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Continúan proyecto de Jorge y Marta Retamal

Paraná: una empresa familiar que sale de lo convencional

Matber es una empresa de Paraná que se dedica con pasión y esmero a la fabricación y venta de insumos funerarios. Una historia alejada de tabúes

Martes 27 de Julio de 2021

Si bien se trata de una actividad asociada a la muerte y quizás en cierta manera atravesada por fuertes prejuicios, las empresas que ofrecen insumos funerarios se están afianzando en un mercado netamente competitivo. Una familia de Paraná, en su incansable búsqueda por mejorar el servicio, se especializó en la confección de nuevos productos con un perfil artesanal y personalizado. Desde su San Agustín natal y en base a su experiencia como empleado de una empresa fúnebre, Jorge Retamal apostó a la innovación, a darle un valor agregados a los artículos, que comúnmente se requieren para un velatorio.

Las mortajas, las blondas y los tapizados de ataúdes se fabrican a diario en el área textil con pautas y criterios que se fueron transmitiendo durante dos generaciones. Son elementos que formarán parte de un ritual sumamente doloroso y en el que no solo es necesaria la contención a los dolientes, sino además la calidez humana y profesionalismo.

Matber es el nombre de la empresa que nació como un emprendimiento, en un nicho empresarial que en la década del ‘80 del siglo anterior aún era incipiente. Emilia Retamal, hija del fundador de la firma, se puso al frente del negocio junto a su esposo, Bruno Longoni y ambos contaron la experiencia de prestar un servicio al que “el común de la gente le tiene idea; acá hay vecinos, que a veces saben el rubro que hacemos y se persignan.

Pero es más la gente grande”, confió la mujer a UNO durante una recorrida por el taller, que con el paso del tiempo se transformó en una fábrica y depósito de insumos.

La historia del nombre emprendimiento también esconde un origen familiar: la elección de la sigla Matber se debe al nombre de la mamá de Emilia, y su profundo amor por las labores de costura: “Es el nombre de mi mamá, porque ella arrancó cosiendo; viste que mi papá trabajaba en Sentir, era gerente. Mi mamá nos hacia la ropa y una de las empresas le pidió a mi papá si ella podía hacerles las mortajas y así fue que empezó a coser. El nombre viene de Marta Beatriz Retamal. Mi viejo vendía y mi mamá cosía. Así surgió el nombre de Matber y lo seguimos en honor a ella”, destacó con orgullo.

Traslados de fallecidos

Uno de los servicios que se brinda es el traslado de personas fallecidas, el cual contrata generalmente la familia del difunto o la cochería que tiene a cargo la prestación del sepelio. Matber cuenta con dos vehículos de traslado y se está pensando en incorporar una tercera unidad. Para una mejor orgaización interna se desginó a dos personas para realizar los viajes y una tercera en el caso que surja una contingencia.

Según Retamal “es un anexo que se incorporó hace un par de años, pero el servicio se acuerda para realizar un traslado, ya sea de una clínica a la cochería o de la clínica al cementerio o al crematorio directamente. O la cohería te contrata porque tiene un socio que falleció en un determinado lugar y hay que retirarlo y llevarlo a la cochería. Pero no es lo mismo que el servicio fúnebre, del cual se ocupa la cochería”.

El taller por dentro

En la propiedad familiar funciona un taller textil y un sector donde se acopian diferentes insumos, es decir la materia prima para confeccionar las mortajas, las blondas y los tapizados de ataúdes. “El pulmón de la empresa es el área textil”, describió Longoni durante en otro tramo de la entrevista.

Durante un año y medio la empresa logró ampliarse, no solo en el nivel de producción, sino que están concretando la ampliación del sector de soldaduras, de armado y la construcción de un cielorraso. Así como el abanico de artículos es amplio, la cadena de comercialización también se ha diversificado en función de la demanda.

En este momento los productos textiles de Matber son solicitados por fábricas de ataúdes de diferentes provincias argentinas. Longoni destacó que desde la fábrica se preparan, despachan y de ser necesario de distribuyen pedidos a alrededor de 12 provincias.

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“Mi suegro hizo ese camino de darse a conocer en el mercado y con los años, y el cambio nuestro de generación sumado a las redes sociales, nos ayudó mucho a crecer, participar de eventos como las expofunerarias. De esa manera nos vamos mostrando, publicitamos, estamos en el Facebook.

Es un rubro que si bien hay muchas empresa, es chico, entonces el boca en boca es muy importante, la seriedad con la que trabajás y una buena coherencia de precios que en nuestro mercado no es lo más habitual”, afirmó Longoni al hacer una reseña de la trayectoria empresarial.

Hay una creencia, más bien ligada a patrones culturales, que identifica a este mercado con cuestiones ligadas a un contenido tabú. Emilia le restó cualquier tipo de entidad a los prejuicios, porque consideró que es un trabajo como cualquier otro, pero reconoció que “el común de la gente le tiene idea, acá hay vecinos que saben el rubro que hacemos y se persignan todavía.

Pero es más la gente grande, por la gente joven, por ejemplo mis compañeras de la escuela quienes sabían en que trabajaba mi viejo, no tuvieron nunca problema. Los compañeritos de la escuela de mis hijos también lo saben y no tienen ningún drama. Si viene el adulto y ve algún artículo, lo mira pero desde lejos, medio que no le gusta”.

