Secciones
Fuego

Massa: "Hay que empezar a tratar de convivir con el flagelo del fuego"

Ernesto Massa cree que el drama de los incendios seguirá hasta después del invierno. Alentó una legislación articulada y tener el control territorial.

Domingo 09 de Agosto de 2020

La problemática ambiental está ganando cada vez más espacio, a la par de los incendios que devastan los humedales en el Delta del río Paraná. Poder comprender las características de esa inmensa extensión de biodiversidad requiere de conocimiento y de trabajo en territorio. Tener otra mirada respecto a por qué se producen las quemas en la zona de islas, implica al mismo tiempo entender que el fuego no necesariamente deba asumirse como un enemigo. Siguiendo esa filosofía con anclaje en una formación científica, se desarrolla el trabajo el ingeniero agrónomo Ernesto Massa, experto en vegetación y ganadería de las islas del Delta del Paraná. El investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la Estación Experimental Paraná, abordó en una entrevista con UNO su experiencia en el estudio de la flora de los humedales y de la necesidad

—¿Qué cuestiones se desconocen respecto del manejo del fuego y de la flora característica de nuestro Delta?

— El trabajo en la isla con la vegetación tiene que ver con esto, porque hay cierto bache de conocimiento de lo que pasa en los humedales, específicamente con las quemas. ¿Por qué? El fuego ha ido moldeando a través de la historia geológica ciertos ambientes, por eso hay que tener algunas herramientas para tomar decisiones desde el punto vista productivo y desde el punto de vista de política pública. Al trabajar en INTA tengo algún paraguas institucional para hacerlo, pero también cierto interés propio. Pero no propio porque a mí me interese particularmente, además de interesarme veo que en el Delta puede generarse un régimen de fuego: es decir repetidamente eventos dependiendo de ciertas condiciones ambientales. Los trabajos que he hecho son bajos regímenes de quemas prescriptas, con distintos tipos de vegetación masiva que hay en la isla, de manera alternada, porque la isla no es todo lo mismo. Se repite en los humedales del Chaco, del Paraná Medio, Formosa e incluso hasta el sur de la provincia de Buenos Aires. Es vegetación que está en toda esa gran área adaptada al ciclo hidrológico-sedimentológico del río Paraná: ante ciertas condiciones se quema y se genera un incendio descontrolado como los presentes. Lo que he hecho es ordenar ciertas quemas para relevar información de lo que pasa y desde ahí poder sacar algunas conclusiones, ciertamente parciales, de lo que pasa con la vegetación y cómo se debería aprovechar desde el punto de vista ganadero. Y buscar algunos aspectos negativos. Pero no puedo hablar parcialmente de efectos negativos con otras variables que yo no estudio, tengo una formación de agrónomo ¿Qué pasa con la fauna? No me dedico a esa área.

—¿Qué mirada tiene en relación a lo que está pasando con los incendios cada vez más frecuentes?

— Mi postura es que el Estado, y siendo trabajador del mismo, tiene que salir de la dicomtomía tan bueno o tan malo, porque en cuanto al fuego hay condiciones que pueden llegar a volver a darse cada tanto tiempo. El Delta tiene un ciclo muy alto de productividad, al igual que la acumulación de biomasa, y eso es lo que se denomina potencialmente combustible. Ante el escenario de cambio climático que ya está sucediendo, incluso la gente que está trabajando en esto sostiene que va a haber inundaciones cada vez más frecuentes y bajantes muy marcadas como la presente. Esto quiere decir que va a haber una gran cantidad de combustible disponible cada tanto tiempo. La gente está usando el fuego, desde el punto de vista ganadero, los pescadores deportivos o artesanales y el turismo de fin de semana, pero una cosa es usar el fuego en forma indiscriminada como lo que está pasando ahora; otra es tener una prescripción. Es decir que hay una biblioteca dentro de una ciencia que se llama la ecología del fuego. Para que la quema sea prescripta en este tipo de humedales en el que estamos nosotros, del río Paraná, todavía no hay muchos trabajos al respecto, sí hay posiciones sentadas que toman información de otros ambientes similares y tratan de transferirla. Lo que trato de hacer es generar información de acá para empezar a escribir humildemente algunas cosas o avanzar un poco con la biblioteca que tenga que ver con este tipo de ambiente. Porque no soy ni un promotor ni un detractor del fuego, solo considero que es un componente ecológico del ambiente en el aspecto geológico o histórico. Por ejemplo, en el plano histórico hay algunas citas bibliográficas que decían que los aborígenes de la zona algunas veces prendían fuego con algunos fines.

