Secciones
Patrimonio natural

Preocupa el estado de la histórica encina de la Plaza 1° de Mayo

Testigo del paso de varias generaciones, el ejemplar que data del arbolado hecho hacia fines del siglo XIX en Paraná, se observa muy deteriorado

Domingo 29 de Septiembre de 2019

“Los árboles constituyen el índice de cultura de cualquier ciudad”, definió el poeta y narrador Amaro Villanueva, en una de sus crónicas sobre Paraná. Y sobre la convivencia de los distintos árboles en la Plaza 1° de Mayo, destaca a la encina: “Quien atrae los ojos y levanta la admiración en todo tiempo, es la encina opulenta, de fronda permanente, que se asoma sobre el veredón que da a calle 25 de Mayo. Grande y añosa, como una madre aldeana que mira la larga descendencia de su fuerte fecundidad, la encina de la plaza 1º de Mayo sigue creciendo a lo ancho y a lo alto, hacia los hombres y hacia el cielo, semejante a la eternidad y hermosa como la salud antigua”, reseña en una de sus crónicas de la edición Paraná, rosa de otoño.

La encina hoy se observa en mal estado. Ya no está María Lourdes Cura, incansable defensora de los árboles, quien por estos días estaría agitando y alertando sobre las distintas dificultades y deterioro que presenta el arbolado público y particularmente, aquellos declarados patrimonio protegido.

En la encina se pueden apreciar varias ramas secas, que de a poco van cubriendo un mayor espacio de su ahora disminuida “fronda permanente”.

Testigo del paso de generaciones y de transformaciones urbanas y sociales, se trata de un árbol de origen galo.

Sin conocimientos técnicos, a la vista se puede apreciar que algo no está bien en el ejemplar; en las varias ramas secas se observa cómo han sido colonizadas por la plaga del clavel del aire, que viene deteriorando el arbolado público en distintos sectores de la ciudad.

Ayer, ante la consulta de UNO, algunos especialistas prefirieron no adelantar su percepción de la situación, algunos de los cuales incluso no se habían percatado de la situación. Como ocurre a menudo, pocas veces observamos las cosas que nos rodean a diario.

El deterioro de la encina se puede apreciar con mayor facilidad desde su perfil este.

Esta especie forma parte del arbolado instrumentado hacia fines del siglo XIX. Como alguna vez mencionó María Lourdes Cura, en uno de sus escritos, “hasta 1888 la plaza poseía un arbolado sin orden alguno, que sin embargo le daba un aspecto de bosque. Paraísos, moras y naranjos, y veredas de ladrillo común ofrecían un paseo que no estaba de acuerdo con el progreso de la ciudad.

Es por eso que en tiempos del intendente don Enrique Berduc, y siendo presidente del Concejo Deliberante Santos Domínguez, entre 1880 y 1890, se procedió a un nuevo arbolado, que adquirió la fisonomía que tuvo hasta la actualidad, más allá del deterioro o desaparición de algunos de los ejemplares, por distintas circunstancias.

Lo cierto también es que con la desaparición de María Cura, el tema del arbolado, su protección e importancia, ha quedado relegado en la opinión pública. Incansable, denunciaba y reclamaba con la misma energía y preocupación, tanto por un ejemplar en un barrio o en el centro.

En sus últimos año de vida realizó la restauración de La Plegaria del Árbol, escultura hecha en 1994 sobre el ejemplar de cedro del Líbano –que se había secado en 1987–, traído justamente por el intendente Berduc desde Europa, para aquella reforestación de la plaza.

“La escultura necesita mantenerse cada dos años con una laca protectora”, había dicho a UNO por entonces.

Se perdió en el tiempo también el programa que proponía cuida-árboles en la ciudad.

El arbolado urbano cumple distintas funciones, y son testigos vivientes de la historia de la ciudad. Otros ejemplares destacados que tiene la ciudad son el Algarrobo de La Floresta, donde se dice que el general Manuel Belgrano descansó en su paso por Paraná, hacia Paraguay; el palo borracho de calle Nogoyá y avenida Francisco Ramírez; o el Guayacán de calle Uruguay a metros de San Juan.

Hay también una serie de arbolados de naranjos (en calle San Martín), de jacarandáes (en calles Malvinas y Laurencena) o de lapachos (en calle Rivadavia), por citar algunos de los protegidos por Ordenanza N 8.218 del 2000, declarados como “patrimonio natural y cultural”.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario