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Para ayudar a los wichís en Salta se multiplica la solidaridad en Entre Ríos

Voluntarios reciben donaciones para llevar a la provincia norteña en mayo, donde en lo que va del año ya murieron ocho niños por desnutrición.

Sábado 15 de Febrero de 2020

Hace una semana se apagó la vida de un bebé de siete meses en Salta y esta muerte se sumó a la de otros siete chicos que fallecieron por desnutrición en lo que va de este año en esa provincia. Son casos que conmueven al país, desnudando la terrible situación por la que atraviesan sobre todo los habitantes de la comunidad wichí de los departamentos Orán, San Martín y Rivadavia, severamente afectados por la indigencia.

Además, hay más criaturas que están en serio riesgo, sumidos en el hambre y la miseria. Esta realidad, que tanto duele, llevó al gobernador Gustavo Sáenz a tomar la decisión de declarar a fines de enero la emergencia sociosanitaria. Y aunque la ministra de Salud de Salta, Josefina Medrano, trató de manera repudiable de naturalizar el fallecimiento de los niños wichís, hay en la Argentina mucha gente convencida de que son muertes evitables: en Entre Ríos un grupo autoconvocado de mujeres comenzó a recolectar donaciones para llevar en mayo, y aunque la asistencia sea solo un paliativo, hacen su aporte desde la solidaridad, bregando para que esta injusta situación se revierta.

Una de ellas es Estela Berta Cargnel, quien vive en Paraná. Impactada por lo que está pasando en Salta, en una charla con su amiga Susana Luna, de Diamante, decidieron hacer algo y ya se sumó más gente: “Somos un grupo de personas autoconvocadas tratando de conseguir alimentos no perecederos para llevar a las comunidades más afectadas de Salta, y también medicamentos como ibuprofeno, alcohol yodado, elementos de higiene, y sobre todo agua embotellada, porque allá no tienen y es algo de primera necesidad”, contó a UNO y agregó: “Se precisa todo alimento para los niños, que tenga vencimiento a largo plazo, para contrarrestar la desnutrición infantil, porque allá se están muriendo los chicos de hambre. También estamos juntando ropa de invierno, cobijas, sábanas, ya que esas zonas son inhóspitas y suele hacer mucho frío”.

A su vez, invitó a sumarse a profesionales de la salud que quieran acompañarlos en la misión que realizarán a mediados de mayo: “Convocamos a pediatras, médicos clínicos y demás que quieran colaborar con nosotros acompañándonos; la idea es estar dos o tres días en algunas de las comunidades wichís”, explicó.

Estela comentó que ya están en contacto con personas de Salta que las van a orientar, ya que es la primera vez que visitarán la provincia, y mencionó que necesitan también “gente que pueda colaborar con el combustible” para llegar a la zona, situada a más de 1.300 kilómetros de la capital entrerriana. Al respecto, aclaró: “Nosotras no manejamos dinero, por lo que precisamos que la donación sea a través de un bono de estación de servicio”.

Por otra parte, confió qué las impulsó a iniciar esta titánica tarea: “Soy mamá y si veo a mi hijo enfermarse, a mí se me enferma el alma; y no puedo imaginar lo que siente una madre a la que se le está muriendo un hijo de hambre. No puedo quedarme de brazos cruzados y tampoco la sociedad puede permanecer indiferente sabiendo que pasa esto, que en estas comunidades no tienen nada, que las quieren desplazar de sus tierras, que el gobierno ha hecho un abandono sistemático de esta gente, porque ni siquiera médicos tienen. Debemos ayudar de alguna manera”, sostuvo, a la vez que destacó que mucha gente ya se puso en contacto para colaborar. Quien quiera sumarse a ayudar, se puede comunicar llamando o escribiendo a al (0343) 155321219 o 154548250.

La realidad más cruel

Ana Salas es una de las referentes de la fundación Propuesta Solidaria, una agrupación que si bien actualmente lleva donaciones a las comunidades wichís de Chaco, iniciaron su labor yendo a Salta, hace una década. En esa provincia se encontró ya desde entonces con la más cruda realidad y junto a otros colaboradores empezaron a enviar donaciones para cubrir aunque sea algunas de las necesidades que se multiplican en la región. “Lo que pasa en Salta es terrible y ya ocurría cuando nosotros íbamos, pero se tapaba todo”, aseguró.

Si bien no pudieron seguir viajando hasta el norte salteño por razones económicas, Ana comentó que la última vez que fue, en 2012, la acompañó un médico de Cerrito y advirtieron que los chicos de la comunidad cercana a Tartagal que visitaron estaban desnutridos y en serio riesgo. “No me sorprende lo que está pasando ahora, porque en algún momento se iba a destapar todo. Son cosas que no se dan a conocer, pero sigo en contacto con gente de allá que me mantiene al tanto de esta triste situación”, expresó conmovida.

Una de las personas con las que Ana forjó una amistad en Salta es Analía Pérez, una guía de turismo que junto a algunos colegas realiza acciones solidarias llevando ayuda a los wichís. La mujer contó que en su provincia se están haciendo actualmente campañas para ayudar, llevando principalmente agua, que “no hay y que es lo que más se necesita”.

Asimismo, analizó la situación: “Es una zona que históricamente ha sido marginada. Desgraciadamente es una pobreza estructural, o sea que no es de ahora ni de hace 10 o 20 años atrás. Es antiquísima y tiene que ver inclusive con la llegada de los primeros españoles, que empezaron a discriminar sobre todo a estos nativos, que no encuadraban dentro de la organización que ellos tenían”.

“Los wichís son un grupo que todavía tiene algo de trashumancia. Sus comunidades no son absolutamente sedentarias, y siempre fueron marginadas. No ha habido un gobierno, en muchos años, que haya hecho una planificación para revertir su situación. Solo han sido acciones para salir de un momento en particular, pero eso no alcanza”, manifestó.

Por ahora, según dijo, ayuda internacional no ha llegado para paliar esta situación, y el Plan Alimentar contra el hambre es inviable en una zona en la que no hay supermercados ni posnet, aunque se espera que la ayuda del gobierno llegue a esas regiones postergadas. “Creo que están por llevarles algo de mercadería”, indicó Analía.

Por otra parte, señaló que las lluvias suelen afectar a estas poblaciones: “Mucho de lo que está ocurriendo con el tema de las inundaciones tiene que ver con el desmonte; llueve y no queda vegetación que sustente. Pero además de desmontar para traer la soja a la provincia, los productores trajeron los agroquímicos, que envenenan el agua”.

Por último, reflexionó: “Lo que más me conmovió cuando hemos ido son los niños descalzos en el medio del barro, con sus piecitos y sus manitas picadas. Es tremendo cuando el río se lleva todo, y aunque estén rodeados de agua, no pueden beberla, porque está contaminada. Lo que llevamos siempre termina siendo poco ante tanta necesidad. La ropa se les moja y se les pudre, aunque intenten secarla al sol. Es una zona olvidada y abandonada. Es muy triste lo que está pasando”.

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