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Las anécdotas van surgiendo a medida que transcurre la charla, mientras el taller devuelve el sonido de las máquinas y de los empleados atentos a cada detalle de la confección. Uno de los proveedores sabe el destino que tienen la telas con la que abastece a Matber, pero cada vez que entrega un pedido, asume su incomodidad e incluso no acepta las bromas para romper ese clima de solemnidad.

El sector y la pandemia

La actividad experimentó dos momentos muy marcados durante la pandemia de Covid-19. Al principio cuando se dispusieron medidas preventivas para cuidar la salud de la población, principalmente al establecerse la cuarentena obligatoria en todo el territorio. Y una segunda fase, que estuvo caracterizada por la segunda ola de contagios en el país y las nuevas cepas que comenzaron a circular en la comunidad. Al respecto Longoni planteó que “lo que fue la pandemia, y todo lo relacionado a la paranoia propia del encierro, hizo que se achique el negocio.

En 2020 durante la primera etapa de la pandemia hubo una baja en la mortalidad impresionante; en los meses normales de mayor movimiento de defunciones es durante el invierno, donde el frío reseca todo lo que son las fosas respiratorias y mucha gente que sufre de esas enfermedades fallece.

Con todo el mundo encerrado, había un mínimo nivel de mortalidad. En septiembre, octubre y noviembre (de 2020), empezó una época de trabajo muy fuerte y hasta ahora no ha parado.

Y esta segunda ola de coronavirus vino muy fuerte, con mucha presencia de defunciones por Covid. Lo que generó es que al no haber velatorios, hizo que como empresa tuviéramos que adaptarnos: de los insumos que normalmente se venden en un velatorio, como la mortaja, los productos de estética o elementos de preservación de un cuerpo, se demandaron insumos de bioseguridad”.

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Por la necesidad de seguir trabajando tuvieron que adaptarse, y por el cambio de escenario que impuso la pandemia, no solo en la vida cotidiana de las personas, sino en diferentes actividades económicas.

En ese contexto se comenzaron a demandar bolsas mortuorias “en cantidades abismales y otros insumos como los carros fuelles para retirar los cuerpos directamente en los ataúdes, sin son casos de Covid-19. Es difícil manipular un ataúd con un cuerpo en un hospital, por eso se fabrican muchos carros fuelles”.

El personal destinado a estas tareas necesariamente debió a empezar a manipular químicos específicos para la desinfección, como el amonio cuaternario, cloro, alcohol. “Nosotros trabajamos con químicas muy grandes y que cumplen con todas las normativas. Obviamente ningún producto es peligroso, como lo puede ser el sulfanio, que son químicos que usan los hospitales. Después se trabaja co el formol, que en nuestro rubro se utiliza para evitar que cuando un cuerpo va a nicho, la propia descomposición genere un olor muy fuerte en el cementerio.

Del mismo modo se utilizan perfumes para que en un velatorio sea más fácil la transición; son químicos que están diseñados para anular los olores de la putrefacción y liberar sus propios perfumes”, ilustró el empresario paranaense.

Tres generaciones diferentes sigue apostando a un proyecto comercial que se vincula directamente con el ritual de despedida de muchas personas. Los hijos de Emilia y Bruno serán los continuadores de un oficio, en el que se proponen siempre brindar un trato cuidado y respetuoso en momentos de dolor.

Anécdotas que quedaron en el tintero

Por tratarse de un oficio poco convencional, muchas veces asociado al morbo de la gente, también es una fuente inagotable de anécdotas. Emilia recordó que alguna vez le pidieron mortajas estampadas con los logos de los clubes de fútbol, aunque admitió que fue a pedido de una empresa. “Nos han pedido mortajas con los logos de los equipos de fútbol estampados. Fue eventual, por pedido de una empresa, con el estampe tanto de River como de Boca. También nos han pedido algún tapizado fucsia”, reveló.

Para Bruno, otro momento que quedó grabado a fuego en su memoria en su trayectoria, sucedió cuando se convocó a la firma para prestar un servicio en la provincia de Misiones. “Después hemos hecho trabajos muy grandes como una carpa de 6 por 4 metros, que está en un cementerio parque de Posadas.

Es un gazebo, una estructura metálica grande, pesada, que se fabricó acá adentro. Esos días eran una locura; llevaba el logo estampado arriba porque justo están al lado del aeropuerto y cuando pasaban los aviones veían el logo desde arriba. Fue un laburo muy grande y muy desafiante. Pero desafiante fue haberlo llevado hasta allá”, explicó.

Ambos remarcan la pasión con la que hacen su trabajo y es un valor que buscan transmitirles a sus hijos y al resto de los familiares que participan de este proyecto. “Estamos criados en esto; si te acercás y tenés el temple es un rubro hermoso”, deslizó Bruno.

Consultado por el proceso de elaboración de las mortajas, dijo que cada pieza es única y es necesario dedicarle tiempo a cada detalle. “Se hacen de a una, no en serie, entonces se cortan muchas planchas de telas y tenemos cortadoras grandes para cortar en muchas cantidades. Se corta una tanda de 150 mangas y las vamos haciendo de a una”, sintetizó.

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