Historias de vida

Muchos venezolanos eligieron Paraná para forjar su futuro

Muchos venezolanos llegaron buscando un porvenir y reflexionan sobre el desafío de volver a empezar, lejos de su país, y en una ciudad de provincia

Sábado 24 de Septiembre de 2022

En la Argentina, la inmigración de los venezolanos fue la que más creció en la última década. La mayoría decidió irse de su país debido a la situación económica y social, y llegaron buscando mejores oportunidades para poder forjar su futuro. Sin embargo, esa ola se frenó a partir de la pandemia, e incluso muchos volvieron a cruzar las fronteras para mudarse a otros lugares, ya que acá se frenaron las posibilidades de progreso.

Buenos Aires es el centro que alberga al grueso de los que se quedaron, pero hay también otras ciudades en las provincias en las que varios hallaron motivos para erigir su hogar. En Paraná se estima que son entre 300 y 400. En muchos casos cultivaron amistades con sus compatriotas y se reúnen, en otros al menos se contactan por redes sociales, pero sabiendo que, por los lazos de hermandad, están dispuestos a tender una mano si alguien que proviene del mismo país precisa ayuda, incluso alguna de las más básicas, que es saber dónde conseguir, en la capital entrerriana, harina de maíz para amasar las arepas.

“Las arepas son tan necesarias para nosotros como lo es el mate para los argentinos. Es parte de nuestra raíz”, contó a UNO con simpatía Francis Colmenarez, quien hoy tiene 31 años y llegó hace cinco a Entre Ríos desde Ciudad Guayana junto a su esposo y se quedó a vivir en Paraná.

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Francis Colmenarez y su esposo son venezolanos. Su hijo es entrerriano

Francis Colmenarez y su esposo son venezolanos. Su hijo es entrerriano

“La razón principal porque la que nos fuimos de Venezuela fue por la situación del país, que es demasiado difícil, sobre todo para los jóvenes. Solo había que pensar en trabajar, pero sin perspectiva de progresar. Y también estaban entonces las dificultades de conseguir comida por la situación política y económica, había mucha escasez de alimentos”, señaló.

La joven contó que sus padres fueron quienes los incentivaron a buscar nuevos horizontes para que pudieran “salir adelante”, como manifestó Francis. “Allá no podíamos pensar en poner un negocio o proyectar algo”, indicó.

En Paraná vivía una amiga suya oriunda de Colombia que les ofreció su casa para quedarse hasta que pudieran estabilizarse, y lo lograron. Desde entonces no volvieron a su país, pero sí recibieron la visita de sus padres en un par de oportunidades, en 2019 y el año pasado. Hace dos años nació su hijo, Samuel, y hoy Francis comparte su tiempo entre su cuidado y sus estudios del profesorado universitario y la tecnicatura de Artes. “Tengo un taller en mi casa donde doy clases a niños de arte, dibujo y pintura. Mi esposo trabaja en una cadetería. Al principio nos costó poder encontrar empleo, porque llegamos en el 2017 y no había casi personas de nuestro país acá, la gente no conocía cómo era la forma de trabajar del venezolano y era difícil que nos contrataran. Pasaron algunos meses para eso, pero mientras tanto, como tengo conocimientos de repostería hacíamos alfajores y otras cosas, y con eso nos manteníamos al principio”, rememoró.

¿Irse o quedarse?

Francis contó que muchos de sus pares se han ido por la situación que hay hoy en la Argentina, y refirió: “Si bien no está tan difícil como en Venezuela, se asemeja a los inicios de cómo empezó la actual situación allá. Por eso algunos venezolanos que estaban acá optaron por buscar otras oportunidades”. Y agregó: “A nosotros nos pasa que antes enviábamos dinero para nuestro país, al menos 500 pesos mensuales, y era un dineral allá; y ahora más bien mandan dinero de allá para acá”.

En su caso, si bien ya pasó un lustro desde que vive en Paraná, sueña con volver algún día a Ciudad Guayana, y se sinceró: “Mi corazón siempre está regresando. Espero que en algún momento podamos tener esa posibilidad. Si bien llevamos cinco años en Paraná y tenemos un bebé acá, hay muchos cosas que nos cuestan en lo cultural, como es el carácter de muchos argentinos: acá son un poco más explosivos, y los venezolanos somos más relajados”.

Hoy no están solos y hay parte de su familia que también eligió la capital provincial: “Después de que nosotros nos vinimos, a los siete meses lo hizo mi cuñado, y después mi hermana Franshesca”, dijo.

