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Paraná V tiene en su haber una historia de violencia y de salud

Mirada urbana: Vivencias entre pasillos y paredones levantados en los años 80. Ángela Hundt y Eduardo Gómez son vecinos y contaron cómo surgió el barrio atravesado por Artigas. Dicen que ahora está más tranquilo y relataron anécdotas oscuras de Jaimito Larrosa

 


Paraná V es uno de los barrios característicos de la capital provincial. UNO recorrió sus calles junto a varios vecinos que contaron la historia de esos paredones y pasillos atravesados por Artigas. Si alguien pregunta por Javier Jaimito Larrosa las referencias aparecen enseguida, pero hay que tener paciencia para que el tema surja. Fue un condenado por asesinato, un muchacho que a punta de pistola sacaba a cualquiera de su casa y que murió en la cárcel de Coronda, en Santa Fe. De chico tomaba mates y le hacía los mandados a Ángela Hundt, hoy de 78 años y una de las mujeres que dos décadas atrás pintó, para su inauguración, el Centro de Atención Primaria Doctor Arturo Humberto Illia.


Paraná V fue terminado de construir en 1986, así lo recuerdan y muchas de sus viviendas fueron entregadas con un acto, el 8 de abril de 1987. El hecho coincidió con la visita del papa Juan Pablo II a estas tierras entrerrianas. El barrio cuenta con 577 departamentos y la cantidad de familias superan el número de casas. 


Ángela Hundt de Díaz tiene 85 años y Eduardo Salvador Gómez 78. Entre los dos contaron la historia del barrio. Ella hace 27 que vive en la misma casa que meses atrás terminó de pagar al Instituto Autárquico de Planeamiento y Vivienda. “Era todo desolado y vacío. Yo llegué primero, Rodríguez vino después”, contó Ángela e hizo referencia al hombre del barrio que impulsó la creación del Centro de Atención Primaria que funciona dos pisos más abajo de su cocina.


Ella, junto a su hija y otros vecinos, fue una de las que rasqueteó paredes y pintó cada una de las salas hace dos décadas. Donde hoy funciona el Centro, iban a instalarse comercios como si fuera una feria, pero eso nunca pasó. Con el paso del tiempo, nadie lo alquiló y se robaron hasta los caños del baño. “Se armó una villa cariño”, acotó Eduardo.    


Los dos sostuvieron que ahora no está en buenas condiciones edilicias y que faltan médicos, coinciden con la opinión del director del Centro Raúl Hergenreder.


“Cuando lo pintamos nadie nos ayudó. Después don Rodríguez consiguió todas las sillas y las cosas que faltaban”, agregó Ángela y volvió a referirse a una de las personas que están en la memoria colectiva de los pasillos del barrio.


Paraná V está comprendido entre Lino Churruarín, Artigas, Cochrane, Saenz Peña, Manuel Brugo, otra vez Artigas, Santos Domínguez y Pacto Unión Nacional hasta volver a Lino Churruarín.


En los barrios cercanos, se dice que Paraná V es peligroso. Cuando a la noche se escuchan balaceras en zonas cercanas se lo atribuyen a él. Es como una marca que tiene, una característica, un mito construido y que tiene su historia. Ángela contó:  “Ahora estamos tranquilos. Los vecinos son muy buenos, yo me tuve que operar y me cuidaron la casa. Es que el principal que hacía problemas se murió, se llamaba Jaimito” y ni bien lo nombró hubo un pequeño silencio no tan fácil de entender; ante la repregunta, aparecieron anécdotas difíciles y oscuras. 

 

 

La fama de peligroso


 

Cuentan en Paraná V, que la fama de barrio peligroso la ganó en la época de Javier Jaimito Larrosa, un muchacho al que lo caracterizaron como complicado y jodido. “Un vago”, dijo Ángela y sonrió.


Eduardo contó que cobraban peaje en los pasillos aunque vivieras en el mismo barrio como si el problema fuera ese, la falta de códigos.


Crónicas policiales de 2003 dan cuenta del asesinato de Jesús Gómez. Lo ataron, le taparon la cara y le metieron un tiro. Antes de morir alcanzó a decir quién le había disparado. Larrosa, entonces, fue condenado a cumplir cadena perpetua y trasladado luego a la cárcel de Coronda en Santa Fe donde apareció ahorcado en su celda.


“Pero ahora no es un barrio peligroso, por ahí se juntan a la noche, pero eso es en todos lados”, contó Eduardo.


Cuando Jaimito tenía 7 años tomaba mates en la casa de Ángela y le iba a hacer los mandados. “Mire usted lo que hizo después, dicen que se ahorcó”, señaló.


