Paraná
Viernes 03 de Noviembre de 2017

Propietario de carribar resiste con gomas y garrafas, otros iniciaron la retirada

En la Costanera de Paraná se decía ayer que la comuna dio hasta hoy a las 15 para que se lleven estructuras y artefactos de cocina

"No me voy a mover", dijo Hugo Alberto Núñez, dueño de Al Paso, uno de los carribares de la Costanera Baja de Paraná que ayer se mantenía en pie. Adentro había gente, mucha gente, y varios eran sus empleados. Además de desmentir haberle pagado a la jueza, el hombre con su campera de cuero roja –el resto de la pilcha impecable– cada tanto se tomaba un mate en la puerta de su local y hablaba por teléfono. Aseguró a UNO tener 20 garrafas para prenderse fuego si la Municipalidad lo venía a sacar. Después, en una recorrida, la corroboración visual dio positivo: las tenía ahí, en la parte de la cocina, una al lado de la otra. Pero más que para una autodeterminación, por la disposición de numerosos neumáticos al estilo de viejas barricadas, todo parecía más una forma de defensa ante un posible desalojo. Ese era el clima que se vivía ayer en una de las zonas más lindas de Paraná.

El miércoles, con maquinaria pesada y a través de un operativo coordinado entre la comuna y la Policía, iniciaron el retiro –por no decir la demolición– de estos bares de comidas rápidas. Se habló ayer y anteayer de inexistentes habilitaciones comerciales, de ausencias de condiciones bromatológicas, de impensados derechos laborales. Pero también de que antes estas estructuras estaban cerca de la Sala Mayo y que la anterior gestión municipal les dio el lugar que ocuparon hasta el inicio de la semana. De todos modos, más de un puestero aseguró a UNO tener comprobantes de los pagos de tasas como la de Higiene y Profilaxis, entre otras.

Eran cerca de las 18 cuando llegó un camión de la Municipalidad de Paraná, y un grupo de muchachos bajó con gomas para sumar a la barricada construida frente a las puertas de Al Paso.
Núñez aseguró tener su local "por derecha", que solo de estructura tiene un costo de 700.000 pesos y que está decidido a defender los 16 puestos de trabajo que tenía su local. "Son 16 familias", aclaró.

El hombre de 53 años dice que hace casi una década que se dedica a esto, a la venta de comidas rápidas callejeras y que antes trabajó de cuidacoche, de pescador, de diariero, de lo que fuera. "Me han hablado de que he sido delincuente, de que he sido narco, pero yo por derecha la puedo pelear, el delincuente no la puede pelear", dijo, y luego explicó que en realidad venían a sacar a los que carribares cerrados, pero luego decidieron que eran todos.

Bajo un árbol en el medio del barro por las precipitaciones de ayer, agregó el hombre del barrio Los Arenales: "Tengo 60 familias defendiéndome. Son todos de acá cerca. Son clientes del grupo que tengo yo" y nombró a una panadería. También mencionó más adelante sobre una vez que también lo quisieron sacar del lugar : "No voy a decir mi padrino, si vos querés ponelo, pero el que me dio una mano y me defendió a morir y que hoy es vicegobernador es el Beto Bahl y gracias a él tengo lo que tengo. Me defendió en todo lo que era y con el Beto siempre es blanco o negro, y yo siempre me porté bien".

Se llevaban algunas cosas como las cocinas y otros artefactos por si hoy la situación se ponía más tensa, para que no se rompan. "Yo me voy a plantar", reafirmó el hombre mientras recorría el interior del local, donde además de los artefactos modernos de cocina y de las máquinas para producir pan, tiene toda una construcción hecha con ladrillos y baños para damas y caballeros, como corresponde.
De la decena de locales que están ubicados uno al lado del otro, muy pocos estaban en actividad, algunos llevaban más de un año si abrir sus puertas. Es el caso de Carlos Walter, quien contó que tenía problemas económicos y a su mujer con una enfermedad y por eso no trabajaba el carribar. "Pero esta temporada queríamos abrir", dijo mientras sacaba parte de la estructura que una de las máquinas derribó el miércoles.

La que sí abría cada noche y ahora solo tiene desconcierto es la señora Baldez del carribar San jorge. A ella las máquinas le rompieron parte de la estructura que tenía construida, el local era su medio de vida y dijo que ahora no sabe a dónde va a ir, en qué lugar la dejarán trabajar.
Lo cierto es que ayer se vivían momentos difíciles porque la mayoría de los negocios estaban en retirada, menos Al Paso.
Había techos tirados en el suelo, destruidos, doblados y tirantes quebrados. Algunos destornillaban las chapas que podían para intentar llevarse algo, para no perder todo. Es que en el lugar se decía que la comuna les había dado hasta ayer a las 15, pero "por la lluvia", aclararon, les extendieron los plazos hasta hoy a la misma hora; desde la salida del sol, tuvieron poco tiempo para retirarse del lugar tal cual la orden que se había impartido.
En aquellos carribares que emprendían la retirada y que estaban cerrados desde hace meses decían que habían sufrido robos a lo largo del tiempo y que por eso no se podían mantener abiertos.
En el lugar, todo hacía suponer que el conflicto recién había empezado o que por lo menos estaba lejos de llegar a su fin, eso se respiraba entre la humedad y el barro.
Al margen de aquellos que ya decidieron emprender la retirada, uno solo, el más grande, se plantó con gomas y garrafas de gas, y también con gente, con mucha gente.

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