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Platería criolla, un oficio ancestral que se mantiene vivo en Entre Ríos

Martín Kornicki dedicó prácticamente toda su vida a transformar la plata en objetos. Técnicas de cincelado, costos y temáticas de la platería entrerriana

Domingo 16 de Enero de 2022

Martín Kornicki es maestro platero, tiene 50 años y prácticamente toda su vida dedicada a transformar la plata en objetos. Nació en Buenos Aires, creció junto a sus padres, también artesanos, en las ferias de San Isidro y recuerda de aquella época que pasaba allí muchas horas, hasta dormía debajo del puesto. Sin embargo no fue el cuero que trabajaban sus padres lo que llamó su atención. En el puesto vecino había un hombre que se dedicaba a la platería y durante horas fundía la mirada mientras realizaba un minucioso trabajo en el calado de objetos. Él, de tan sólo nueve años, al principio se limitaba a observar, pero luego el orfebre le fue confiando lo que sabía del oficio.

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A los 20 decidió especializarse y por eso ingresó al Colegio de Joyería, en Buenos Aires. Radicado hoy en Oro Verde, Kornicki es el propulsor y profesor del taller Lágrima de Luna. Técnicas de cincelado, la alpaca como alternativa más económica, costos de la materia prima, las temáticas de la platería entrerriana, niveles o tipos de platería relacionada al sector social que se representan, algunas de las cuestiones que el maestro platero confió a UNO durante una nota periodística realizada en su lugar en el mundo, el taller que es su casa.

Metales sobre la mesa del taller, laminadoras que moldean, el calor de los sopletes, una radio, muebles viejos, cajoncitos de diferentes tamaños, pinzas, martillos, latas de choclo reutilizadas, almanaques, un tronco de árbol cortado que sirve de base para realizar ciertas tareas, un cuadrito recostado a la pared que recuerda el 2° Encuentro Regional de Plateros, una perrita que es compañera fiel y se instala a la mitad de la habitación; bien despatarrada, respirando bajito, todo eso coronado con la constante fuerza de pequeños golpes, así se ve el taller de Martín.

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Es un espacio privado, íntimo. En su lugar de trabajo puede hacer muchas piezas pero no todas son creativas, porque lo comercializable y de salida más masiva, como las bombillas, son parte de su producción. Ahora, la mayoría de sus trabajos tienen la impronta de su pasión y hay muchos especiales, que atesora con mucho orgullo. No es nada fácil vivir de la platería. Mucha gente no tiene un nivel adquisitivo alto para comprar piezas

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“Me dedico a la platería criolla. Hago mates, cuchillos y bombillas con técnicas antiguas. Tenía nueve años cuando me ponía al lado de aquel hombre del puesto, amigo de mis viejos y me enseñaba. Después trabajé con él un tiempo, cuando empezó a hacer hebillas y cinturones yo trabajaba para él, desde mi casa. Con el dinero que ganaba me fui equipando y armando el taller de metal, a los 14 lo tenía listo y vendía cosas para solventar mis gastos”, sostuvo el entrevistado.

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Con los años se instaló, por amor, en Paraná y luego se mudó a Oro Verde. Mientras manipula un soplete, explica que utiliza masa de cincelar: “Hay millones de fórmulas, yo uso resina vegetal con ferrite y un poco de grasa”, dijo Martín. También contó que se pueden utilizar diferentes técnicas, como el repujado, sobrepuesto y cincelado al agua.

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Su primera creación fue una cruz pequeña. “Me volví loco. Con una sierra que no iba, con elementos que no eran los correctos. Con el tiempo fui aprendiendo, sobre todo en las ferias. Es que las ferias antes eran diferentes, no es como ahora que se mezclan los artesanos con los microemprendedores. Había fiscales, te exigían que se incremente permanentemente el nivel del puesto. Eran muy rigurosos y además, ellos mismos fiscales, si había algo que no sabías, te lo explicaban. Incluso había organizaciones interferias”, recordó el entrevistado.

“Aprendí a soldar con distintos artesanos, ninguno utilizaba métodos científicos. Yo tomaba, por ejemplo, las cosas con una pinza de hierro, el ácido quedaba colorado y no sabíamos la causa. No había YouTube, así que era impensado consultar ahí. Cuando fui al Colegio de Joyería noté que había un químico cerca y aprendí que no se podía poner hierro con ácido porque se ponía colorado. Hacía 20 años que trabajaba en eso y fue en ese momento la novedad. Hoy utilizo elementos que no son tóxicos, alumbre con ácido cítrico. En mis primeros años acceder al conocimiento era muy complicado porque no había escuelas. El intercambio era la feria. Yo era de mirar y apropiarme del oficio. Actualmente tengo 20 alumnos y a todos les digo lo que sé. Ellos aprenden y nosotros, los maestros, también de ellos, porque se nos multiplica la experiencia sino el oficio se extingue”, explicó Kornicki.

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Lágrima de Luna

En la tranquilidad de Oro Verde, ubicada a escasos 10 kilómetros de Paraná, los plateros se reúnen en el taller Lágrima de Luna a crear artesanías de plata. Martín Kornicki, propulsor del espacio y profesor a cargo de divulgar sus conocimientos sobre las diferentes técnicas, recordó los inicios y el incentivo que lo llevó a abrir las puertas de su casa para enseñar lo que los años como platero le dejaron.

El taller comienza a funcionar por su iniciativa. Con el paso del tiempo el espacio comenzó a crecer y pasó a ser de todos los plateros quienes le pusieron como el nombre basados en una leyenda aborigen. El maestro platero recordó que “esto nace como un trabajo de investigación acerca de lo que era la platería en Entre Ríos. Cuando llegué a la provincia comencé a trabajar en las jineteadas y me interesó mucho la platería criolla, antes hacía algo más urbano o más oriental”.

“Quería hacer platería. Iba a los festivales de doma y no vendía nada, porque el estilo de Entre Ríos es otro y a la gente lo que yo hacía en ese momento no le llamaba la atención, entonces intenté hacer una investigación de la platería entrerriana. Junto a Graciela De Paoli, una gran historiadora, empezamos con un curso, una exposición y ya después empezamos a invitar a los plateros de otros lugares de la provincia. Así nació Lágrima de Luna, con un montón de iniciativas: tenemos los cursos, realizamos compras en forma cooperativa, realizamos exposiciones anuales de platería y la restauración de piezas para conservarlas y ficharlas. En total somos 29 plateros los integrantes, provenientes de diferentes rincones entrerrianos”, expresó el maestro.

Gustos entrerrianos

Una de las características fundamentales que se pudo ver en las piezas entrerrianas es el gran equilibrio que existe entre el espacio trabajado y el espacio liso. Dentro de las temáticas más frecuentes que se pueden encontrar en la decoración de la platería entrerriana se destacan las flores, hojas, los punteados, entre otros.

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Lágrima de Luna es, entre otras funciones, un espacio de investigación sobre la platería entrerriana

Lágrima de Luna es, entre otras funciones, un espacio de investigación sobre la platería entrerriana

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También vale destacar que hay dos niveles o dos tipos de platería relacionada al sector social que se representa. Por un lado está la platería de Urquiza con elementos europeos muy trabajados y por otro lado está la platería de uso común con piezas desgastadas, recompuestas o arregladas de cualquier manera. Podría definir como una platería del gaucho y una del estanciero.

En palabras del maestro platero: “A los entrerrianos les atrae mucho el cincelado no muy profundo, no es recargado barroco, sino una linda combinación entre lo cincelado y lo liso. Por ejemplo un cabo de cuchillo por lo general a la mitad, enmarcado, también la vaina enmarcada y sobre todo las imágenes siempre de naturaleza de la zona. Está la platería que refleja al hombre de estatus y también al peón de campo. Si vas al festival de doma y folclore de Diamante, vas a ver rastras de plata grandotas y otras, más sencillas. El cliente compra de acuerdo a su capacidad adquisitiva, pero todos pueden lucirla.

En relación al tiempo que le puede llevar a una persona aprender el oficio, Martín expresó que en dos años se pueden conocer e implementar las técnicas básicas. “Después nunca dejas de aprender, el camino es infinito”, aseguró.

Reflejo de la cultura

Hay, por supuesto, variedad de precios y trabajos. “Bombillas que van desde los 200 pesos, o 1.500 una clásica, a un mate de plata que vale 200 lucas. Más que nada se trabaja en alpaca porque los otros materiales no tienen tanta salida comercial, aún así cada tanto aparece alguien que se quiere dar el gusto. En mi caso, vivo económicamente de la producción, no de las piezas únicas”, explicó.

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Kornicki también reflexionó: “Cuando era chico se vendía la cuchara por un lado y la bombilla por otro. Hoy la bombilla tiene que tener la cuchara en la punta, porque el ritmo de vida hace que la persona no tenga tiempo de buscar una cuchara aparte. Es el reflejo de la cultura, del ritmo de vida, todos nos vamos adaptando”

Los materiales se compran en Buenos Aires. El kilo de caño vale 5.000 pesos y se pueden realizar hasta 60 bombillas con eso. “Tres kilos de caño y algo de chapa ya es costoso. Para cambiar de precio tenés que comprar 10 kilos de caño, por eso es que la idea es comprar en conjunto, para abaratar costos.

La inspiración, el oficio

Maravillado, el maestro platero explicó que las obras tienen un valor más allá del material, que trascienden la vida de las personas. Para algunos, como los compradores coleccionistas, sus trabajos tienen un valor especial, artístico, cultural y emocional. Vender una pieza requiere de dos condiciones básicas: tener plata y entender la tarea para saber qué es lo que se compra. Las condiciones subjetivas y el gusto por las piezas de platería nunca se pierden.

Martín ni siquiera puede pensar en otro oficio. No es como muchos otros que pueden decir: de chico pensaba en tal o cual profesión u oficio, o hablar de algo que le quedó pendiente.

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Él es artesano, maestro platero y realmente no quisiera nunca ser otra cosa. Ama su espacio y asegura que estar todo un domingo en su taller no lo siente como un trabajo.

“Están quienes miran televisión para despejarse, yo puedo estar horas y horas realizando mis trabajos y realmente es mi cable a tierra, mi inspiración. Soy platero, no quisiera ser otra cosa. Dependiendo de la situación económica del país, a veces es más fácil o más difícil, pero aunque en momentos se pone cuesta arriba es mi vocación, no haría otra cosa porque cada día me levanto todos los días entusiasmado por venir a mi taller. No todos pueden disfrutar del trabajo. Mis viejos, por ejemplo, no eligieron ser artesanos, sino que quedaron desocupados en la época de la hiperinflación, a ellos no les gustaba ser artesanos al principio, luego con el paso del tiempo sí. Yo lo elegí, tuve otras opciones, perdí cosas pero quiero esto”, expresó Kornicki.

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