Pero Eduardo relató cómo vendía droga, que además consumía y  que no tenía miedo, a toda hora, de sacar de la casa a cualquier vecino a punta de pistola para pedirle plata. 


De ahí en más el mito creció: se dice por ejemplo que en el baldío donde ocurrió el asesinato de Gómez, Larrosa cavaba un pozo para enterrar muertos y, otros, que ahí cultivaba Cannabis; hoy es un lugar donde hay algunas viviendas construidas.


Aquellos que viven en Paraná V tienen pertenencia y eso no pasa en todos las zonas. Se nota en la forma de nombrarlo, como si fuera un amor o algo para cuidar. Gracias a la vecinal fue posible dar con Ángela y con Eduardo que viven entre esos departamentos desde sus inicios.


Dicen que Paraná V es para respetar y al menos ayer fue posible recorrer, con cuidado, sus calles y su historia. 

 

 

 

Una referencia para 23 barrios que necesita médicos

 


Raúl Hergenreder es el director del Centro de Atención Primaria Doctor Arturo Humberto Illia y María del Huerto Fissore es la subdirectora. Entre los dos contaron a UNO sobre las condiciones en las que se encuentra uno de los espacios referentes de la salud barrial de Paraná.


Hasta Paraná V llegan personas desde 23 barrios y la población que atienden supera a las 20.000 personas. Entre las necesidades urgentes, el edificio presenta problemas de infraestructuras con paredes y pisos húmedos en todo el lugar, ocurre que en su origen había sido pensado como feria comercial.


Hace 19 años que allí atienden a todos los que llegan con alguna dolencia o enfermedad y su fundación fue a partir de la iniciativa de los mismos vecinos, encabezada por Jorge Rodríguez, un hombre que ha quedado en la memoria de quienes viven en Paraná V: en las paredes del Centro hay una fotografía suya.


Antes de estar ubicado en su lugar actual, estaba en frente donde ahora funcional el Centro de Atención Primaria Mercedes de Giusto.


“Para cubrir la demanda que hoy tenemos, necesitamos reforzar el plantel”, destacó Hergenreder. Hasta hace algunos años atrás y desde sus comienzos, el Centro contaba con guardias los sábados y los domingos desde la mañana hasta la noche. Una médica renunció, no tuvo reemplazo y ahora solo pueden garantizar, durante el fin de semana, solo el sábado hasta el mediodía.


“El médico del día sábado tiene un contrato de 1.400 pesos por mes con un adicional de 400 pesos. En esas condiciones hay un pediatra, un clínico, un kinesiólogo y un odontólogo. Es un trabajo prácticamente voluntario”, aclaró Hergenreder.


A pesar de las condiciones en las que trabajan, contaron que el Centro del barrio Paraná V está en el 6º lugar, de más de 60 que hay en el Departamento Paraná, en la campaña de vacunación contra el sarampión, la rubeola y la poliomielitis. “Eso demuestra la cantidad de gente que recurre al Centro y también la importancia de reforzar el plantel médico”, remató. 

 

 


Entre las calles, un polideportivo abandonado y servicios deficientes 

 


En Paraná V hay ciertas necesidades fáciles de solucionar que harían del barrio un lugar más saludable. Olga Ledesma hace cinco años que está al frente de la comisión vecinal y junto a otro integrante, Adrián Retamar, recorrieron varias cuadras junto a UNO.


Relataron como levantaron y limpiaron minibasurales que se habían armado en la zona, hablaron sobre la referencia y lo que significa contar con el Centro de Atención Primaria, como también de las dos escuelas donde fueron la mayoría de los hijos del barrio: la Primaria Héroes de Malvinas y la Secundaria Manuel Belgrano. 


Al recorrer varias calles se ven cloacas rebalsadas y los líquidos cruzan por encima del cordón. En el camino, un vecino de apellido Sosa se acercó a consultar por las farolas de los pasillos y dijo haber presentado en la Municipalidad, una nota firmada por varias familias de la zona. Casi se arma una asamblea, donde varios opinaron al respecto. Como síntesis, hay cables que están pelados, se ven conexiones ilegales y de noche la luz permanece apagada.


Uno de los espacios más importantes de Paraná V, es el polideportivo: la cancha de fútbol 11 tiene arcos como si fueran los de un club y la de basquet aún cuenta con los aros. A un costado hay baños y vestuarios. Está todo abandonado y el pastizal supera la altura de cualquier cintura. Desde la vecinal están convencidos que de acondicionarse, se transformaría en un lugar como casi no hay en ningún barrio. 

 

 

 

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