Ramírez apuesta a los bosques frutales para promover la biodiversidad y la alimentación saludable

General Ramírez ya cuenta con dos espacios verdes que combinan distintas especies, educación ambiental y participación comunitaria.

07:31 hs - Sábado 24 de Octubre de 2026

General Ramírez avanza con una propuesta innovadora de arbolado urbano que integra biodiversidad, alimentación saludable y educación ambiental. A través de dos bosques frutales creados en espacios públicos, el municipio promueve el contacto de la comunidad con la naturaleza y la recuperación de especies nativas, en una experiencia pionera en la región que fue presentada en el VII Congreso Nacional de Arboricultura y Bosques Urbanos, realizado en Posadas, Misiones.

El trabajo, titulado “Riqueza Florística de los Bosques Urbanos Frutales de la Ciudad de General Ramírez, Entre Ríos”, fue coordinado por el técnico universitario en Jardinería Joaquín Ramallo Burgos, de la Fundación Eco Urbano. El estudio permitió relevar las especies presentes, evaluar el crecimiento y el estado sanitario de los ejemplares y generar una base de datos georreferenciada para facilitar su seguimiento y mantenimiento.

Un proyecto pionero en la provincia

La iniciativa comenzó en 2022 con la creación del primer bosque, impulsado por la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER). Está integrado por frutales tradicionales como manzanos, naranjos, durazneros, pomelos, paltas, limoneros, nísperos, ciruelos, pelones y damascos. Al año siguiente se incorporó un segundo espacio, diseñado por Myriam Martínez y financiado por el Municipio local para revalorizar especies nativas del Cono Sur, entre ellas jaboticaba, ubajay, guabiyú y ñangapiri, junto con árboles característicos de la ecorregión del Espinal, como algarrobos y chañares.

“Ambos espacios se gestaron a partir del trabajo articulado entre la Municipalidad de General Ramírez, la Facultad de Ciencias de la Vida y la Salud de la UADER, la Fundación Eco Urbano y la organización ambiental Eco Ramírez, con aportes institucionales y de vecinos”, indicaron desde Eco Urbano.

Por su parte, la intendenta de General Ramírez, Flavia Pamberger, destacó el valor ambiental y educativo de estos bosques y la participación de la comunidad en su cuidado. “Para nosotros son dos espacios públicos muy importantes que sirven tanto para la cuestión ambiental como también educativa”, señaló a UNO.

En ese sentido, resaltó que los vecinos se involucraron en el mantenimiento de los árboles mediante tareas como el riego y el control de hormigas. También subrayó la posibilidad de acercar a los estudiantes a especies que no forman parte del consumo habitual. “Nos sirve muchísimo también para poder mostrarle a las escuelas, a los alumnos, que hay otro tipo de frutos y, principalmente, el último que tiene todas variedades autóctonas”, expresó.

Para Pamberger, la experiencia representa un rasgo distintivo de la ciudad y el resultado de un esfuerzo compartido. “Es algo que nos encuentra en todos lados y que es un orgullo para nosotros”, afirmó, al destacar que el proyecto ya pudo presentarse en encuentros de otras provincias y despertó interés para su posible implementación en otros lugares.

Cuidado y planificación

El relevamiento presentado en Posadas identificó un total de 24 especies y registró 70 árboles frutales entre ambos espacios. El segundo bosque, que combina especies introducidas y nativas, presentó la mayor riqueza, con 19 especies. En cuanto al estado sanitario, el 63% de los ejemplares evaluados en el primer bosque y el 57% de los correspondientes al segundo se encontraban en buenas condiciones.

Para Ramallo Burgos, el trabajo constituye un aporte concreto para pensar el desarrollo urbano desde una perspectiva ambiental. “Me genera mucha motivación y esperanza de que se pueden planificar ciudades de otra manera, de que se puede ir a contracorriente de las tendencias hegemónicas que hay de planificar todo con hormigón, con menos espacios públicos y menos accesibilidad a los entornos más naturales”, sostuvo.

El técnico consideró que los bosques son parte de un proceso más amplio de construcción de una agenda ambiental local, que incluye el vivero municipal, las campañas de forestación y la articulación con organizaciones e instituciones. Además, remarcó que se trata de una propuesta que puede adaptarse a otras localidades, siempre que exista planificación y compromiso comunitario.

Uno de los principales resultados del estudio fue la elaboración de la primera base de datos georreferenciada de ambos bosques mediante el sistema de información geográfica QGIS. La herramienta permite ubicar cada árbol y registrar información sobre su especie, desarrollo y condición sanitaria, para actualizar los datos y orientar las decisiones municipales sobre mantenimiento y nuevas plantaciones.

Selección de especies

La selección de las especies también respondió a una combinación de aportes institucionales y comunitarios. En los comienzos del proyecto, vecinos acercaron árboles frutales que tenían en sus viviendas, especialmente cítricos y otras variedades tradicionales. A eso se sumaron ejemplares adquiridos por el municipio y plantas producidas en el vivero municipal. En cambio, los frutales nativos fueron obtenidos de viveros especializados, debido a que son especies menos conocidas y menos habituales en los jardines de la zona.

Entre las variedades incorporadas al segundo bosque se encuentra la jaboticaba –también conocida como uva de Brasil–, un frutal con presencia en Misiones y el sur de Brasil. Sus frutos pueden utilizarse en preparaciones como dulces y bebidas, una característica que permite ampliar el conocimiento sobre otras posibilidades de aprovechamiento de las especies nativas. El ubajay, el guabiyú y el ñangapiri también forman parte de esta apuesta por recuperar y difundir la diversidad vegetal.

El desafío de aprovechar los frutos

La experiencia también abre una nueva etapa: establecer criterios para la cosecha y el aprovechamiento de la producción. Según explicó Ramallo Burgos, una de las propuestas surgidas del intercambio con especialistas durante el congreso fue avanzar en una ordenanza o normativa local que regule la recolección de los frutos y contemple las condiciones necesarias para garantizar su calidad y evitar riesgos para la salud.

La intención es que, cuando los árboles comiencen a producir, los vecinos puedan disfrutar y aprovechar los frutos de estos espacios públicos de manera organizada y segura. A la vez, se buscará evaluar el estado de los ejemplares que requieren mayores cuidados y analizar la posibilidad de incorporar nuevas especies. “Son plazas que en un corto plazo van a dar alimento a los vecinos, a las vecinas de la ciudad y que tranquilamente se pueden replicar en otros municipios de la provincia”, afirmó el técnico.

La participación ciudadana es otro de los pilares de la propuesta. El compromiso de los vecinos con el riego y el cuidado de los árboles contribuye a sostener los espacios y fortalece el sentido de pertenencia. Para Ramallo Burgos, esa apropiación comunitaria resulta fundamental para que las iniciativas perduren y puedan crecer con el tiempo.

Los bosques frutales de General Ramírez proponen otra forma de pensar las plazas: no solo como lugares de recreación, sino también como espacios de aprendizaje, producción de alimentos, conservación de la biodiversidad y encuentro comunitario.