El merendero funciona en San Agustín martes y jueves. Entregan unas 110 viandas a gente del barrio. Hoy precisan donaciones para poder continuar con su labor.
08:37 hs - Sábado 02 de Mayo de 2026
En el barrio San Agustín de la ciudad de Paraná, donde el frío cala hondo y la realidad económica golpea con fuerza, existe un espacio que se convirtió en un sostén fundamental para decenas de familias. Se trata del merendero y comedor Santa Rita, un lugar que desde hace casi un año funciona gracias al esfuerzo cotidiano de Ester Caíno y su familia, quienes, sin ayuda estatal ni financiamiento fijo, logran garantizar un plato de comida a quienes más lo necesitan.
Dos veces por semana, los martes y jueves, el merendero abre sus puertas en calle Casciano Calderón 2368 –entre La Cautiva y Los Jacarandáes– para entregar alrededor de 110 porciones de comida. Detrás de cada vianda hay una historia de esfuerzo, sacrificio y compromiso. “Hay mucha gente esperando este plato de comida”, contó a UNO Ester, quien se levanta a las cuatro de la mañana para comenzar con la preparación del pan casero que acompaña cada entrega.
El funcionamiento del espacio depende casi exclusivamente del ingreso familiar. Su esposo, albañil, es quien aporta el dinero para comprar los alimentos. Sin embargo, cuando las lluvias impiden que trabaje, la situación se vuelve aún más crítica. “Me da una pena enorme tener que decir que no puedo ayudar”, expresó la mujer, reflejando la angustia de quienes sostienen iniciativas solidarias en contextos adversos.
Ayuda que se multiplica
La creación del merendero no fue planificada, sino que surgió a partir de una situación concreta que dejó una huella profunda. Ester recuerda que todo comenzó cuando un joven llegó a su casa con sus dos hijas, quienes recolectaban residuos para subsistir. Al preguntarles si habían tomado leche, la respuesta fue negativa. Las invitó a pasar, les ofreció alimento y una de las niñas le pidió permiso para bañarse con agua caliente.
“A mí se me partió el alma”, relató. Ese momento fue el punto de partida de una tarea que no dejó de crecer. Hoy, además de las familias que asisten regularmente, muchas otras siguen acercándose en busca de ayuda, aunque no siempre pueden ser incorporadas por falta de recursos.
Demanda constante
El merendero atiende principalmente a niños, aunque también asiste a adultos mayores. Ester cuenta que hay al menos nueve abuelos que envían a sus nietos a retirar la comida. La escena se repite semana a semana, evidenciando una problemática que atraviesa a distintos sectores de la comunidad.
A esto se suma el trabajo silencioso de recorrer comercios del barrio para conseguir insumos básicos. Verdulerías que aportan papas, cebollas o zanahorias, y pequeños gestos como el del comerciante que dona medio paquete de arroz o fideos, permiten sostener el funcionamiento del espacio. Sin embargo, muchas veces no alcanza.
“Hay días en que la comida no llega para todos, y eso duele mucho”, admitió Ester.
Además del plato de comida, el merendero Santa Rita ofrece algo igual de valioso: contención. A través de un roperito solidario, las familias pueden acceder a ropa, especialmente para niños. Ester describe cómo muchas veces, al ver a chicos descalzos o con prendas en mal estado, les ofrece ropa donada. “Se van felices. Eso me llena el alma”, aseguró.
Precisan donaciones
En medio de las carencias, estos gestos construyen dignidad y refuerzan el sentido comunitario. Pero a pesar del enorme esfuerzo, el merendero enfrenta múltiples carencias materiales. Actualmente necesitan utensilios básicos como un cucharón grande, una espumadera y recipientes adecuados para cocinar en mayor escala. También solicitan una garrafa de 10 kilos para poder utilizar un mechero, ya que las ollas domésticas resultan insuficientes.
En cuanto a alimentos, reciben donaciones de productos no perecederos y apelan especialmente a la colaboración de comercios o frigoríficos que puedan aportar insumos. “No queremos dinero, solo alimentos”, aclaró Ester.
Historias que duelen
Las historias que llegan al merendero son muchas y, en su mayoría, atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad. Una de ellas, que Ester recuerda con particular angustia, es la de una abuela que se acercó a buscar comida y contó que su nieta le había pedido que no olvidara llevar el recipiente, ya que la noche anterior sólo había tomado mate cocido para calmar el hambre. “Es tremendo que pase esto”, reflexionó.
Una red que resiste
El merendero Santa Rita es, en esencia, una muestra de cómo la solidaridad puede convertirse en una red de contención frente a la ausencia de recursos. Con esfuerzo, compromiso y una profunda vocación de servicio, Ester Caíno sostiene un espacio que, más allá de la comida, ofrece esperanza.
En tiempos difíciles, iniciativas como esta no sólo visibilizan la problemática social, sino también la capacidad de las comunidades para organizarse y dar respuesta desde abajo, con lo poco que tienen, pero con una enorme voluntad de ayudar.
Quienes deseen colaborar pueden comunicarse directamente al 343 4511 200. Además, Ester se ofrece a retirar las donaciones en caso de que las personas no tengan medios para acercarlas.