Meucci: 100 años de historia familiar y trabajo en Paraná

A 100 años del comienzo, Marcela Cian repasó la historia de Meucci, una empresa familiar de Paraná que atravesó generaciones y crisis. El centenario se celebró con una fiesta solidaria junto a Suma de Voluntades.

09:18 hs - Domingo 01 de Noviembre de 2026

Meucci cumplió 100 años de historia en Paraná y celebró su centenario con una fiesta solidaria junto a Suma de Voluntades. En el ciclo de entrevistas UNO a UNO, Marcela Cian repasó los orígenes del emprendimiento familiar, las crisis que atravesó y el legado de varias generaciones dedicadas al trabajo.

“Es algo llamativo y, sobre todo, en este país es mucho”, expresó sobre los 100 años de actividad. Para dimensionar el tiempo transcurrido, señaló que la empresa tiene una trayectoria equivalente a la mitad de los 200 años que cumplió Paraná como ciudad.

Una historia que comenzó en el Mercado Central

Los orígenes de Meucci se remontan a 1926, cuando el bisabuelo de Marcela llegó a Paraná y puso en marcha una carnicería y una fábrica. Antes había sido militar y participado de expediciones en el norte del país. Una vez instalado en la capital entrerriana, comenzó con la actividad comercial y tuvo un puesto de venta en el antiguo Mercado Central, ubicado frente a la radio.

La historia familiar también guarda recuerdos de otras épocas. Su abuelo, Gino Meucci, fue la segunda generación al frente del emprendimiento. Había nacido en una reserva de Formosa, donde su madre fue asistida por una mujer indígena durante el parto. Con el tiempo, se convirtió en una figura conocida en Paraná: además de trabajar en el negocio familiar, era cantante y animaba las reuniones.

A lo largo de los años, el negocio fue cambiando y sumando nuevas actividades para responder a las necesidades de cada época. Una de esas transformaciones fue la incorporación del servicio de viandas, una propuesta que en los comienzos de la empresa era impensada. “Se fue adaptando a la realidad que nos tocaba vivir”, explicó Marcela.

Las crisis y la importancia de sostenerse en familia

La continuidad de una empresa durante 100 años también implica atravesar momentos difíciles. Marcela recordó las crisis económicas que afectaron al país, entre ellas la hiperinflación de fines de los años 80, la crisis de 2001 y, más recientemente, la pandemia.

En ese recorrido, destacó el acompañamiento familiar como una de las claves para seguir adelante. Recordó especialmente a su abuela, a quien describió como una mujer firme y trabajadora, capaz de sostener a los demás en los momentos de mayor incertidumbre.

“Siempre hay una gran contención familiar. Eso fue lo que nos ayudó”, señaló.

La pandemia representó otro desafío. Aunque los alimentos eran considerados productos esenciales, las restricciones impedían que los clientes se acercaran al comercio. Por eso, tuvieron que reorganizar la distribución y llevar los pedidos directamente a los hogares.

Marcela recordó las conversaciones con clientes a través de las rejas de sus casas, mientras dejaban los productos para que pudieran retirarlos. De aquella experiencia quedaron vínculos que todavía se mantienen. “Es una cosa maravillosa, desde ese lugar”, sostuvo al referirse a las relaciones construidas durante ese período.

La adaptación también significó encontrar nuevas formas de responder a las necesidades de quienes confiaban en el comercio. En medio de la incertidumbre, la distribución permitió sostener el contacto con los clientes y acompañarlos en un momento en que muchas personas estaban angustiadas por la situación.

El conocimiento que se transmite

La incorporación del servicio de viandas también fue resultado de la adaptación del emprendimiento. En esa tarea, la participación de su hermana Pepi, nutricionista, ocupa un lugar central. Su formación permitió organizar preparaciones destinadas a personas con distintas necesidades alimentarias.

Marcela explicó que ese conocimiento fue incorporándose al trabajo cotidiano y que hoy el equipo reconoce las particularidades de cada dieta. Como ejemplo, mencionó las viandas para pacientes con problemas intestinales o renales, que requieren cuidados específicos en la selección de los alimentos.

La empresa continúa siendo un espacio de trabajo compartido entre familiares. Marcela contó que, aunque pueden surgir diferencias y discusiones propias de la convivencia laboral, tienen una regla clara: resolverlas puertas adentro y seguir trabajando juntas.

En cuanto a su tarea, dijo que se siente más cómoda en la elaboración que en la atención al público. Aunque también se ocupa de cuestiones administrativas, disfruta estar en el sector de producción y participar directamente del trabajo. “A mí me gusta estar adentro, en la parte de elaboración. Hay que empujar el carro y esa es la parte que me gusta”, contó.

El secreto de los chorizos y una celebración solidaria

Entre los productos que identifican a Meucci, los chorizos ocupan un lugar especial. Marcela explicó que su sabor está relacionado con una receta familiar que se transmitió de generación en generación y con la selección de los ingredientes.

“Lo que va pasando es el condimento, ahí está la diferencia”, afirmó. También destacó el uso de carne seleccionada y de una tripa fina, llamada chinesca, que aporta una textura crocante durante la cocción. Según explicó, esa combinación distingue al producto de otros que utilizan condimentos prefabricados.

Los chorizos fueron protagonistas de la celebración por el centenario. El festejo, que originalmente estaba previsto para el sábado 24 de octubre, finalmente se realizó el 31. La actividad comenzó a las 19hs y se extendió hasta las 22hs , en Ramírez 2049. Hubo música en vivo, un brindis y choripanes para compartir.

La propuesta tuvo además un componente solidario. En lugar de entregar gratuitamente los choripanes, la familia convocó a Suma de Voluntades para que se encargara de venderlos a un precio accesible y destinara lo recaudado a sus actividades. De esta manera, quienes se acercaron a compartir el aniversario también tuvieron la oportunidad de colaborar con el trabajo que realiza la entidad.

Así, el centenario de Meucci fue una oportunidad para reunir a clientes, amigos y vecinos, celebrar una historia ligada a Paraná y reconocer a quienes formaron parte de ella. Entre los recuerdos familiares, Marcela destacó especialmente a su madre, Marita Meucci, de 86 años, quien todavía continúa trabajando en la empresa.

Después de un siglo de actividad, la celebración reunió pasado y presente: la memoria de quienes iniciaron el emprendimiento, el trabajo de las generaciones que lo sostuvieron y el compromiso de una familia que continúa al frente de la empresa y adaptándose a los tiempos que vienen.