Secciones
Debate presidencial

Mucho ruido, pocas nueces

Pocas propuestas para mejorar el país y muchas chicanas, polarizaron el debate presidencial que por primera vez tuvo el carácter de obligatorio. Los candidatos y cómo este hecho político puede influir en la elección del 27.

Lunes 14 de Octubre de 2019

El debate presidencial realizado en la centenaria Universidad Nacional del Litoral (UNL), en Santa Fe, dejó la sensación de ser más un show televisado que un espacio para debatir ideas de campaña. Claro, muchos podrán decir que la comunicación debía ser efectiva, pero eso condicionó en buena medida lo que se buscaba transmitir a la ciudadanía. Los que esperaban escuchar propuestas para un mejor país se debieron conformar con el reality show que protagonizaron Mauricio Macri y Alberto Fernández: el Presidente debió cambiar su tono moderado sobre la marcha ante un Alberto que eligió una estrategia de confrontación. El candidato del Frente de Todos le recriminó al ingeniero haber mentido durante el debate de 2015. La acusación despertó los primeros murmullos y comentarios irónicos en la sala de prensa en la que se apostó UNO. La chicana al servicio de una idea deparó el primer punto fuerte de la contienda. En sus primeras intervenciones Gómez Centurión, Espert y Del Caño ratificaron su perfil ideológico para fidelizar aún más a sus votantes. Más conservador, Lavagna se esforzó por transmitir su experiencia en la gestión de gobierno, pero sin polemizar con el resto de los candidatos.

La izquierda eligió defender sus demandas históricas en relación a los derechos de los trabajadores, los jubilados y las mujeres, en ese orden de prioridades. Pero llamativamente, pocas veces Del Caño atacó las políticas externas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la idea de romper con el organismo de financiamiento. Sí lo hizo con los empresarios, corporaciones y políticos “amigos del poder” que se beneficiaron con el modelo económico de Cambiemos.

El reclamo por la soberanía de Malvinas y la situación de crisis de Venezuela atravesó el eje temático referido a las relaciones internacionales. Todos los candidatos prometieron reivindicar el pedido histórico por el archipiélago, pero en este contexto político y social del país el planteo se resume a una mera acción diplomática. La consigna fue levantada como bandera por Gómez Centurión por su pasado como excombatiente, pero no le bastó para maquillar su deslucido desempeño.

En otra intervención, Alberto F. retrucó con fuerza garantizando la continuidad del Mercosur, pero estrechando los lazos comerciales con los socios estratégicos e instó a revisar el acuerdo con la Unión Europea. “No tengo miedo a la apertura”, aseguró. Siempre seguro de sí mismo, el principal candidato opositor buscó llegar a la audiencia asumiendo el rol de un docente en el aula, pero sin perder de vista el contexto mediático del lugar donde estaba.

La crisis de Ecuador, la discusión por el nivel de las exportaciones y hasta una mención a Cristina Fernández, fueron los temas centrales de este bloque. Gómez Centurión reclamó desde su atril una mayor inversión en el sistema de defensa del país, que no descuide los controles en las fronteras.

En este tramo, Macri destacó el aumento del nivel de las exportaciones, un dato que fue objetado por Fernández y Lavagna. Allí el contraataque de Alberto no se hizo esperar: “No alcanzan las fotos con los líderes del G-20”, recriminó el dirigente peronista.

A esa altura en la zona de prensa se imaginaban las reacciones de los candidatos, porque claro, la transmisión en vivo dejó afuera la parte emotiva y gestual de la contienda dialéctica. Por esa razón se puede decir que el debate careció de “pimienta” y todo se limitó a un simple decorado de ocasión para cumplir con una ley sancionada en 2016.

El dedito de Alberto

El oficialismo, representado por Macri, se lanzó tarde a confrontar con el candidato más votado de las PASO. Y lo hizo con consignas que Cambiemos utilizó desde sus orígenes como marca, diferenciándose de la corrupción, del pasado que encarna el kirchnerismo y de todo lo que se parezca a un modelo popular y nacional.

También Alberto recurrió a esa estrategia pero con un estilo confrontativo: “No quiero intervenir Venezuela”, le retrucó al Presidente ante una posibilidad de enviar fuerzas militares nacionales a ese país.

Pasadas las 21 el rating televisivo iba en aumento, al igual que las expectativas de la izquierda de captar los votos de la franja juvenil. Pero esas ilusiones parecen haberse truncado con el minuto de silencio pedido por Del Caño. El candidato, en su plan por solidarizarse con la situación de estallido social de Ecuador, se expuso al ridículo y a que su rostro sea el tema de los memes que invaden las redes sociales.

Ni siquiera pudo repuntar con la acusación de “lamebotas de Trump” dirigida a Macri. Así se deduce que la izquierda desaprovechó una buena oportunidad para tener mayor visibilidad.

A su turno, el candidato del Frente Nos, Juan José Gómez Centurión, centró su propuesta en la defensa de las dos vidas, del derecho del niño, pero queda claro que trastabilló en los temas centrales de la noche. El excombatiente cometió excesos al no respetar su tiempo para exponer y se embarcó en propuestas casi descabelladas. “Reparten misoprostol como caramelos”, reflexionó sin filtro.

Indecisos más indecisos

Si es cierto que este tipo de encuentros no inclina demasiado el resultado de una elección, sobre todo por las reglas en juego, los votantes que aún no definieron qué hacer el 27, al observar la transmisión en vivo ahora deben tener aún más dudas. Como era de prever se logró polarizar entre los principales candidatos, pero a diferencia de lo que se esperaba, Lavagna quedó más debilitado por lo que fue y no podrá ser.

Después se podrá coincidir o no con Espert, pero su propuesta de arancelar la universidad pública generó el más amplio rechazo desde todos los sectores.

Educación, Economía y Derechos Humanos fueron los temas excluyentes de la noche, y allí Fernández prevaleció sobre un Macri que salió a jugar el partido recién en el segundo tiempo.

Con las cartas echadas todavía es muy pronto para determinar si el debate presidencial sirvió. Pero es un paso muy importante para seguir fortaleciendo la democracia, la calidad institucional y la discusión; quizás deba orientarse a revisar la reglas del formato. Por ejemplo, se debería pensar la forma en que los trabajadores de prensa puedan presenciar en vivo un hecho histórico, de gran trascendencia para la región y que tuvo una amplia cobertura de UNO. Que así sea.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario