Entrevista
Domingo 21 de Abril de 2019

Raúl Avellaneda, cazador de mitos y buscador de enigmas

Entrevista. Uno de los referentes entrerrianos en el campo del fenómeno ovni, la astronomía y las historias paranormales. Una charla con el investigador y periodista, que durante 20 años supo cautivar a cientos de paranaenses desde su programa radial

Raúl Avellaneda es todo lo contrario a un escéptico empedernido, quizás se lo podría definir como un creyente cauto. Curioso por naturaleza, este investigador y periodista se ha convertido en un referente serio cuando hablamos de fenómenos difíciles de explicar. "Soy un apasionado por Paraná y todo lo que tiene que ver con los misterios que hacen a nuestra vida y que aún siguen sin revelar. Ese ha sido mi leitmotiv: encontrar verdades", destaca el creador y conductor del recordado envío radial Enigmas, que durante 20 años cautivó a cientos de paranaenses con historias de aparecidos y posesiones, mitos urbanos, archivos del fenómeno ovni y misterios relacionados a civilizaciones antiguas, entre otros tópicos fascinantes. De hecho, muchas de esas historias e investigaciones pueden encontrarse actualmente en su sitio digital www.enigmas.com.ar/.

Sus inicios en este amplio campo investigativo se remontan a 1974, cuando promediaba sus estudios en el colegio Secundario. "Siempre fui uno de esos alumnos curiosos, molestos. Si un profesor me decía que las pirámides de Giza se hicieron con una plancha y subiendo las piedras, yo buscaba otra explicación, porque para mí eso no cuadraba. Las historias tan simplificadas a veces a uno no le cierran. Arranqué con astronomía, un campo que siempre me fascinó; a partir de ahí descubrí el fenómeno ovni. Siempre me maravilló la idea de que pueda haber vida fuera de nuestro sistema solar. Me interesó buscar la verdad en un plano donde es difícil separar el mito de las creencias. Y el fenómeno ovni me llevó, a su vez, a introducirme también en la parapsicología, como así también a las antiguas religiones, que mencionan a seres, definidos como dioses venidos desde el cielo. Todo tiene que ver con todo y uno va profundizando en distintos niveles", rememora.

A partir del fenómeno ovni se contactó con la Onife (Organización Nacional de Investigación de Fenómenos Espaciales), que dirigía Fabio Zerpa y le dio la oportunidad de ser corresponsal en la provincia. De ahí en más, empezó a transitar un apasionante camino que culminó con el programa radial Enigmas, que llevó adelante con un gran equipo de investigadores y periodistas de Paraná, entre los que se contaban Miguel Mernes, referente en el estudio de los antiguos túneles subterráneos que atraviesan la capital entrerriana. "Soy un convencido de que la ciencia es la que nos puede dar las respuestas; pienso que es muy malo creer en algo sin tener pruebas, como lo es negarlo sin tampoco tenerlas. Me ubico en el medio, buscando las pruebas que realmente nos digan cuál es la verdad o, al menos, nos acerquen a ella. En la investigación de campo nos manejamos siempre con la ciencia, si investigamos el fenómeno ovni o un fenómeno paranormal, dependiendo del caso nos acompañamos de un psiquiatra, un psicólogo, de un grafólogo para entender mejor la personalidad del testigo. O en el caso de las apariciones de vacas mutiladas nos valemos del asesoramiento de un veterinario. O de historiadores. Es decir, nos rodeamos de gente de ciencia que nos puede dar su aporte en la investigación, mientras que nosotros traemos la experiencia".

—¿Cómo empieza y termina un proceso de investigación?

—Las investigaciones se originan haciendo un preámbulo de todo lo que tiene que ver con el fenómeno en sí, buscando testigos y elementos que nos puedan hacer un aporte, y a partir del análisis, tratar de llegar a una conclusión. Muchas veces no hay una conclusión, pero es importante que la investigación comience y termine siguiendo un parámetro científico. La investigación exitosa sería aquella en la que uno dice 'caso cerrado, encontramos la verdad', sea la que internamente deseábamos o no. Siempre cuento el caso que sucedió hace algunos años en nuestra ciudad, cuando se habló de mil luces sobrevolando la ciudad. Y con un amigo que pertenece a la Asociación Entrerriana de Astronomía hablamos con los testigos y empezamos a buscar los puntos de vista científicos. Tiempo después, y por azar, nos enteramos de que era un hecho simple: se había inaugurado un local en el centro y lanzaron globos luminosos. Llegamos a la conclusión, ahí terminó la investigación y caso cerrado. Nos hubiera gustado que hubiera sido una gran manifestación de naves extraterrestres para así poder comprobar que sí existe la vida inteligente fuera de la Tierra, pero no fue el caso.