Franshesca tiene hoy 29 años y llegó con su esposo y con dos hijos muy chicos, que hoy tienen 7 y 5 años, pero que en aquel entonces en este último caso cumplió un año camino a su nuevo hogar en la Argentina. Que Paraná sea una ciudad tranquila para que ellos crezcan fue uno de los motivos por los que la eligieron. “Necesitábamos un lugar donde ellos pudieran ir a una plaza, un parque, tener acceso a cosas sin tener que disponer de tanto tiempo en el traslado. Mi esposo consiguió trabajo bastante rápido, así que nos quedamos. Queríamos un lugar para estar tranquilos, después de todo lo que vivimos en nuestros país. Y gracias a Dios, como familia, nos ha ido bastante bien en Paraná, ambos trabajamos y tenemos todo cerca”, contó a UNO.

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“Soy maquilladora profesional y profesora de maquillaje. Trabajo en un gabinete y en una academia”, mencionó sobre su labor, feliz por lo bien que le va con su vocación. Al respecto, analizó: “Después de la pandemia la gente se animó a arreglarse, porque hubo mucha depresión, mucho cansancio en el tiempo de encierro. Creció un montón la demanda”.

Por ahora, ella piensa quedarse en Paraná, aunque confió: “Hemos pasado por tanto que nos da miedo que todo vaya a empeorar y estamos alerta a lo que vaya ocurriendo en Argentina. También pensamos en el futuro de nuestros hijos y lo difícil que es acá comprarse una casa, y eso pesa para que por ahí veamos la posibilidad de irnos a otro país”.

Un futuro en Paraná

Isnelvia Caraballo llegó de Puerto Ordaz, Estado de Bolívar, en marzo de 2018, junto a su esposo y sus hijos, con un título de abogada que tuvo que archivar porque las leyes son diferentes en ambos países y es compleja su reválida. Hoy tiene 46 años y aunque confiesa que de Venezuela extraña mucho a su familia, sus amigos y su casa, pensó en el futuro de sus hijos: “Cuando estaba planificando salir de Venezuela, una de las opciones más viables era venir a la Argentina. Tenía unos conocidos que ya estaban acá y les estaba yendo muy bien. Y aparte, por el sistema educativo, porque tengo hijos que están en edad de estudio y era algo que nos interesaba. Mi hija hoy tiene 18 años y mi hijo 21”, comentó a UNO.

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Isnelvia y su familia piensan quedarse en Paraná

Isnelvia y su familia piensan quedarse en Paraná

Que haya optado por Paraná fue, como ella misma dice, un hecho fortuito: en el Aeropuerto había una compatriota suya que había googleado sobre la capital entrerriana y decidido que era donde iba a residir, y a Isnelvia le gustó lo que vio en fotos y también escogió la misma ciudad como lugar de residencia. “No tenía conocidos acá. Lo decidí prácticamente en el Aeropuerto. Coincidí con una chica que había decidido venir a Entre Ríos, estuvimos hablando y así fue que llegué acá”, indicó.

“Mis padres y mis dos hermanos, con sus familias, están allá en Venezuela, pero toda la situación que estábamos viviendo allá, tanto política como económica, fue lo que me impulsó a irme. Hoy tenemos muchas similitudes entre ambos países y pienso ´no puede ser que se vaya a repetir la historia´, pero tengo muchas esperanzas de que no suceda, porque todavía tienen un pueblo que está resistente a esos cambios que vemos que no son los más idóneos para el país”, analizó.

A ella no le costó adaptarse, porque en Venezuela el trabajo de su esposo futbolista la llevó a mudarse muchas veces antes. “Eso me sirvió como base para adaptarme a los cambios”, señaló. Y aunque no puede ejercer como abogada, trabajo nunca le faltó: “He pasado por varios rubros, trabajé en áreas administrativas, en supermercados, en un corralón, y ahora trabajo cuidando abuelitos”, indicó.

En su caso decidió quedarse y ya no mudarse de ciudad o de país: “Estoy acá con mi familia, y mis hijos están ahora estudiando. Volver a abrirme camino en otro sitio, mudándome, ya no es tan fácil como le resulta a alguien que está solo. Mi nena está por terminar el Secundario el próximo año, y el chico estudia ingeniería civil en la Universidad Tecnológica. Ya están establecidos”, concluyó, orgullosa de sus hijos y abrazando el porvenir, lejos del río Caroní y del Orinoco, pero cerquita del Paraná, que le recuerda en algún punto sus paisajes.

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