Secciones
Humor

Que Israel y China se acuerden de sus hermanos judíos taoístas

Humor como vía para indagar en nuestra identificación siempre en ebullición y salpimentar la cuarentena con un brebaje contra el agobio.

Domingo 05 de Abril de 2020

En la carrera por la vacuna contra el coronavirus parece que Israel picó en punta. Y bueno, si la consigue pronto nos hallará a los entrerrianos primeros en la cola, con la cola al aire esperando el pinchazo de nuestros hermanos mayores. Si al fin y al cabo no hay en el mundo un pueblo más judío que el panzaverde, con Alberto Gerchunoff y Samuel Eichelbaum a la cabeza.

Vamos a madrugar, no sé si tanto como los jubilados del viernes, pero ahí estaremos, termo bajo el brazo, barbijo, compartiendo historias ilustradas de Jaimo, gaucho poco serio si los hay pero arquitecto. No les negaremos la primacía a los locales, pero ahí nomás los panzaverdes, y atrás el resto de la humanidad.

Atenti, hermanos queridos, por si se les había traspapelado nuestra historia bíblica: aquí nació nada menos que José Pekerman, no pueden ustedes ignorar así como así esta gracia del cielo. Paloma Efron, Daniel Muchnik, los hermanos Pasik… Si hay que cambiar al gobernador por el Américo Schvartzman… todo sea por ese dios llamado Vacuna contra el Covid-19.

Los poetas

“Admiro tanto a los gauchos como a los hebreos de la antigüedad. Como éstos, son patriarcales y nobles”, leemos en boca de un poeta Favel Duglach que solía decir “soy un gaucho judío”. Eso cuenta Gerchunoff. ¡No se hable más!

Imaginamos la vacuna como el sol en Drácula, como el Rosario y el Crucifijo para el exorcismo contra los mil demonios. Hemos dicho por casi dos siglos que las Malvinas son argentinas: bue… ¿quién va notar el cambio si en vez de argentinas decimos israelinas? Conversando se entiende la gente, vacuna mediante…

Ahora: en el hipotético caso de que nuestros buenos hermanos israelíes se durmieran y la vacuna apareciera en la hermana China, ¡fuera Gerchunoff, bienvenido Juan L. Ortiz con todos sus juncos y sauces a cuestas!

¡Bienvenida la noticia, maestro Xi Jinping, lo saludamos desde el país de los paraisales que alguna vez trajimos de sus maravillosas regiones del Himalaya! Entre Ríos es la patria del sauce, más china que el dragón, la patria de los chinos y las piedras chinas. ¿No hubo una simbiosis desde que el gualeyo trajo el ginkgo biloba para que se alzara en la barranca del Paraná y lo confundiera con su par oriental? “Y me doblo como un sauce…/ Y sigue lloviendo en mi corazón y sigue lloviendo, lloviendo, lloviendo…/ lloviendo sobre el Yan –Tsé”, escuchamos en la voz de Juanele.

Con el mate

El coronavirus le quita al mundo la paz, y a los entrerrianos la paz y el mate. Fuente de nuestros encuentros, luz de nuestros laberintos, el mate en rueda vuelve a ser visto como la cola del diablo, como en los tiempos de la Inquisición.

El mate reúne nuestros saberes milenarios, nuestros modos, nuestras normas no escritas, como la Toltecáyotl en México; es nuestro fuego interior y a la vez nuestro fogón comunitario.

Nos preguntaron días atrás sobre el Pueblo Tagüé, al que hicimos referencia en unas columnas, y aquí empezamos con un poco de humor, en un intento de hace buenas migas con los hermanos del Tao y el Talmud.