—¿Cómo llegaban a vos las cientos de historias que contabas en tu programa y que hoy están también en tu sitio digital?


—Esas historias llegaban, sobre todo, a partir de gente que escuchaba el programa; y también de la experiencia que uno va adquiriendo. Nosotros las investigamos y las divulgamos no desde el punto de vista del misterio ni de la ciencia ficción; sino para que la gente a la que le ha pasado o le está pasando algo similar, sepa que hay otros que experimentaron lo mismo. A los fenómenos paranormales es muy difícil encontrarles la explicación, pero da la impresión de que hubiera otros mundos que conviven con nosotros, y que de alguna manera se manifiestan, se interrelacionan con nosotros. Suele pasar que esas interrelaciones se dan más con los niños y los ancianos, se habla mucho de energía y frecuencias, quizás se deba a que sus frecuencias sean más cercanas a ese otro mundo. Por ahí se abren puertas que no sabemos cómo cerrar. Por eso siempre llamé a no alentar a jugar con esas energías, por ejemplo con el famoso juego de la copa o con la ouija, porque se despiertan cosas de otro mundo, de ese más allá que no conocemos. O quizás son cosas que tienen que ver con nuestra propia psiquis, pero desatan cosas que después no podemos controlar

La más linda y misteriosa

La entrevista tuvo lugar en la plaza Sáenz Peña, la segunda plaza más antigua de la capital entrerriana. Creada en 1820, con el nombre de plaza Nueva, fue el lugar donde Francisco Ramírez situó su cuartel. Allí tuvieron lugar ejecuciones públicas de presos bajo diversos cargos. "Digo que la plaza Sáenz Peña es la más linda de Paraná, quizás porque me crié en este barrio y la transité desde la más tierna infancia Es una plaza que tiene mucha historia y misterios", destaca Avellaneda, y subraya un área por la que pasan túneles subterráneos que van desde avenida Ejército hasta el centro de la ciudad. En lo que a historias tenebrosas refiere, el investigador señala: "Solo me he remitido a aquellas con testimonios que puedo dar como válidos por conocer bien a las personas que me los han referido. Uno de ellos era el de mi padre, que contaba que en la década de 1930 se manifestaba en este lugar una gallina con sus pollitos. Parece algo risueño, pero en esa época los muchachos se pasaban noches enteras en la plaza tratando de agarrar a esos animales que desaparecían y aparecían en otro punto de la plaza". Avellaneda recuerda que también se hablaba también de una mujer vestida de negro, a la que se la asocia con la llorona mexicana. Pero el más interesante es un relato que escuchó de primera mano: "Hay un caso que no investigué porque no tenía los elementos, pero a mí me lo refirió una persona de mi más absoluta confianza, alguien que puedo aseverar que no es fantasioso ni mucho menos. Él me contó que en la década del 70, una noche volvía de su trabajo en su Citroën 2 CV. Al pasar por calle Carbó, salió de la plaza una persona a la que él describe muy alta y con un sobretodo negro, que prácticamente se tiró sobre su auto. Él la chocó, sintió el impacto, se bajó del vehículo y no encontró a nadie. Pegó la vuelta y fue hasta la comisaría segunda, que está aquí cerquita y comentó lo ocurrido a la policías. Su estado era de tal nerviosismo que los agentes lo acompañaron hasta acá en un patrullero y constataron las frenadas del auto. Uno de los efectivos, al verlo tan preocupado, se acercó a él y le dijo que se tranquilizara, que ya eran varias las personas que habían denunciado el mismo caso. Cuando él me cuenta eso, yo, desde el sentido común le digo: 'Juan, ¿no se te habrá ocurrido? Eran las dos de la mañana y venías de trabajar de corrido'. Entonces él me muestra el capot del auto abollado y la mica del faro rota y me dice: 'Esta es la prueba de lo que pasó'. Y bueno, también hay relatos ubicados en una casa sobre calle Yrigoyen, al otro lado de la plaza, donde se reportó la presencia de personas ataviadas con vestimenta del siglo XIX y otras experiencias que hacen al mito de esta plaza".

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