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Qué era el animal que corría por calle Almafuerte

Un motociclista y su acompañante persiguieron y grabaron a un ejemplar de cuatro patas que corría por la calle.

Domingo 06 de Octubre de 2019

Este sábado un motociclista y su acompañante persiguieron con una moto y un celular a un ejemplar de cuatro patas que corría por calle Almafuerte, en la zona de su intersección con Parera.

Mientras el motociclista repetía “qué es eso bolud…!” su acompañante le respondía “seguilo, seguilo, seguilo de cerca”, el animal trotaba tratando de escapar.

El alboroto no hizo más que encandilar y espantar al cánido que, afortunadamente, se perdió en un descampado.

Se trata de un ejemplar adulto de aguará guazú, una especie en peligro de extinción que no representa peligro para los humanos.

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Más sobre el aguará guazú

El aguará guazú no es un zorro, ni un lobo, ni un coyote, ni perro ni chacal, sino que es un cánido distinto cuyo hábitat son las prederas, pastizales y zonas de humedales desde el río Paranaíba en la región Nordeste de Brasil de Brasil, Mesopotamia argentina al sur por el Chaco de Paraguay en Río Grande do Sul, Brasil, la cuenca del río Paraná, especialmente en el chaco Boliviano y al oeste de las pampas del Heath en Perú.

Es corpulento en comparación con otros cánidos silvestres, una impresión reforzada por la densidad de su pelaje y la distintiva melena de crines alrededor del cuello. Alcanza los 107 cm de altura a la cruz, y hasta los 125 cm de longitud, a los que hay que sumar unos 45 cm de cola. Puede alcanzar los 34 kg de peso. La estructura del cuerpo se asemeja a la de un zorro, aunque las patas largas le dan un aire desgarbado muy peculiar por lo que se lo ha relacionado a lo que la cultura popular llama “lobizón”.

El pelaje es largo y tupido, de color anaranjado rojizo, más largo en la región del cuello, con el vientre más claro. Presenta marcas negras en el hocico, las extremidades y a lo largo de la espina dorsal, así como otras blancas en la garganta, el interior de las orejas y ocasionalmente en el extremo de la cola.

La cabeza es alargada y pequeña en relación al tamaño del cuerpo; la melena eréctil le permite parecer más grande para amenazar a sus congéneres. Las pupilas de los ojos son circulares, a diferencia de los zorros, que las tienen en forma de elipse vertical. Las orejas son grandes, lo que facilita irradiar el calor para reducir la temperatura corporal. Tiene fuertes uñas en las extremidades delanteras, aunque es incapaz de excavar con ellas. Las patas largas lo dotan de una visibilidad superior en las regiones de pastos altos en las que habita. Como la hiena, mueve las extremidades de un mismo lado al caminar pues le permite ahorrar energía y recorrer grandes distancias; esto deja una huella distintiva.

Son excelentes caminadores, recorriendo los mismos senderos de ida y de vuelta. No necesita correr dado las pequeñas presas que persigue, razón además de su pequeño volumen pectoral. Los individuos se comunican entre sí a través de largas distancias con un aullido ronco, de tono bajo y de alto alcance que le ha dado la fama de “lobizón” en muchas regiones y esto ha contribuido a su persecución.

Protección, cuidado y riesgos para el ser humano

El aguará guazú no constituye riesgo para el humano o para el ganado doméstico; prefiere presas más pequeñas, y es excesivamente tímido para incursionar en estancias o poblados. Sin embargo, ha padecido extensamente la caza, motivada entre otras razones por la superstición que lo asimila al lobizón u hombre lobo. La transmisión de enfermedades exóticas lo ha mermado también considerablemente.

Hoy, en Argentina, está protegido en todo su hábitat; existen ejemplares al este del Chaco, en Formosa, en Misiones en Corrientes, Santiago del Estero, extremo noreste de Córdoba y en el norte de Santa Fe, así como en Brasil y Bolivia y en el Chaco paraguayo. La desaparición del hábitat no lo amenaza, puesto que no requiere de forestación. Resulta más grave la captura de animales para exhibición en zoológicos, donde es muy apreciado por su forma peculiar.

El Chrysocyon brachyurus fue declarado monumento natural por la provincia de Misiones mediante la ley n.° 4083 sancionada el 30 de julio de 2004, por la provincia de Corrientes por el decreto n.° 1555/1992 de 10 de diciembre de 1992, por la provincia del Chaco por ley n.° 4306 de 6 de junio de 19967, y por la provincia de Santa Fe por la ley n.° 12182 sancionada el 30 de octubre de 2003.8.

En Bolivia, está protegido en todo el territorio; las mayores poblaciones de aguará guazú se encuentran en territorio boliviano donde aún se suele observar con frecuencia y conservan grandes extensiones de selva virgen, los habitantes del oriente boliviano no lo cazan ni lo consideran perjudicial para el ganado, también por costumbres de los indígenas guaraníes bolivianos.

Hábitos

En 2009 un estudio de ADN realizado por un equipo científico dirigido por Graham J. Slater, de la Universidad de California en Los Ángeles, confirmó que el pariente más cercano al aguará guazú es el lobo de las islas Malvinas (Dusicyon australis), extinto por el hombre en el siglo XIX.

Sus largas y delgadas patas se adaptan a su entorno, principalmente hierba alta.

El aguará guazú se mantiene por lo general oculto durante el día; caza preferentemente en horario crepuscular, aunque está también activo de noche. Es omnívoro, y obtiene la mayor parte de sus calorías de frutos (principalmente de la lobeira) y raíces tiernas; sin embargo, son buenos cazadores. Acechan su presa —roedores pequeños, especialmente conejos, liebres y cuises, además de lagartos, ranas y aves— para matarla de improviso; aunque pueden desarrollar buenas velocidades en carrera, normalmente no persiguen a la presa. Comen también huevos de aves y reptiles, y de ser necesario carroña. La dentición refleja sus hábitos alimentarios, mostrando molares bien desarrollados e incisivos superiores relativamente débiles.

El aguará guazú no forma manadas en ningún momento del año. Alrededor del año de edad madura sexualmente; un año más tarde forma una pareja estable; no caza ni duerme en común, pero ocasionalmente ocupan el mismo cubil.

El aguará guazú no aúlla; se comunica a la distancia mediante ladridos roncos y graves. Las situaciones de conflicto, cuando un ejemplar entra al territorio de otro pese a las marcas olfativas que lo delimitan, suscitan un gruñido similar al de los perros.

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