—En cuanto a las quemas vinculadas a la actividad ganadera, ¿son prácticas directamente asociadas con este problema?

—La práctica tradicional de la quema para la ganadería, que se la usa en la isla, pero no solamente en la isla sino que en muchas tierras, pastizales, en el mundo entero. Pero como es un ambiente particular, que no tiene similitudes con la sabana africana o la chaqueña, donde el fuego tiene un rol evolutivo en muchas de las especies que lo conforman. Por ejemplo, en Australia pasa con los eucaliptus, en el hemisferio norte pasa con los pinos, que cada tanto el fuego promueve en ese tipo de ambiente un mayor crecimiento y una mayor dispersión de semillas. Hay una serie de adaptaciones de mucha vegetación al fuego. Este no sería el caso, pero el hombre y el uso es un componente más del ambiente y entonces pasa a ser un componente ecológico. Pero hay que tratar de tener una base de conocimiento para poder minimizar o reglamentar, para poder decir cuándo realmente se manda la macana. Están sucediendo fuegos de muchísima intensidad y de muchísima severidad, que son dos parámetros que en esto de las quemas se suelen medir: la intensidad es cuánta energía libera el fuego a la atmósfera y la severidad es el daño que le genera al ambiente.

—¿Qué características tienen las islas en las diferentes regiones de nuestro país?

—Las islas tienen una vegetación adaptada al ciclo hidro-sedimentológico, que es un componente ligado al accionar del agua que va demarcando distintos tipos de ambientes, en un ambiente como el de islas preferentemente plano. Hay poca diferencia altimétrica por así decirlo dentro de una misma isla, es mínima pero existe. Y esta existencia implica que haya mayor permanencia de agua en determinados ambientes que en otros, que son un poco más elevados como los albardones. Pero la mayor cantidad de tiempo de permanencia de agua implica un determinado tipo de vegetación adaptada a que haya más o menos agua. Y en esa zona con breve diferencia topográfica, implica la permanencia del agua en un determinado espacio de tiempo.

—¿Cuáles son los determinados tipos de vegetación y cómo se diferencian?

—En los lugares más bajos (lagunas) predominan los canutillares o gramíneas que crecen en condiciones de inundación, también hay onagraceae u otra a la que le dicen verdolaga, también está la lagunilla. Es decir diferentes tipos de vegetación que prefieren crecer con agua y por otro lado, está la vegetación flotante como los camalotes. En otro de los niveles están los pajonales, con pastos cortos, que cambian drásticamente la composición botánica de esa zona; un pajonal no tiene nada que ver con un canutillar de este bajo inundable del que estaba hablando. Y si seguimos ascendiendo en el relieve topográfico nos vamos acercando a los albardones que predominan en ciertos tipos de bosques. De la misma manera, los bosques no son todos iguales, pero en ellos predominan el sauce, algunos albardones altimétricamente más importantes puede tener alguno en desarrollo del perfil del suelo. Esto permite que haya menor cantidad de inundación y árboles más longevos y de otro tipo de crecimiento. El fuego en cada uno de esos ambientes puede que afecte de manera muy distinta: no es lo mismo un fuego dentro de un bosque que va a tener una afectación dentro del estrato arbóreo, va a tener otro efecto en los pajonales.

—¿Qué dificultad se puede llegar a presentar en las zonas bajas de islas?

—Ahora se están secando, donde predomina el agua y hay un tipo de vegetación determinada. Esa vegetación que ahora está seca tiene una matriz de crecimiento durante el verano y ahora con las bajas temperaturas se seca, no se muere. Entonces se generan grandes colchones de acumulación; como generalmente no tienen agua la degradación de ese material o biomasa es muy lenta. Se generan esponjas de casi 60 centímetros de materia orgánica en distintos grados de descomposición: eso es lo que se está quemando ahora porque está seco, por eso son fuegos que no se pueden apagar porque ahí hay poco oxígeno, entonces cuando ingresa un poco de oxígeno por viento el calor perdura y empieza a arder de vuelta. Son insuficientes las lluvias que se han registrado para poder realmente humidificar el problema de los incendios. En los bajos hay colchones de turbas y de material sin degradar de 30 a 60 centímetros que cuando se prende fuego arde y alcanza mucha temperatura. Y es como dicen los brigadistas “el fuego va por abajo”, entonces estos semejantes eventos de fuego son incontrolables por más que se gaste plata y por más que se los quiera controlar. Con organizaciones no gubernamentales, el INTA, organizaciones de ciencia y técnica, sumado a algunos productores, presentamos una nota en abril donde de alguna manera advertíamos a los gestores en territorio de que podía pasar lo que está pasando. Estamos en la mitad del invierno y todavía el problema no ha pasado.