El Pueblo Tagüé tiene herencia hondamente charrúa y de ahí su buen humor. Entre los charrúas privados de libertad y llevados a Francia, cuentan que Tacuavé se burlaba de los parroquianos que asistían para mirarlo como si fuera un mono, y el modo harto ingenioso que le habían escuchado, con el fin de obtener unas monedas. Y bien: aquí le hacemos una broma a los chinos y a los israelíes, para que caigan del cielo no unas monedas sino unas vacunas. Ah, y también unas monedas.

Con la excusa de la cuarentena, vamos pues a algunas de las condiciones del Pueblo Tagüé, para nada fijas ni cristalizadas, pero sí observables y muy a tono con otras culturas de todos los continentes.

Pueblo preexistente

El Tagüé es un pueblo preexistente por las fuentes milenarias en que abrevamos en el Abya yala (América), en el Litoral, sin ignorar por eso diversas influencias antiguas y recientes.

Nos resistirnos a la estrategia colonial que nos señala como extraños, como recién venidos, sin historia, para arrancarnos de nuestras raíces profundas, para hacernos volátiles, cuando nuestra historia y nuestros saberes se remontan miles de años en este suelo. Por eso no es sólo humor, esto de compararnos con el pueblo chino, el pueblo israelita, reconocidos en su historia varias veces milenaria.

Nada del pueblo guaraní, del pueblo charrúa y aledaños, de los africanos del norte y del sur, nos es ajeno. Como tampoco de los pueblos de Europa, de Oriente, en fin.

La interrupción grave del devenir histórico, que sí sufrimos, no equivale a la muerte, y tampoco a la resignación o la derrota. Hay un hilo conductor que no ignoramos, al contrario: queremos recuperar para alumbrarnos. Somos pueblo preexistente, convaleciente, claro, en recuperación, en resistencia. No somos hijos de la conquista: la combatimos. Por supuesto que, como en toda cultura, habrá personas, grupos, clases sociales, en fin, más o menos colonizados; pero para formar parte del Pueblo Tagüe no basta nacer en un territorio o mostrar un DNI: la identificación es algo más profundo. Se emparenta con esos versos de Marcelino Román que Víctor Velázquez hizo milonga y dicen “Al falluto no lo cuento porque ese no es entrerriano”.

Tampoco renegamos de nuestra vasta historia ensangrentada. Y no entregamos nuestra libertad comunitaria a las estructuras de poder heredadas. Como bien dice una chamarrita de Guille Lugrín: tiene gusto a montonera y no tanto a general.

Región autónoma

Nuestro territorio llamado provincia es en realidad una región autónoma comunitaria y hospitalaria que fue puesta, es cierto, bajo el predominio de un Estado-nación uniformador y colonial pero por una y otra vía se rebela de tanto en tanto contra las estructuras occidentales impuestas y también contra el capitalismo. Hay una variedad de manifestaciones de las comunidades entrerrianas que no responden al orden capitalista. Largo sería explicarlas.

La emancipación del Pueblo Tagüé contra la continuidad del orden colonial pone en el centro la integración de los pueblos de la región, no al separatismo (como ocurre en otras regiones autónomas) porque eso equivaldría a colocar al Estado en el centro nuevamente.

Una de las premisas para visibilizar y cultivar el Pueblo Tagüé está en recuperar y conocer los saberes ancestrales como base de la integración, centrados en la armonía del ser humano en la naturaleza, es decir: revertir el proceso actual de división, saqueo y destrucción que impone el antropocentrismo occidental y se manifiesta en muchas de nuestras actividades económicas más o menos naturalizadas.

Los Tagüé nos sabemos singulares, no mejores ni peores, pero con una trama propia, en lo que tenemos de sencillos, francos, comunitarios, jamás representados por la suma de individualidades que quiere imponer el sistema occidental. En esta conciencia es que debemos y necesitamos remozar nuestra condición, es decir: salir del engaño en que el poder colonial nos quiere sometidos, como si estuviéramos en su carrera, y obviamente, perdiendo. Nosotros no jugamos su carrera, no perdemos ni ganamos, somos herederos del pueblo cimarrón, orejano, que “no se atraca en leyes” occidentales, como dice la canción.

