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Rampas que faltan

Paraná es capital y debería ser ejemplo, ser primera en todo, sin embargo no es así, esta ciudad está quedada en el tiempo.

Jueves 30 de Mayo de 2019

Soy María Carla Zapletal padezco un síndrome mitocondrial (enfermedad producida por falta de oxígeno en las células afectando lo motriz, o sea, brazos, piernas y habla). Vivo en Paraná y desde el 2012 gracias al Departamento de la Mediana y Tercera Edad de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) he logrado integrarme en la sociedad pese a mi dificultad motora.

Hice una investigación en la ciudad de Paraná y advertí que no existen rampas en edificios públicos como facultades, escuelas secundarias, escuelas primarias, jardines, museos, bibliotecas, Casa de Gobierno y, lo más irónico: el Ministerio de Salud tiene dos entradas y ninguna con rampa.

La vereda de la Catedral simula tener rampa, pero es una peligrosa rejilla. Veredas angostas, destruidas o con baldosas sueltas. En esquinas aledañas al centro hay pocas rampas y varias están mal hechas.

La Ley nacional Nº 24.314 sancionada y promulgada en 1994 expresa: "Establecer la prioridad de la supresión de barreras físicas en los ámbitos urbanos arquitectónicos y del transporte que se realicen o en los existentes que remodelen o sustituyan en forma total o parcial sus elementos constitutivos con el fin de lograr la accesibilidad para las personas con movilidad reducida".

La mayoría de las personas que manejan estacionan sus vehículos donde no deben. Lo digo pues asisto al Instituto Lighuen, un establecimiento de rehabilitación con atención personalizada, situado en 9 de Julio 271, hace años que se encuentra ubicado en este lugar y generalmente hay autos estacionados habiendo un cartel que dice "exclusivo ascenso y descenso discapacitados". Que yo sepa, las personas ciegas no manejan.

No todos los móviles de las líneas de colectivos están adaptados para personas con movilidad reducida, solo hay cinco y son pocos los que están adecuados circulando.

Me siento discriminada por los gobernantes, pues la ley es nacional pero no se cumple. Paraná tiene shopping y no tiene calles, veredas ni edificios públicos para todos.

Debo destacar la amabilidad de algunas personas por ayudarme o intentar hacerlo.

Este reclamo no es solo para los que utilizamos sillas de ruedas, sino también para personas como adultos mayores, mamás con coches de bebé, etc. La verdad esta gestión política no hizo nada, la ciudad sigue igual.

Paraná es capital y debería ser ejemplo, ser primera en todo, sin embargo no es así, esta ciudad está quedada en el tiempo. Los gobernantes hacen oídos sordos y piensan que Paraná sigue siendo un pueblo y ya es una ciudad pujante. Respetar las diferencias, permitir a los demás expresarse, nos ayuda a crecer y enriquecernos. No soy una cronista, sólo una ciudadana de esta localidad que reclama sus derechos: que se cumplan las leyes.


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