Infraestructura

Paraná: queda poco suelo disponible en el ejido urbano

Apuntes sobre el crecimiento de Paraná y área metropolitana. Oro Verde, San Benito y Colonia Ensayo hacia donde se expandieron las construcciones residenciales

Lunes 24 de Enero de 2022

Las ciudades se han convertido en las últimas décadas en el escenario de los grandes desafíos del siglo XXI: el cambio climático, las nuevas tecnologías, la gobernanza metropolitana y la desigualdad son aspectos que tienen consecuencias palpables en los espacios urbanos. La expansión acelerada de los grandes aglomerados urbanos es una problemática de escala mundial que acentúa esos desafíos, y a la cual las ciudades argentinas no escapan. Paraná está incluida entre los 12 grandes aglomerados urbanos de la región centro, según una investigación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Se denomina Gran Paraná al aglomerado urbano comprendido por los municipios de Paraná, San Benito, Oro Verde, Colonia Avellaneda, Sauce Montrull, La Picada, Sauce Pinto, Tezanos Pinto, Colonia Ensayo y Aldea Brasilera, que contaba con 284.058 habitantes en 2016, resultado de un crecimiento medio anual promedio del 1,16% para todo el período 2006-2016. Y aunque el informe data de hace cinco años, da un pantallazo general del nivel de expansión que ha tenido el área metropolitana, donde el mayor crecimiento estuvo en Oro Verde, San Benito, Colonia Ensayo y, dentro del ejido de Paraná, la zona sudeste.

UNO dialogó con la flamante presidenta del Colegio de Corredores Públicos Inmobiliarios, María Paula Armándola, sobre algunos de los factores que influyen en las características que ha tomado la expansión urbana de la capital entrerriana: “Los lugares más buscados son los que tienen más servicios, donde la gente puede satisfacer sus necesidades de manera más rápida y a menor costo. Dentro de bulevares es siempre la zona más buscada porque tiene el 100% de los servicios: acceso a la salud, seguridad, escuelas, universidades, hasta plazas con mucho equipamiento urbano. Paraná es una ciudad muy centralizada. Pero históricamente el paranaense, en general, siempre quiso vivir en la zona norte, mirando al río o cerca. Es por eso mismo que últimamente la ciudad también ha ido creciendo mucho hacia la zona de Blas Parera y la Toma Vieja, donde hoy hay muchísimas construcciones residenciales”. Explicó, además, que las variables que influyen en la formación de precios son la ubicación, los servicios y la seguridad.

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Por otra parte, destacó que la pandemia ha contribuido a acelerar el crecimiento hacia las afueras, ya que hay focos puntuales fuera del centro de Paraná que son buscados por el verdor de sus espacios y su tranquilidad: “Desde que comenzó la pandemia, muchos de esos lugares son buscados por el espacio verde. Por ejemplo la zona sur, que se está uniendo cada vez más con Oro Verde, que es la ciudad de Entre Ríos que más crecía en cuanto a urbanización, principalmente por ser una ciudad universitaria. Pero, justamente por eso, estaba creciendo con monoambientes y departamentos de un dormitorio, que es lo que más necesitan los estudiantes. Hoy en Oro Verde se están construyendo casas de familia porque hay gente de Paraná que necesita ese espacio porque el encierro les hizo mal”.

Es sabido que, hacia el área metropolitana, San Benito y Colonia Avellaneda son más económicos que Paraná, pero no pasa lo mismo con Oro Verde. “Es porque tienen menos servicios, recientemente comenzaron a instalar sistemas cloacales y hay muchas zonas de esas localidades que siguen teniendo pozo negro. De todas maneras, todo lo que es la zona de Acceso Norte, camino a San Benito se está urbanizando”.

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Cada ciudad tiene exigencias distintas para urbanizar, y Entre Ríos tiene la particularidad de que aún no sucede como en provincia de Buenos Aires, donde hay puntos en los que no quedan áreas sin urbanizar entre municipios, sino que entre medio hay espacio que queda bajo jurisdicción del Estado provincial. Es ahí donde se generan islas habitacionales, que –según Armándola– no pueden llamarse urbanizaciones: “En ese espacio provincial hay otras normas y otras reglas de juego a la hora de urbanizar. Esas zonas intermedias suelen ser más económicas, como sucede en la ruta 11, camino a Colonia Ensayo. Nosotros decimos que esos espacios son islas habitacionales, no urbanizaciones, porque fraccionan y venden lotes donde la gente puede ir a vivir, pero solo le soluciona tener un techo, porque después no tienen equipamiento urbano, servicios, es un problema para el municipio al que le toca recolectar residuos, la seguridad. Hay un montón de factores que hacen la diferencia entre una urbanización y una isla habitacional”.

Lo cierto es que en Paraná ya se está tejiendo una red urbana y la capital está muy cerca de terminar siendo una con Oro Verde, San Benito y Colonia Avellaneda: “Tenemos que pensar el área territorial como un área metropolitana. De hecho al transporte interurbano se le llama urbano cuando va hacia San Benito u Oro Verde. Sucede lo mismo con el agua, ya que en este momento provee Paraná y se está hablando de construir nuevas plantas distribuidoras y potabilizadoras. Los límites políticos están obsoletos cuando pensamos en términos de desarrollo territorial, ya que la mayoría de las personas nos movemos constantemente por esas áreas como si se tratase de una sola”.

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Crecimiento desigual

A Paraná le quedan aún algunos espacios de suelo urbano para expandirse en la zona sureste, en el cuadrante de Almafuerte, Zanni, Jorge Newbery y Caputto; y también en la zona de Bajada Grande. Sin embargo, no son los lugares preferidos, ya que están rodeados de asentamientos ilegales, generalmente en contacto directo con los arroyos y, a su vez, de modo más extendido en las zonas más exteriores del aglomerado. Se trata de barriadas de alta densidad con ausencia de patios y jardines; y con riesgos de inundación, desmoronamientos de barrancas, inseguridad e insalubridad, particularmente porque en la mayoría de los casos evacúan aguas residuales y desechos.

Son áreas incorporadas en las últimas tres décadas y habitadas por grupos humanos más desposeídos y con problemas para acceder al mercado formal de suelo urbano. “Paraná tiene muchos focos de asentamientos informales que generan sensación de inseguridad, no sé si inseguridad en sí, pero sí la sensación. Y eso disminuye mucho el precio de la zona, porque disminuye la demanda”, señala Armándola.

Sin embargo, Bajada Grande es una zona de fuertes contrastes: a los asentamientos precarios les hacen contrapunto otros asentamientos ilegales, construcciones residenciales ostentosas, amuralladas y con piletas –muchas de ellas, propiedad de funcionarios judiciales– que se han instalado sobre avenida Estrada y aprovechan la vista privilegiada que proporciona el río.

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