No se trata de inventar sino de recuperar una condición. El Pueblo Tagüé no reniega de su pertenencia aunque sí discute las divisiones que han invisibilizado nuestras culturas para uniformarnos y malquistarnos, mediante fronteras violentas.

Ventanas abiertas

Dentro del continente, dentro del Abya yala, del Litoral, de la Argentina, de Entre Ríos, pero Tagüés, hombres y mujeres Tagüés, como una definición explícita de la conciencia de sabernos este pueblo y cultivar los principios, es decir: no sólo el hecho de nacer o vivir en una zona sino la aceptación de una actitud en el cosmos, una cosmovisión, una conciencia comunitaria que no inventamos sino que vuelve a despertar y a despertarnos.

En esta conciencia a 500 años del inicio del mayor atropello colonial genocida del mundo podemos ser malinterpretados, y por eso vale aclarar que conocemos limitaciones, principalmente por la destrucción planificada de nuestras culturas milenarias, de modo que desde esta conciencia nos estamos bañando en los principios de resistencia ante los atropellos, armonía en la naturaleza, complementariedad entre pares opuestos, reciprocidad y don en el intercambio de bienes y saberes, comunidad en la vida, el trabajo, la alimentación, hospitalidad con los desconocidos; espíritu de servicio, cultivo de las artes, actitud para compartir, e inclinación ante la Pachamama, respeto a la palabra empeñada…

Como estamos en cuarentena, bien podemos detenernos a reflexionar sobre los efectos positivos de este reconocimiento, para conversar con los demás pueblos del mundo y volver los ojos a nuestro entorno, es decir: reconocernos dentro de la biodiversidad y no enfrente, como pretende el occidente. “Mundo zurdeño”, hemos dicho del encuentro natural del ser humano con el monte, el río, los pájaros; con la música y la poesía y las luchas y los oficios dentro de la biodiversidad. Miguel Martínez, el Zurdo, decía “curupiciar” para nombrar el paseo en la naturaleza con el corazón abierto.

Versos criollos

No se trata de una cerrazón sino lo contrario: una apertura. Abrirnos a otras culturas hermanas de la región y de todo el Abya yala y el mundo para el intercambio cultural en todas las expresiones, en defensa irrestricta de la soberanía particular de los pueblos y con vistas a una confederación, libres de ligaduras coloniales y de metrópolis herederas de la conquista. Bajo la consigna de Mahatma Gandhi: “No quiero mi casa amurallada por todos lados, ni mis ventanas cerradas. Yo quiero que las culturas de todo el mundo soplen sobre mi hogar tan libremente como sea posible, pero me niego a ser barrido por ninguna de ellas”.

Esa fue una guía para el entrerriano Mario Alarcón Muñiz, que nos dijo adiós hace muy poquito, autor precisamente de una obra en el sentido de la idendidad, llamada “Entrerrianías”.

“Si hay leña cáida en el monte/ yo no vi’a voltear un árbol:/ po’el aire no puedo dir,/ de no, ni pisaba el pasto”. Los versos criollos orientales recitados por un argentino que vivió en Entre Ríos muestran la continuidad de la cosmovisión del buen vivir en nuestros pueblos criollos, y hoy mismo, pleno siglo XXI.

Si respetamos los montes, los animalitos del monte quedarán en sus nidos, sus virus no pasarán al ser humano tan fácilmente, y podremos disfrutar del paisaje sin cuarentenas obligatorias, sin llorar las consecuencias de nuestros atropellos.

Tagüé, entrerriano de pelo duro como nos recuerda Roque Casals; corazón tierno y fibra fuerte de caranday, como dice Linares; Pueblo Tagüé, cultura consciente de sus condiciones y sus lazos de hermandad con el mundo; hospitalidad, gauchada, minga, arroyo y pájaro.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario