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Por un milagro de joven de Paraná hoy es beato Juan Pablo I

A Candela Giarda, de 21 años, no le daban esperanzas de vida. Le rezaron a Albino Luciani y se recuperó. El Vaticano finalmente lo beatificó por este milagro

Jueves 14 de Octubre de 2021

Que el milagro que dio origen a la beatificación del papa Juan Pablo I esté vinculado a Paraná causó una gran conmoción no solo en la mayoría de los entrerrianos, sino en el mundo. Y en las redes sociales de la protagonista, Candela Giarda, sus familiares compartieron con orgullo las noticias en las que diferentes medios reflejaron a nivel país su historia: la joven, quien hoy tiene 21 años, tenía 10 cuando los médicos que la atendían le aseguraron a su mamá, Roxana, que no podían hacer nada por ella. “Se muere esta noche”, le habían afirmado ese doloroso 22 de julio de 2011.

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“Hoy oficialmente sos un milagro. Siempre lo fuiste para nosotras. Tu fuerza es inexplicable. Te amo hermana”, le escribió a Candela en una de sus redes sociales una de sus hermanas mayores, Karen.

“Te amamos. Dios te hizo milagro”, agregó por su parte Paula Giarda, una de sus tías, junto a otros tantos mensajes de aliento de allegados.

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Milagro de Candela le valió la beatificación a Juan Pablo I.

Milagro de Candela le valió la beatificación a Juan Pablo I.

Ayer fue imposible comunicarse con Candela o con su mamá, Roxana Sosa, ya que según contó su papá, Darío, habían viajado a Buenos Aires a un control médico. Fue él quien recordó conmovido aquellos días de angustia que hoy son un recuerdo: “Fue bastante difícil. Y hoy verla ahora tan linda, tan sana, me da mucha felicidad”, señaló el hombre, que es el baterista de la Banda de la Policía de Entre Ríos (PER).

“El 27 de marzo la internaron en el hospital San Roque. Faltaban tres días para que cumpliera los 10 años, el 1° de abril. Yo estaba de viaje con la banda de la PER y me avisó su mamá”, dijo, aclarando que la pareja está separada hace años y de dicho matrimonio nacieron además gemelas, que hoy tienen 29 años.

Según mencionó, los días previos a su hija de 21 años le dolía la cabeza. “Decían que era una meningoencefalitis y en realidad no era eso”, señaló. Lo que tuvo Cande fue un síndrome epiléptico por infección febril (Fires), una enfermedad muy poco frecuente, con una prevalencia estimada en un caso cada 100.000 niños y adolescentes, que la llevó a un estado vegetativo. Generalmente, se presenta en niños y adolescentes de entre 3 y 15 años que previamente han sido sanos y han tenido un desarrollo normal, apareciendo tras una enfermedad febril simple, con síntomas como crisis convulsivas focales recurrentes, que puede tener distintas secuelas.

Días de angustia

Fue entonces, cuando ya la habían trasladado para internarla de urgencia en la Fundación Favaloro, en Buenos Aires, cuando Roxana se contactó con el padre José Dabusti, de la parroquia la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, cercana al nosocomio y adonde iba a rezar por la salud de su hija, y fue el sacerdote quien la encomendó al Papa Juan Pablo I.

“Aquella noche entré y le pedí que fuera a verla. Cuando se acercó a la cama de Cande, rezó y me indicó que pusiese las manos arriba de ella y se la encomendó al Papa Juan Pablo I”, contó la mujer en declaraciones a la prensa. Inexplicablemente, a las pocas horas, Candela mostró los primeros signos de mejoría, ante el asombro de todos, incluyendo el de los médicos, enfermeros y el resto del personal de la Fundación Favaloro.

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Milagro de joven paranaense le valió la beatificación a Juan Pablo I.

Milagro de joven paranaense le valió la beatificación a Juan Pablo I.

Sobre los momentos más dramáticos, Darío Giarda, el papá de Candela, recordó: “Ella estaba muy mal. Estaba internada en terapia intensiva. Yo había viajado a verla, pero solo dejaban entrar a su mamá un ratito. Yo quedaba en el pasillo 24/7 esperando”.

Fueron tiempos de mucho dolor en la familia. En medio de la tristeza porque no les daban mayores esperanzas de que la nena se recuperara e incluso con un pronóstico desalentador, en el que su vida dependía precisamente de un milagro, lo llamaron para que regresara.

Ya de vuelta, en un momento le permitieron ingresar a la sala en la que estaba internada y la vio, con la mirada fija en el techo. “Yo le decía ´hola Coquita´, que es como le llamo, pero no me respondía. Había bajado muchísimo de peso; llegó a pesar 25 kilos y se le notaban los huesos. Estuvo mucho tiempo internada, fue un tiempo largo en el hospital San Roque, meses en el sanatorio del Niño; luego en Buenos Aires, adonde su mamá consiguió que la trasladen a la Fundación Favaloro”, rememoró.

Y agregó: “Cuando determinaron que era Fires lo que tenía, supimos que era un mal rarísimo”.

La joven paranaense llegó a estar en coma, asistida por un respirador. Y si bien ocurrió finalmente el milagro que hoy le atribuyen a Albino Luciani -tal es el nombre del papa Juan Pablo I-, su recuperación llevó un tiempo extenso, y Darío contó: “Cuando se despertó volvió a estar como al principio: no reaccionaba, no nos miraba, no se reía, no hablaba. Pasó mucho tiempo hasta que empezó a seguir con su mirada a la gente, empezó a sonreír, y luego habló. Más adelante se quería parar y empezó a comer una dieta especial. Fue larguísimo todo ese proceso”.

Acto seguido, destacó que si bien luego su hija tuvo algunos episodios por trombosis, por lo que se está tratando actualmente, recuperó su salud: “Hoy en día ella se levanta, va al gimnasio a las 7 de la mañana, va al centro, está estudiando”, dijo con orgullo y entusiasmo, y agradeció: “Su mamá siempre estuvo en todo con ella, y me saco el sombrero. Y la Policía también se portó de 10 conmigo cuando pasó todo eso, al igual que ahora. Compartí en el grupo de la Banda de la PER todas estas buenas noticias y recibí muchos saludos de mis compañeros”.

El papa del milagro

Hoy Candela hace una vida absolutamente normal, sin secuelas de aquellos días llenos de angustia. Hace deportes y cursa la tecnicatura en Seguridad e Higiene Laboral en la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader).

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“Los milagros existen, y yo lo vi con Cande”, subrayó en una entrevista su mamá, Roxana.

Fue el padre José Dabusti quien le hizo llegar al papa Francisco una carta contándole sobre este hecho. Tras seguir rigurosos pasos, que incluyen la revisión de la Comisión Médica del Vaticano y de los teólogos, en Roma reafirmaron que se trata de un milagro de Juan Pablo I -quien solo fue papa por 33 días, ya que falleció de manera inesperada-, y 43 años después de una muerte llena de enigmas, fue declarado beato de la Iglesia. Ahora va camino a la santidad.

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