita por Hasenkamp y después –cuando nos den el alta definitiva– vendremos una vez al mes, luego cada tres meses y el control proseguirá por cinco años. Falta mucho aún.


—¿Cómo fue el paso a paso?
—Comenzamos el año pasado con estudios porque Francisco tenía un especie de ganglio. Anduvimos como 4 o 5 meses haciendo estudios hasta que decidieron hacerle una biopsia, para el resultado de este estudio se demoró 2 meses y medio y recién el 13 de diciembre recibimos la noticia de que tenía linfoma de hodgkin. En ese transcurso que nosotros estábamos investigando qué era ese ganglio, él empieza a hablar y caminar mal. Los neurólogos de Entre Ríos comienzan a investigar, le hacen tomografías, resonancia y allí salió que tenía como una inflamación en la parte de atrás de la cabeza. Así que empezó con su tratamiento oncológico. La primera quimio fue el 10 de enero y estuvo cuatro días internado. Nos dieron el alta, nos fuimos a casa para volver el 24 de enero, porque eran quimios cada 15 días y un tratamiento de 4 a 6 meses. Cuando fuimos a hacer la segunda quimio en el San Roque de Paraná, entramos y nos reunió el cuerpo médico oncológico y neurológico para decirnos que íbamos a ser trasladados al Garrahan en Buenos Aires, porque –para ellos– el linfoma de hodgkin clásico estaba asociado a un síndrome paraneoplásico. Así que nos fuimos con mi marido a Hasenkamp a preparar ropa y volvimos a Paraná. El 28 de enero salió la ambulancia que nos trasladó y el lunes 29 de enero ingresamos al Garrahan. Allí el cuerpo neurológico tomó el caso y empezaron los estudios, él siguió avanzando con su tratamiento oncológico mientras esperábamos los resultados de más pruebas. En ese transcurso se atacó del apéndice, fue operado, se recuperó, le mandaron la tercera quimioterapia, y así empezamos el ambulatorio. Una vez a la semana control, otra quimio, otro control hasta que a los 4 meses los médicos decidieron hacerle todos los estudios para ver cómo iba él con su tumor, si disminuía o no para ir cambiando la táctica. Nos encontramos que el tumor había desaparecido, era un tumor de ganglios, en la parte del costadito de la cabeza, en el cuello. El tratamiento fue favorable, pero los doctores nos dijeron que ese tumor había hecho daño cerebeloso, o sea que lo dejó con una incapacidad


—¿Cuál sería la incapacidad?

—Pierde el equilibrio al caminar. Recuperó bastante el habla, pero no el equilibrio. Al ir haciendo las quimios él va recuperando pero no del todo. Hay que hacerle mucha estimulación, kinesiología por un año más o menos. Y cuando estemos de alta, en Entre Ríos, va a seguir los tratamientos.


—Tiene mucha fuerza Francisco.

—Sí, impresionante. Eso ayuda muchísimo. Tiene 9 años, cumple 10 en setiembre.


—¿Cómo es él?

—Muy bueno, entendedor. Hace caso. Con el tema de los médicos, él sabía que había que hacer todo para curarse. Al primer momento no le dijimos, pero ahora sí. Él sabe de su enfermedad y por qué lo dejó así.


—¿Fue duro al principio? ¿Lloraba?
—Sí, cada pinchazo lo teníamos que tener y después se fue acostumbrando y solito lo hace. Ahora las resonancias son sin anestesia, porque se queda quietito.


—Y ustedes tienen mucha fortaleza para sacarlo adelante
—Al principio costó adaptarse y asumir que mi hijo tiene un tumor, pero lo sobrellevamos y gracias a eso salimos adelante. Mi otra hija quedó con la abuela en Hasenkamp, porque cursa el último año de la secundaria y no quisimos separarla de sus compañeros. Mi marido dejó el camión parado en noviembre y desde ese tiempo estamos subsistiendo por la solidaridad de la gente de mi pueblo, de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe. Por eso quiero agradecer a todos los que han hecho tanto y no quiero olvidarme de nadie. A la familia Zara, Cintia y Gustavo, que nos dieron alojamiento en San Justo (Buenos Aires) y que hasta la camioneta nos prestaron, porque en uno de los tantos viajes por la autopista se nos rompió nuestro auto. Promesa a la bandera Si bien tuvo que dejar la escuela y a sus compañeritos para tratarse, Francisco siguió su educación con una maestra domiciliaria.

"Marina es su maestra domiciliaria y pertenece a la escuela N° 502 de Isidro Casanova; con ella el 20 de junio tuvo oportunidad de hacer la promesa a la bandera", contó la mamá. Después de las vacaciones de julio y tras nuevos chequeos médicos, se sabrá si el Rayito puede volver a reintegrarse al aula.
—Siempre recibieron apoyo médico.
—Es impresionante la atención que recibimos en el Garrahan. Ahora que estamos en el Hospital de Día nos encontramos con otros padres y todos dicen lo mismo "los médicos no erran en el diagnóstico. Con ninguno". Hay chicos de Corrientes, Gualeguaychú y hasta de Venezuela. Todos reciben el mejor tratamiento. Y son ellos –los doctores– los que nos dicen que seguramente Francisco nos volverá a sorprender.

—¿Son creyentes?
—Sí. Llevamos a Francisco al padre Ignacio en Rosario y él le hizo la imposición de manos, el 23 de diciembre del año pasado.





Comentarios