—¿Es adecuado plantear la dicotomía actividad productiva versus medio ambiente?

—A título personal estuve dialogando con algunos productores a quienes les han quemado la isla, entonces ellos tienen que hacer una denuncia para poder guarecerse para que no se les caiga con una acción penal. Para mí esa dicotomía no hace más que correr el eje de apuntar para otro lado y no meterse en el problema; ¿Qué quiere decir meterse en el problema? Que hay que trabajar, que hay que entender el comportamiento del fuego porque va a seguir estando. Está probado en el mundo que aquellos ambientes donde se lo quiere prohibir, es donde más evoluciona el fuego, donde más incidencia hay. En noviembre de 2019 estuve en el séptimo Congreso Internacional de Incendios Forestales, donde se llegó a la conclusión de que van a cambiar los regímenes de fuego, para bien en algunos casos, pero para muy mal en otros. Hay que empezar a tratar de convivir con el flagelo y para eso hay que tener conocimiento. Y eso podría dar pie a una legislación un poco más coherente, por ejemplo articulada entre provincias. Pero además de poder decir con reglamentación, hay que tener la capacidad de poder controlar; controlar el territorio y no solamente el fuego o la inundación. Eso implica un componente de trabajo potente en el territorio con la gente formada, con mucho diálogo con la gente que vive en la isla y a la que hay que preservar. Porque también está pasando como en otras áreas rurales, donde la gente se está yendo. El Estado debe correrse de su rol de castigador, para también proveer información y salir de esa dicotomía. No niego que parte de los fuegos tienen que ver con la ganadería, ¿puede ser? ¿Son fuegos prescritpos? No, son malos fuegos. ¿Tienen algún sentid0? Se podría discutir, porque este año empezó a usarse el fuego en enero, donde la vegetación es totalmente diferente a la de ahora. No es que sea diferente porque son otras especies vegetales, son las mismas especies vegetales que crecen durante el verano, pero lo que va cambiando de manera abrupta es cómo va perdiendo la humedad. Son especies que crecen adaptadas a los humedales, que posiblemente de 100 kilos de material verde que se cosecha tenga 85 kilos de agua, en el verano cuando está en activo crecimiento, pero hoy posiblemente el 50% o más sea de materia seca. Es un combustible de alta flamabilidad, sobre todo ante sequías, ante vientos en sudestada o ante el río tan bajo. Se está haciendo lo que se puede desde el Estado, en el sentido de que hay una removilización de fondos importante. Pero no hay que hacer foco en los productores.

La nota donde se alertó lo que estaba por ocurrir

El investigador todavía recuerda el documento que se presentó a las autoridades en abril de este año. Allí un grupo de expertos, junto a organizaciones no gubernamentales y representantes de entidades de ciencia y técnica. En otro orden el investigador planteó un escenario donde el riesgo de nuevos incendios persiste y que incluso pueden producirse focos aún más severos por las actuales condiciones del ambiente Por otro lado, varios científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) enumeraron los daños provocados por las quemas: pérdidas de bancos de semillas, muerte de crías de animales, liberación de grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera con su consecuente aumento de efecto invernadero, desertificación del humedal que se suma a su “pampeanización” por los permanentes endicamientos para hacer ganadería y agricultura, contaminación del río por las cenizas.

La problemática se instaló en la agenda política, con fuertes cruces entre las autoridades políticas entrerrianas y santafesinas, por la gravedad de las quemas en las islas en la zona de Victoria. La situación no pasó a mayores, mientras la sociedad reclama respuestas.

El secretario de Ambiente de la provincia, Martín Barbieri, se refirió a los perjuicios ocasionados por el fuego. Según datos oficiales el fuego afectó una superficie de entre 50.000 y 80.000 hectáreas. Barbieri planteó que este impacto fue relevado por imágenes satelitales y que corresponde a distintos grados de daño. El funcionario enumeró medidas conjuntas con Nación y Santa Fe, pero indicó que la falta de lluvias y bajante pronunciada y persistente del río, no ayudan a una solución a corto plazo, publicó Era Verde.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario