Patronato

Patronato, por encima de cualquier relación

El vínculo de amor entre Nadia Álvarez y Patronato nació en la niñez. Adquirió el sentido de pertenencia cuando comenzó a jugar al vóley.

Miércoles 16 de Noviembre de 2022

La partida de nacimiento indica que Nadia Álvarez nació en Morón, en el oeste del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Asimismo se siente una entrerriana más. En esta provincia se crió, creció y adquirió un fuerte sentido de pertenencia por Patronato. En el Rojinegro inició su vida deportiva a los 6 años, cuando dio sus primeros pasos en la entidad de barrio Villa Sarmiento. El vóley marcó el comienzo de esta historia de amor por los colores.

En los pasillos de la institución se cruzó con gente que le transmitió un mensaje que la marcó. “Hay que seguir al equipo. Hay que alentar por Patronato”, le aconsejó Juan Carlos, encargado del área de mantenimiento de la entidad ubicada sobre calle Grella.

La vida la llevó por distintos puntos del país. Esto, sumado a la rebeldía de la adolescencia, la llevó a alejarse por un tiempo del Santo. Pero el fuego sagrado nunca se apagó.

Una transmisión radial cordobesa reseteó esta relación. Al escuchar el nombre de su amado Patronato a la distancia Nadia sintió la necesidad de retomar contacto con el lugar donde fue feliz durante su infancia.

Durante dos años se trasladó cada fin de semana desde Buenos Aires a Paraná. Eso le permitió ingresar a la tribuna ubicada sobre calle Grella en cada juego que Patrón disputó como local. Hasta que en 2012 consiguió el pase definitivo de su trabajo para radicarse nuevamente en la capital entrerriana.

No tener una vivienda propia la lleva a mudarse en forma reiterada. Nadia buscó un hogar en el radio de la institución. En la actualidad reside a una cuadra del club. Al salir a la vereda observa parte de las instalaciones del templo sagrado.

Minutos después de las 16 ingresó a la institución. Se trasladó hacia el campo de juego para protagonizar la producción fotográfica de UNO. “Me gustaría que de fondo se vea la tribuna Grella”, solicitó Nadia. Peregrinó el impecable verde césped de la Comarca Rojinegra. Luego se trasladó al sector donde quema la garganta en cada encuentro. Subió varios escalones para ubicarse en el lugar donde alienta al equipo de sus amores.

En cada juego que Patringa disputa, ella dice presente. Realiza el esfuerzo necesario para alentar al equipo, ya sea de local, de visitante o en un escenario neutral. “En Copa Argentina estuve en cinco de los seis encuentros. Fui a Santa Fe, a Rosario, a Resistencia, a La Rioja y a Mendoza. Solo no pude ir a San Juan”, relató.

Nadia conoce cada rincón que ofrece la institución. “Conozco bastante el club. Es un hogar diferente”, describe, con los ojos vidriosos. “Las emociones que vivo acá son únicas. Me considero una persona fría, pero lo que Patronato me hizo sentir, desde que volví a Paraná, no lo viví en otro lado”, aseveró.

A los 14 años armó sus bolsos y emigró a San Luis. El estudio y el trabajo la llevaron a afincarse en Córdoba y en Buenos Aires. El calor que recibió en Patronato la llevó a regresar al barrio. Al regresar la institución se encontraba, deportivamente, en otro escenarios. El sueño por ingresar en el profesionalismo era una realidad. De todos modos la esencia de la institución no se modificó.

“El club siempre fue el mismo”, aseguró. “Las caras que frecuentaban eran las mismas de siempre. Eso te hace sentir como en tu casa. Te rodeás de gente conocida que te trata bien. Que me conozcan desde chica me encanta. Cuando conocés algo desde hace muchos años sentís que es propio”, profundizó.

Nadia Álvarez Patronato.jpg
En la tribuna Grella, el lugar que Nadia escogió para respaldar al equipo de sus amores.

En la tribuna Grella, el lugar que Nadia escogió para respaldar al equipo de sus amores.

En el templo sagrado Nadia tiene su lugar asignado. “Desde que volví me ubiqué en el mismo sector, en la tribuna de calle Grella, indicó. “Hubo un momento que me trasladé a la tribuna San Nicolás. Lo hice porque era más tranquilo para ir con mi hijo, pero cuando ascendimos a Primera hubo muchas discusiones con otros hinchas que no me gustaba. No disfrutaba estar en ese lugar. A mí me gusta cantar, saltar. Cuando volví a Grella donde tengo mi lugar, me encontré con mi grupo de amigos. Al mirar para cada costado observás las mismas personas, excepto cuando son los partidos de mayor convocatoria”, aclaró.

La pasión por los colores la llevó a transitar por las rutas argentinas cuando la institución anfitriona abrió las puertas al público visitante. “Una de los primeras veces que viajé para ver a Patronato fue ante Racing de Avellaneda. Cada vez que me metía, viajaba, ya sea sola o acompañada”, citó Nadia.“Fui a Santa Fe, Rosario, Chaco, La Rioja y Mendoza”, enumeró.

“El único que me perdí en Copa Argentina fue la semis ante Boca en San Juan. No fui porque anteriormente había comprado la entrada para Coldplay. Después se fijó la fecha del partido. Intenté vender la entrada, pero no tuve suerte. Algunos me cargaban. Me decían ‘vas a dejar Patronato por Coldplay’. Era un recital que estaba esperando desde hacía muchísimos años y no sé si lo volveré a ver. Aparte le tenía fe al equipo. A tal punto de que dije que lo iba a ver a Mendoza en la final”, confesó.

Nadia no tuvo ningún canal de comunicación durante el recital que brindó la banda de pop-rock británico. “En el recital no tenía señal. Cuando salí del estadio observé, a través de una aplicación, que estaban por iniciar los penales. Cuando me enteré de que Altamirano atajó el último penal empecé a los gritos ‘vamos, Patronato’”.

Nadia experimentó muchísimos momentos de extrema felicidad. El salto a Primera División tuvo un alto grado de emotividad. No obstante, la conquista de la Copa Argentina fue el mayor momento de éxtasis. “Fue algo que jamás pensé que iba a vivir. No podía hablar. Te abrazás con gente que no tenés idea quién era. Fue algo único, un sueño hecho realidad. Muchos no caemos. No pensé que podía llorar tanto”, narró.

“El grito de dale campeón llegó acompañado por un sinfín de imágenes. Cada integrante del Pueblo Rojinegro registró diferentes momentos. Nadia contó los pasajes que visualizó en el día más feliz siguiendo a Patringa. “Observé todo lo que viví, los momentos muy malos. El famoso ‘qué querés con Patronato’. Hubo mucha gente que nos criticó. Hubo momentos donde éramos muy pocos en el Grella cuando los chicos no podían ingresar al estadio con los bombos. Era una tristeza escuchar las voces de los jugadores, de los técnicos. Todos esos malos momentos pasaron por la mente”, relató.

Seguir al equipo de tus amores demanda esfuerzo. Se modifican horarios, rutinas, compromisos. La devoción por el escudo impulsa a los fanáticos a movilizarse bajo cualquier circunstancia, y muchas veces sin medir las consecuencias negativas. Pero no es en vano. Tiene su premio. “Todos los viajes valen la pena. Hubo gente que no llegó ni a San Juan ni a Mendoza porque los micros se rompieron en pleno viaje. Pero en el momento en el que se decretó el campeonato pasaron un montón de imágenes por la cabeza. Me acordé lo que dejé en Paraná, lo que perdí por acompañar al equipo, lo que arriesgue. Es una sensación única”, afirmó.

Organizar y proyectar cada viaje es “una locura”, como define Nadia. “En cada viaje que hago arriesgo mi trabajo. Igual ellos saben lo que siento por Patronato y me dan ciertos permisos. Lo que tengo que hacer por Patronato lo hago porque es parte de todos mis días”, definió.

Subirse a un micros para recorrer largas distancias es una experiencia que genera felicidad extrema. “Es como un viaje de egresados”, comparó Nadia.

“Viajar para alentar a Patronato es fiesta, alegría, respeto. Voy con los coles de la barra y es uno de los grupos más lindos que he armado en Patronato. Conocí gente con la que no me relaciono en la cancha, pero sí en los viajes. Me gusta viajar en general, y acompañando a Patronato me gusta más. Me gusta que la gente vea los logros que obtuvo el club. En silencio logramos grandes objetivos”, infló el pecho.

Y una de las grandes conquistas es el ingreso en el ámbito internacional. “Me veo siguiendo al equipo en la Libertadores en Uruguay y Brasil”, se entusiasmó. Uno de los tres partidos que el equipo juegue de visitante tendré que ir. Arriesgaré, al menos, un partido. De algún lado saldrá la plata. Venderé empanadas, productos de limpieza. Vendo de todo con tal de ver a Patronato. La plata la consigo de algún lado. Aparte la familia me respalda porque saben lo que representa Patronato en lo personal”.

Planificar un viaje al exterior siguiendo al Rojinegro implicará un esfuerzo superior al que realizó. Tal vez tenga que escoger entre alentar los tres juegos que el Santo dispute como local en la fase de grupos o destinar el dinero para viajar siguiendo al equipo fuera del país. “Si me dan a elegir, prefiero uno de visitante”, optó. “Se junta lo hermoso que es viajar siguiendo a tu equipo, seguirlo y apoyarlo donde sos visitante. Para el jugador es hermoso ver que alguien con tu misma camiseta te está respaldando a la distancia. Por eso prefiero apoyar afuera”, argumentó.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario