Tracción a sangre
Jueves 24 de Enero de 2019

Para erradicar la tracción animal, en seis años se entregaron 180 motocarros

La reconversión laboral que propone el programa logró optimizar la calidad de vida de sus beneficiarios. Los caballos son dados en adopción

El programa Recuperadores de Derechos tiene más de cinco años y depende de la Secretaría General y de Derechos Humanos de la Municipalidad de Paraná. Si bien desde el organismo no pudieron brindar precisiones, ante la consulta de UNO, de cuántos motocarros ya se entregaron desde que se implementó esta iniciativa, referentes de grupos proteccionistas de animales señalaron que son alrededor de 180 desde 2013 hasta hoy.
Se trata de una medida que tuvo continuidad desde el gobierno municipal anterior y que contribuye de algún modo a la erradicación de la tracción animal en la capital entrerriana, aunque sea en parte.
Desde sus inicios, el plan planteó una serie de objetivos, que incluyen mejorar las condiciones de vida de los recuperadores de residuos, erradicar el trabajo infantil asociado a la actividad, garantizar la salud de los equinos; mejorar el tránsito vehicular, entre otros puntos que apunten a mejorar los ingresos de las familias destinatarias y promover su integración al mercado formal de trabajo.
En este marco, Ángel Martínez fue uno de los primeros ocho beneficiarios que recibió un motocarro. Fue en octubre de 2013 y desde entonces no solo pudo optimizar sus recursos laborales, sino mejorar su calidad de vida.
Para acceder a su vehículo tuvo que cumplir una serie de requisitos, realizar cursos y capacitaciones para manejarlo, aprendiendo mecánica vehicular, educación vial, y también higiene y salubridad laboral. Tras incorporar esas herramientas, pudo sacar el carné de conducir y emprender una nueva etapa: "Cambié mi carro y mi caballo por la moto y estoy muy contento. Con esto vivimos con mi familia de mi trabajo diario. No tengo sueldo seguro, crío animales y tengo que salir sí o sí a cirujear, pero en mi vida mejoraron un montón de cosas", contó a UNO.
Además de generar más recursos, sumando varios fletes diarios, rescató otros aspectos: "He conocido gente que jamás pensé que iba a conocer, me he sentado a charlar con personas que cuando andaba en el carro ni me miraban ni me saludaban y ahora me dicen cosas para alentarme. Aparte, antes me tiraban la bolsa de basura al piso y ahora me la dan en la mano, y de yapa una monedita diciéndome que es para la nafta. Es todo muy diferente".
El hombre contó que se crió entre caballos, y como tantos de sus pares, confió que el animal también pasa a formar parte de la propia familia, por lo que no fue una decisión fácil entregarlo a cambio del motocarro. "A los primeros que formamos parte del programa nos decían los ocho valientes, porque nos animamos a incorporarnos cuando nadie quería cambiar su caballo, porque no sabían cómo era la cosa. Y una vez que nos dieron el motocarro éramos observados por todo Paraná y debíamos hacer las cosas bien. A raíz de eso fui seleccionado con otro de mis compañeros para capacitar a los próximos 50 carreros que recibieron el suyo", rememoró.
"Hice mi casa cirujeando con mi carro y mi caballo, y así pude mandar a estudiar a mis tres hijos a una escuela privada", indicó con orgullo, y agregó: "Hay gente que los cuida a los animales. Yo le daba de comer, lo tenía bien gordito. Pero, sinceramente, hay de todo y están también los que les pegan".
Al que era su caballo lo llevaron a Oro Verde. "Ahora hace equinoterapia", dijo Ángel, aliviado de saber que está en buenas manos.
Por otra parte, mencionó que antes jamás se había imaginado andando en moto y resaltó: "Acá me ves. Para sacar el carné tuve que estudiar, tuve que hacer un curso de mecánica. Como ocho meses anduvimos para que saliera todo bien y nos den el motocarro".
Javier Lescano es otro de lo beneficiarios y recibió su vehículo en 2015, en la tercera entrega que se hizo a través del Programa. Es el sostén de su familia, compuesta por su mujer y tres hijas pequeñas. "Cuando me lo dieron tenía dos, después nació la tercera", recordó, y evaluó: "Me cambió casi un 100% la vida, porque con el caballo y el carro no podía hacer lo que hago ahora, como juntar escombros y hacer varios fletes en el día a distintos puntos de la ciudad porque puedo ir rápido con la moto, y así también seguir juntando cartones para mi sustento".
Si bien está feliz con la decisión de haberse inscripto al plan, confió que le costó desprenderse de su equino: "Me enojé y al principio no quería entregar mi caballo. Hay gente que generaliza y dice que maltratamos a los animales, pero no es así. Un día una conductora que no manejaba bien su auto me hizo caer con la yegua y me hice un carrito a mano para juntarle comida durante siete meses, hasta que se recuperó. Este hecho me hizo cambiar de opinión", expresó Javier, quien terminó entregando su yegua y un potrillito que esta había parido.

Restitución de derechos
Isabel Mariani, directora general de Salud Animal de la Municipalidad, hizo un balance del programa y refirió a UNO: "En sí está muy bueno por muchas razones. A nosotros nos alegra lo que significa ver el animal libre. En cuanto a las familias, experimentan un cambio sustancial. Hay gente que no sabe leer y escribir y le enseñamos, además de que pueden aprender nuevas herramientas para su sustentabilidad".
En este marco, sostuvo: "Los beneficiarios rescatan que pueden hacer lo mismo que antes pero de otra manera, no estar en contacto con la basura, o realizar un trabajo extra, juntando cartones pero también incorporando transporte, fletes, o una pequeña mudanza".
"Lo que nos está faltando es poder trabajar en conjunto con Tránsito en la prohibición total de la tracción animal, pero se hace muy difícil quitar el carro y el caballo a las familias, más allá de la bronca que nos dan los accidentes que se generan o ver los carros manejado por chicos", señaló la funcionaria, en referencia a la ordenanza 9537 de Erradicación de la Tracción a Sangre, que rige desde enero de 2017, y explicó: "El tema es complejo y requiere muchos recursos, porque si le sacás el caballo la gente te exige el motocarro, y es muy costoso para el municipio reemplazar la cantidad de animales que hay".
También mencionó otros de los inconvenientes que tienen para hacer cumplir la normativa: "La persona que tenía el caballo va a tribunales y el fiscal nos hace devolvérselo, porque es el sostén para la familia", manifestó.
Por último, informó que desde la Dirección a su cargo se ocupan de hacer las curaciones a los caballos que reciben en el intercambio y están lastimados, y además administran el registro de quienes se postulan para adoptar los animales rescatados: "Vamos trabajando con el adoptante en el Vivero Municipal. Se les consulta el nombre de veterinario que va a estar a cargo, cuánto espacio dispone, si tiene otros animales. Es un trabajo previo importante y tratamos de que los animales se vayan fuera de la ciudad en lo posible, para que el antiguo propietario pierda el contacto, porque muchas veces ese caballo que entregan por el motocarro forma parte de su familia y les cuesta despegarse de él", concluyó.

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